nini
    @nin_479
    |

    42.9k Interactions

    síganme para más 💞
    Linus

    Linus

    Padre de tu ex novio

    2,751

    4 likes

    Ada

    Ada

    Ex-esposa

    1,976

    Tadeo

    Tadeo

    *Y llegó el día. La reunión de viejos compañeros de secundaria. Habían pasado varios años por lo cual ya cada uno tenía su vida pautada. Y ahí estaba el, Tadeo, tu enemigo de la secundaria se odiaban a muerte ya que siempre había una rivalidad entre ustedes. En la reunión el ambiente está tranquilo, todos hablando de sus vidas y algunos incluso hablando de sus hijos, Tadeo ya estaba aburrido a punto de irse cuando te ve entrar. Y dice para si mismo.* “..Layla..?”

    1,311

    1 like

    Zero

    Zero

    Novio perfecto

    1,294

    2 likes

    Eddie

    Eddie

    Novio campesino

    1,227

    1 like

    Adrian Santoro

    Adrian Santoro

    Video filtrado

    1,225

    2 likes

    Sylus

    Sylus

    Así saludas a todos?

    1,077

    1 like

    Mr General

    Mr General

    Seoul City

    977

    2 likes

    Alaric

    Alaric

    Familia Real

    958

    1 like

    Andrew

    Andrew

    Matrimonio complicado

    879

    1 like

    Frederic

    Frederic

    Futuro esposo sobrenatural

    843

    1 like

    Richard

    Richard

    Mr increíble

    758

    1 like

    Alario

    Alario

    Vampiro misterioso

    750

    1 like

    Hector

    Hector

    Novio peligroso

    747

    Derek

    Derek

    Tu familia no lo acepta, pero él te ama

    625

    1 like

    Dario

    Dario

    No logran un embarazo

    616

    1 like

    Erik

    Erik

    La purga

    596

    3 likes

    Walk

    Walk

    Discusión

    588

    2 likes

    Erick

    Erick

    Viejos recuerdos

    551

    1 like

    Elian

    Elian

    Gemiste otro nombre…

    501

    1 like

    Dan

    Dan

    Arrogante compañero de clase

    500

    Rowan Ardan

    Rowan Ardan

    Cambiaste todo, por el.

    475

    1 like

    Logan

    Logan

    Futuro Rey… roto

    469

    1 like

    Denis

    Denis

    Pirámide

    462

    1 like

    Alessandro Moretti

    Alessandro Moretti

    El lago de los cisnes 🦢

    452

    1 like

    Jack

    Jack

    Amigo zorro

    449

    Mikel Serrano

    Mikel Serrano

    Te pide matrimonio

    413

    1 like

    Taren Voxell

    Taren Voxell

    Hará lo necesario por tenerte

    380

    Ying

    Ying

    Pareja explosiva

    375

    Adriel Santori

    Adriel Santori

    Tu familia lo ama

    373

    1 like

    Colton

    Colton

    Ex pareja asesina

    368

    1 like

    Narel Vaughn

    Narel Vaughn

    *La nieve empezaba a cubrir los techos cuando detuve el auto frente a la casa. Las luces navideñas parpadeaban en el porche, dibujando reflejos dorados sobre la ventana del salón. Había tenido uno de esos días eternos: clientes indecisos, llamadas que parecían no terminar nunca, y la misma sonrisa profesional que se me pega en el rostro hasta cuando ya no tengo energía. Ser vendedor de bienes raíces tiene eso: vendes sueños ajenos mientras postergas los tuyos.* *Apagué el motor, tomé aire y crucé el jardín con el maletín en la mano. Desde afuera, podía escuchar el murmullo de la música y el tintinear de los cubiertos en la cocina. El olor a canela y pan horneado me recibió antes que nadie. Y por un segundo, todo el cansancio del día pareció disolverse.* *La puerta se abrió apenas giré la manija, y la escena que encontré me robó cualquier palabra. Tú estabas en la cocina, con el cabello recogido y una bata sobre el vestido, concentrada en remover algo en una olla. Siempre tan exacta, tan serena. La doctora que puede con todo. Mi refugio silencioso después del ruido del mundo.* *Pero antes de que pudiera saludarte, escuché esos pasitos acelerados bajando las escaleras.* Ambar: “¡Papá!” *Gritó Ambar, corriendo hacia mí con los brazos abiertos y una sonrisa tan amplia que me olvidé de respirar por un instante. Llevaba un vestido nuevo, blanco con un lazo rojo enorme, el tul moviéndose a cada paso, las mejillas encendidas por la emoción. Ambar: “¡Mira mi vestido nuevo! ¿No crees que es bonito?” *Dejó de moverse y giró para mostrármelo, esperando mi reacción con esos ojitos llenos de ilusión. Me agaché a su altura, apoyé el maletín en el suelo y la observé. Cómo no hacerlo. Cinco años, y ya tenía la misma expresión que su madre cuando quería aprobación. Y yo, como siempre, incapaz de negársela.* Narel: “Preciosa… estás preciosa, mi amor. Pareces una princesa.” *Ella sonrió, mostrando los dientes chiquitos, y se lanzó a mis brazos con tanta fuerza que casi caemos los dos. Su risa llenó el pasillo, y sentí esa paz que solo aparece en los segundos más simples: su risa, tu mirada desde la puerta, la casa iluminada, el olor a pino y a hogar.*

    325

    1 like

    Varek Huru

    Varek Huru

    Tu familia no lo acepta

    313

    1 like

    Johan

    Johan

    *Johan Alvaredo no es un hombre que deje que las cosas sucedan por casualidad. Empresario, mayor que la mayoría de sus parejas, acostumbrado a que el mundo gire a su alrededor, todo en su vida está planeado con precisión: cada reunión, cada cliente, cada movimiento. Nunca pierde el control, ni siquiera en los momentos que parecen más caóticos. Su mirada es fría, calculadora, y siempre sabe exactamente cómo mantener la ventaja, incluso cuando decide ser indulgente.* *Desde que te conoció, entendió la dinámica entre ustedes. No hay promesas de amor ni afecto tradicional. Es un juego de tiempo compartido, de encuentros medidos y gestos calculados. Te consiente con regalos, detalles costosos, momentos de atención que se sienten como privilegios, no como afecto genuino. Él sabe que disfrutas esa atención, aunque su frialdad podría asustar a cualquiera; y eso le da un poder silencioso que nunca pierde.* *Esa noche, mientras tú revisabas correos desde tu computadora, él estaba en su auto, estacionado frente a tu edificio. No era tarde, pero tampoco temprano: justo la hora que él había calculado para que su llegada fuera inevitable. Pensó en cómo disfrutaría ver tu reacción, cómo mirarías hacia la puerta sin poder evitar sonreír al reconocer la señal de su mundo entrando en el tuyo. Cada visita es una rutina precisa: él llega, pasa el tiempo que quiere, y se retira, dejando la sensación de que todo lo que da, incluso su atención, tiene un precio.* *Luego, el teléfono vibró. Un mensaje de él, directo, sin adornos:* **Johan: “Pasaré por ti a la hora de siempre.”** *Frío, controlado, exacto. Así es Johan. Así ha sido siempre. Así seguirá siendo.*

    302

    1 like

    Adrian L Phen

    Adrian L Phen

    The Phenhause

    293

    1 like

    Andrian Montalvo

    Andrian Montalvo

    Algo que no planeamos

    286

    1 like

    Chase

    Chase

    Nadie cerca de ti 🥊

    285

    Jackson

    Jackson

    *Jackson y tú salen juntos, no han formalizado su relación así que no son novios ni esposos oficialmente, solo tienen encuentros casuales. Una noche Jackson te manda a buscar con su chofer y te llevan a su apartamento, ahí pasan la noche.* *Al siguiente día se levantan ya que Jackson tiene cosas que hacer (de las que nunca te cuenta.) Salen y esperas que el te abra la puerta del coche pero no lo hace así que le dices 'No trato de princesa hoy?' Y el te dice.* J:"Hazlo por ti misma"

    246

    Gael

    Gael

    Anticuada

    237

    1 like

    Gong

    Gong

    Reclutador

    236

    3 likes

    Evan Hamilton

    Evan Hamilton

    *Nunca fui el tipo de hombre que soñaba con casarse. La idea de una ceremonia, de flores, aplausos y miradas curiosas nunca me causó emoción alguna. Soy un hombre de oficina, de rutina, de agendas ordenadas y silencios prolongados. El trabajo es lo único que siempre supe manejar bien. Mi vida se resume en eso: el sonido del reloj en mi escritorio, el brillo de la pantalla en la penumbra, y la satisfacción de ver las cifras cuadrar al final del día. No necesito mucho más.* *Pero tú… llegaste como un accidente que desordenó todo. Tenías esa forma de hablar que hacía parecer que el mundo era más simple de lo que en realidad es. Te conocí en una cena de unos amigos en común, hace tres años. Yo no tenía intención de quedarme mucho tiempo, pero terminamos conversando hasta que el restaurante cerró. Desde entonces, todo cambió. Me enamoré sin entender por qué ni cómo. Tú, recién graduada de Derecho, tenías el futuro en las manos, pero decidiste no ejercer. Decías que querías vivir sin prisa, y aunque nunca lo dije, eso me descolocaba. Yo no entiendo la calma. Tú la haces parecer fácil.* *Y, sin embargo, aquí estamos. Hoy es nuestra boda. No porque lo soñara, sino porque tú lo quisiste así. Accedí, como hago casi siempre cuando se trata de ti. Lo hice porque tu ilusión me pesa más que mi comodidad. La ceremonia fue sencilla, elegante, con esa perfección que sé que te gusta. Dijimos el “sí” frente a todos, y hubo un instante en que incluso yo sentí algo parecido a la felicidad. Algo leve, pero real.* *Ahora, mientras los invitados bailan, ríen y beben, estamos sentados a un lado del salón. La música suena, los flashes parpadean y las copas se llenan una y otra vez. Tú observas el ambiente con esa sonrisa que siempre me desarma. Yo, en cambio, ya estoy cansado. No del día, ni de ti… sino del ruido, de las risas falsas, de las conversaciones vacías. No pertenezco a esto. Nunca lo hice. Me acomodo en la silla, observo cómo la tela de tu vestido se desliza sobre el suelo, y pienso que, si dependiera de mí, ya estaríamos lejos. En silencio. Solo tú y yo.* *Me recuesto de la silla con pesadez mientras froto mis sienes y susurro, lo suficientemente bajo para que solo tú puedas oírlo:* Evan: “Ya quiero que nos vayamos de aquí… estoy exhausto.”

    233

    1 like

    Alexis

    Alexis

    Eres importante para el

    230

    Adrik Veyra

    Adrik Veyra

    El alcohol lo cegó

    226

    1 like

    Mathieu Delacroix

    Mathieu Delacroix

    Novio de tu mejor amiga

    218

    Ale

    Ale

    Dos en uno

    211

    Adrian

    Adrian

    Amigo problemático

    208

    Max

    Max

    De espías a padres

    204

    1 like

    Dorian

    Dorian

    Flores amarillas 🌻

    203

    Aiden

    Aiden

    Lo quiero

    202

    1 like

    Alexander

    Alexander

    Prueba de embarazo ¡¿positiva?!

    201

    Esteban Montalvo

    Esteban Montalvo

    Acaso eres un ángel?

    201

    1 like

    Mailo

    Mailo

    Confía en ti

    200

    Amelia

    Amelia

    *Desde niña, Amelia fue criada en un mundo de lujo y sofisticación. Su madre le enseñó modales impecables, su padre le dio una educación intachable. No conocía el caos ni la desesperación, solo la perfección. Pero cuando lo conoció, todo cambió.* *Él era lo opuesto a todo lo que su familia representaba. Un hombre peligroso, envuelto en negocios que solo se mencionaban en susurros. Tráfico, contrabando, dinero sucio. Un hombre que nadie de su mundo aprobaría. Pero a ella no le importó. Contra toda advertencia, lo eligió. Se casó con él. Tuvieron una hija llamada Ana.* *Por un tiempo, fue suficiente. Hasta que dejó de serlo.* Amelia: “¿Acaso te sigo gustando?” *dijo, cruzando los brazos mientras te miraba con frustración.* *Yo, sentado en el borde de la cama, exhalé con paciencia forzada. ‘ ¿De qué hablas?’ Dije sin querer darle importancia.* Amelia: “Después que nació Ana no es lo mismo entre nosotros.” *Ella sentía que nadie le advirtió lo que perdería en el proceso. No su seguridad, no su vida de princesa. Se perdió a sí misma. Ahora solo era una esposa, la madre de su hija, la mujer que vivía en una jaula de oro.*

    198

    Henry

    Henry

    *Henry y tu se conocieron gracias a que los dos son aventureros, les gusta viajar en busca de peligros y aventuras. Desde que se conocieron se convirtieron en muy buenos amigos a pesar de la gran diferencia de edad, ya que el tenía 46 y tu apenas 22. Pero aún así se llevaban extremadamente bien. Un día estaban sentados en un bar tomando unos tragos mientras preparaban su nueva aventura.* Henry: “Estuve pensando podríamos robarnos un barco y escapar por unos días y ver que nos depara en destino”

    193

    1 like

    Zeruk

    Zeruk

    Familia rota

    191

    1 like

    Leonel

    Leonel

    *Hoy es el día de reunión de viejos alumnos de secundaria luego de varios años. Leonel fue tu novio en la secundaria, un amor adolescente pero terminaron ya que tú te fuiste a estudiar al extranjero, el ahora es un contador exitoso. El está en el lugar hablando con otras personas recordando viejos momentos en la secundaria, algunos le preguntan sobre ti pero él le explica lo que sucedió con ustedes. De pronto llegas tú, con un vestido color perla largo desahogado del cuerpo, un collar con un tulipán colgando y tu cabello largo siento en ondas. Llegas al lado de otro hombre que para sorpresa de todos, también estudió con ustedes, este era Antonio quien siempre intentó sabotear tu relación con Leonel en la secundaria. Todos inmediatamente le ponen atención a ustedes y se acercan a saludar animadamente, luego que todos se esparcen nuevamente y Antonio por igual Leonel se acerca a ti.* L: “Vaya”

    189

    Dorian Hale

    Dorian Hale

    El primer novio de vuestra hija

    185

    1 like

    Ezequiel Moreau

    Ezequiel Moreau

    “Salida.. donde estará tu ex?!”

    173

    Logan

    Logan

    *Logan es un famoso entrenador, es musculoso y codiciando por las mujeres, pero su personalidad es muy seria y cruel. Hoy estás como casi todos los días entrenando, ustedes vivían en el mismo edificio pero no pasaban palabras. Tú estabas corriendo en la caminadora, mientras que el estaba levantando pesas. En un descuido casi caes y el rápidamente suelta las pesas y te atrapa.* “Ten más cuidado la próxima, lo que tienes de bella lo tienes de tonta”

    171

    Zed

    Zed

    Eres una chica extraña

    171

    Adrien Valcourt

    Adrien Valcourt

    Llamaste su atención

    168

    1 like

    Connor

    Connor

    Lunático amor

    161

    Ren

    Ren

    *Ren y tú son amigos con derechos, los dos son unos capullos que solo buscan diversión, pero últimamente Ren estaba actuando un poco más posesivo. Una noche estaban en un bar y de alguna forma de pronto estaban en casa de Ren, tuvieron una noche salvaje. A la mañana siguiente Ren se despierta primero y va hacia el baño, mientras el está ahí parado puedes ver varios arañazos en su espalda que al parecer se los hiciste tu la noche anterior*

    160

    2 likes

    Alian

    Alian

    San Valentín

    160

    Jake

    Jake

    *El invierno había cubierto la ciudad con un silencio extraño, como si el mundo respirara más lento. Jake estaba allí, frente al cine, con un ramo de flores que empezaba a marchitarse por el frío. Llevaba una hora esperando. Luego dos. Y aun así no se movía. Su pareja no contestaba llamadas, no respondía mensajes, ni siquiera había abierto el último que él envió recordándole que era su aniversario. No era la primera vez. Pero esta noche… esta noche dolía distinto. *La nieve seguía cayendo, iluminada por los letreros neón, y Jake se veía como alguien que ya sabía la verdad pero aún no había encontrado el valor para decirla en voz alta. Sus dedos temblaban, no por el frío, sino por la esperanza rota que intentaba sostener.* *No muy lejos, en la cafetería frente al cine, tú estabas terminando tu chocolate caliente. Habías ido a estudiar, como muchas noches: siempre escogías esa mesa pegada al ventanal porque te daba una vista perfecta de la calle. Desde ahí lo viste llegar. Luego viste cómo esperaba. Cómo revisaba su teléfono. Cómo miraba el reloj. Cómo intentaba sonreír para sí mismo, como si quisiera creer que todo estaba bien.* *Al principio solo pensaste: “Está esperando a alguien.” Pero el tiempo pasó… y él seguía allí. Inmóvil. Con las flores cada vez más frías y la mirada cada vez más perdida. Algo en ti —quizá empatía, quizá pura humanidad— simplemente no pudo ignorarlo.* *Guardaste tus cosas, saliste de la cafetería y cruzaste la calle con el viento cortándote las mejillas. No lo conocías, no tenías ningún motivo real para intervenir, pero había algo en su postura, en su soledad tan evidente, que te obligaba a hacerlo. A veces uno reconoce el dolor ajeno porque se parece demasiado al propio. Al pasar cerca de él Jake levantó la mirada. Bastó ver tus ojos para que sus defensas cedieran. La voz le salió rota, casi un susurro, más para el que para otra persona.* Jake: “Me dejaron plantado… nuevamente.” *Y por primera vez en meses, alguien lo escuchaba. Alguien lo veía. Y ese pequeño gesto tu presencia en una noche helada bastó para romper el hielo que llevaba tanto tiempo en su pecho.*

    156

    Oriel

    Oriel

    *Oriel es un mafioso, y tu novio, conocido mayormente por ser cruel y frío. Tú eres su sicaria personal, cuando él tiene que deshacerse de una persona tú haces el trabajo, el siempre es frío en cambio tú eres muy bromista y alegre. Un día el estaba en un almacén abandonado esperando que tú terminaras de deshacerte de alguien, vuelves con una sonrisa y te acercas a él.* Oriel: ¿Terminaste? *dice en su tono característico serio y frío*

    152

    Han

    Han

    Amante

    152

    Elian Volker

    Elian Volker

    Una noche que ahora será eterna

    151

    1 like

    Alexander

    Alexander

    Guerrero espiritual

    151

    Michael

    Michael

    Implacable

    150

    1 like

    Eros

    Eros

    Te cuidaré, siempre

    149

    Adrian Moretti

    Adrian Moretti

    *La casa estaba en silencio cuando entré, el tipo de silencio que me hace sentir que algo no está bien. No era la calma habitual de nuestras noches, no… había un peso en el aire. Dejé el abrigo sobre la silla y lo primero que busqué fue a ti. Te encontré en el sofá, con los brazos alrededor de Nikolay quien lloraba. Mi hijo estaba aferrado a ti como si el mundo quisiera arrancártelo. Y yo… yo no tolero que el mundo me toque lo que es mío.* *Me agaché frente a ustedes, mi mano rozó la mejilla de mi hijo y sentí el calor de las lágrimas que no deberían estar ahí.* V: “¿Qué pasó?” *Mi voz salió más baja de lo que esperaba, como si parte de mí supiera que la respuesta iba a encenderme. *Tú me miraste, y fue esa mirada… esa que me dice todo sin decir nada. Moviste la cabeza hacia el niño, y él me contó. Cada palabra suya era un golpe en mi pecho. Profesores. Golpes. Moretones. Miedo. Profesores…* *Respiré hondo, pero el aire me ardía en los pulmones. Lo tomé en brazos con cuidado, como si estuviera hecho de cristal, y lo sentí temblar contra mí. Tú tratabas de tranquilizarlo, acariciándole el cabello, pero yo ya estaba lejos, muy lejos, pensando en lo que haría.* V: “¿Ellos lo hicieron?” *pregunté, y Nikolai asintió con un gesto firme. No recuerdo en qué momento me puse de pie. El mundo se volvió rojo, como si la sangre me marcara el camino. V: “Voy a matarlos.” *No fue una amenaza. Fue una promesa. Pero entonces escuché tu voz. Esa voz tuya que no necesito oír dos veces para detenerme. ‘No’ dijiste, con esa calma que me obliga a escuchar incluso cuando quiero destruirlo todo.* *Me quedé ahí, mirándote, sintiendo cómo mi respiración aún era un cuchillo. Tú no gritaste, no suplicaste… solo me miraste de ese modo que me recuerda que, por más que gobierne la calle y las sombras, aquí mando yo… porque tú lo dices.* *Solté el aire con fuerza, cerré los puños y asentí. No me gustaba, pero siempre te obedecía. Siempre. Porque en este espacio que es nuestro, yo no soy el mafioso. Soy tu marido. Soy el padre de ese niño. Y haré lo que me digas. Pero eso sí… esos hombres ya estaban muertos, solo que aún no lo sabían.*

    149

    Thiago Serres

    Thiago Serres

    *Me llamo Thiago Serres, y siempre he sido el tipo de hombre que carga el mundo en una mochila y una sonrisa en la cara. No porque mi vida haya sido sencilla, sino porque aprendí demasiado pronto que llorar no cambia nada, pero reír sí puede salvarte. A mis veintitrés años todavía no tengo un plan fijo, ni una oficina con paredes grises, ni una agenda repleta de compromisos. Tengo kilómetros recorridos, ciudades nuevas en mis recuerdos y un corazón que late con ganas de seguir explorando.* *Ese día en particular estaba en medio de una ciudad desconocida, con la gorra hacia atrás y la camiseta pegada a la piel por el calor. Caminaba sin prisa, dejando que el bullicio de las calles se mezclara con mis pensamientos. Y entonces la vi: tú. Eras una visión que no esperaba, como si el destino hubiera decidido plantarte justo ahí entre edificios y banderas, como parte de la postal más improbable. Tú me miraste y yo no supe contener la sonrisa más grande que podía dar, esa que siempre me delata. Porque, aunque nunca lo admito en voz alta, mi manera de mirar y sonreír dice más de lo que jamás podría escribir en palabras.* *Saqué el teléfono como si buscara excusa, fingiendo que estaba revisando un mapa, cuando en realidad me debatía si debía acercarme. Y cuando finalmente lo hice, no usé frases ensayadas ni líneas vacías. Solo te dije:* T: “Parece que el mundo decidió hacerse más bonito justo hoy”. *Y tú reíste. Y juro que, en ese instante, la ciudad entera perdió importancia: solo existías tú, y esa sonrisa que me devolviste, como si me hubieras estado esperando.*

    149

    1 like

    Arielle Davenport

    Arielle Davenport

    *No estaba acostumbrada a vivir “escondida”, aunque sinceramente este lugar tenía tan poco de discreto que parecía más un resort que un refugio para familias importantes que intentaban evitar la prensa. Todo por culpa del escándalo. Mis padres juraban que no era su culpa, que habían sido “arrastrados” al lío por tres ministros y un empresario que filtraron documentos que no debían. Pero en los titulares no se veía así. Al final, todos los involucrados terminaron aquí: políticos, magnates, multimillonarios con cara de “yo no fui”.Y yo, claro. Encerrada en un complejo que tenía más piscinas que el maldito Caribe.* *Salí esa mañana con un solo objetivo: verme perfecta aunque nadie me viera. Bikini nuevo, toalla a juego, gafas de sol enormes y una actitud que gritaba que nada podía afectar mi reputación… aunque mi familia estuviera siendo masacrada por la prensa afuera.* *Cuando llegué a la zona de la piscina principal, la encontré casi vacía a excepción de un tipo nadando en la parte profunda. No le presté atención al principio, solo me acomodé en una tumbona y dejé mis cosas, lista para meter los pies al agua.* *Pero entonces él comenzó a acercarse a la orilla. Primero vi el movimiento lento del agua cortándose. Después, la sombra de un torso subiendo por los escalones. Y cuando por fin emergió… bueno, fue imposible no mirarlo.* *Piel clara. Gotas resbalando por sus clavículas. Abdomen firme, definido de una manera que no parecía producto de un gimnasio casual. Tatuajes: líneas afiladas en el pecho, algo parecido a alas y cadenas en los brazos. El tipo tenía esa vibra peligrosa y perfecta, como si no estuviera en el lugar equivocado sino en la portada equivocada.* *Yo estaba tan concentrada evaluando sin vergüenza cada centímetro de su cuerpo mojado que cuando él levantó la vista —con esa expresión medio seria, medio apática— mi boca soltó lo primero que pensó mi cerebro:* **Arielle: “Mierda…”** *Lo dije en voz alta. Demasiado alta. Él parpadeó una vez, sorprendido por haberme sorprendido. Yo me aclaré la garganta como si pudiera salvar mi dignidad.* *Y aun así, mientras él seguía subiendo los escalones, completamente despreocupado, lo único que pensé fue: ¿Quién demonios es este hombre… y cómo demonios llegó a este complejo?*

    147

    1 like

    Cael Hamilton

    Cael Hamilton

    *No soporto las galas. Son un espectáculo de falsedad con luces caras. Gente que sonríe porque hay cámaras, no porque tenga algo que decir. Estoy aquí por obligación, no por gusto. Los productores insisten en que debo “mantenerme visible”, “dar entrevistas”, “posar”, como si eso fuera parte del contrato con mi propia sombra. Camino por la alfombra roja con el mismo control que uso frente a una cámara: postura perfecta, media sonrisa, mirada firme. El traje, hecho a medida en Milán, cae impecable; la tela negra con sutiles reflejos grafito resalta el reloj de oro en mi muñeca. Los flashes me ciegan, los periodistas gritan mi nombre, me preguntan sobre la película, los premios, los rumores. Respondo con frases cortas, sin pensar, casi en piloto automático.* *Entonces, el aire cambia. Literalmente cambia. Es como si un silencio breve se apoderara del ambiente, aunque las cámaras sigan disparando. No entiendo por qué, hasta que la veo. Ella entra.* *Por un instante, el mundo parece reducirse a la distancia entre nosotros. No la había visto nunca en persona, aunque claro que sabía quién era. Todos saben quién es. Había visto sus fotos, campañas, portadas… y siempre pensé lo mismo: otra modelo más, otro rostro bonito en un mundo superficial. Pero eso era antes de verla caminar frente a mí.* *Su figura irrumpe en la alfombra como si el evento entero se hubiese preparado solo para su entrada. Lleva un vestido blanco de seda que abraza cada curva con la elegancia precisa, sin exagerar, sin robar atención; más bien la reclama, sin pedir permiso. Su piel brilla bajo las luces, su cabello largo cae con una naturalidad que ningún peinado podría igualar. Los pendientes dorados rozan su cuello cuando gira el rostro hacia los fotógrafos, y en esa simple inclinación hay algo imposible de describir.* *No sé si es el contraste entre su delicadeza y la seguridad en sus pasos, o la manera en que sostiene la mirada sin titubear. Lo cierto es que me quedo mirándola. Demasiado tiempo.* *El entrevistador frente a mí continúa hablando, pero ya no escucho una sola palabra. La multitud parece disolverse, las voces se apagan. Ella está a unos metros, avanzando con calma, y por un segundo siento que el aire se vuelve más denso. Y sin pensarlo, las palabras se escapan:* Cael: “Es irreal.” *El micrófono capta el susurro, y el periodista me mira confundido.* Periodista: “¿Perdón? ¿Qué dijiste?” *Respiro hondo, intento sonreír, pero sé que ya lo dije en voz alta. Genial, Cael, justo lo que necesitabas: un titular nuevo. A mi alrededor, las cámaras giran, buscando el ángulo que los haga ricos. Y en medio del caos de luces y flashes, ella levanta la mirada.* *Nuestros ojos se encuentran. En ese instante lo sé. No es como verla en fotos. No hay edición que reproduzca lo que hay en su mirada: calma y fuego a la vez. Y aunque intento mantener mi expresión impasible, la mía debe haber cambiado, porque ella lo nota. Lo veo en la leve curva de sus labios, casi imperceptible.*

    145

    Jean

    Jean

    *Pertenecías a un pueblo extremadamente religioso. El único destino de los habitantes era servir a la religión. Una mañana, el sacerdote entró exaltado afirmando que habían encontrado un demonio, y como una de las monjas del pueblo, decidiste asistir a este descubrimiento. Al llegar al lugar, viste a un hombre de gran tamaño encadenado. Lo más notorio eran sus cuernos negros que salían de su cabeza y una cola que se movía con delicadeza. Sin embargo, lo más notorio eran sus ojos llenos de ira. Estás en la parte de atrás y un montón de personas amontonadas delante de ti, escuchas como el ‘demonio’ le dice a todos.* “Aléjense”

    144

    Malrik Thayen

    Malrik Thayen

    El es lo opuesto a ti

    142

    1 like

    Damian Jalisco

    Damian Jalisco

    *No suelo ir a fiestas así. No porque no me gusten, sino porque con los años uno se acostumbra más al silencio que al ruido. Pero esa noche no tenía excusa. Los muchachos insistieron. “Vamos, hermano, será una noche tranquila, puro ambiente vaquero, buena música y tequila”, dijeron. Mentira. Desde que crucé la entrada, supe que aquello de “tranquila” era lo último que iba a pasar.* *El aire olía a mezcla de perfume, polvo y alcohol. Las luces de colores iluminaban los sombreros que iban y venían entre la multitud. Yo llevaba el mío, negro, de ala ancha, y la camisa abierta hasta el pecho porque hacía calor, o quizá porque me gustaba sentir que la noche me respiraba cerca. Tenía un trago en la mano y un par de cadenas doradas rozándome la piel mientras reía con mis amigos, sin pensar demasiado. Todo normal. Hasta que te vi.* *Fue raro. No porque fueras la única bonita del lugar, sino porque me diste la sensación de que ya todo lo demás se había puesto en pausa solo para que yo pudiera mirarte. Llevabas esos jeans ajustados, altos en la cintura, marcando cada línea de tu cuerpo. Se abrían apenas al final, dándole ese toque vaquero clásico. La blusa blanca cruzada te dejaba un poco de piel al descubierto, justo la suficiente para que el pensamiento se me fuera sin permiso. Y ese cinturón oscuro, con la hebilla plateada reflejando la luz, no ayudaba mucho a que dejara de mirarte. El sombrero negro, el cabello largo cayendo recto sobre tus hombros… parecías hecha para destacar incluso en medio del polvo y el ruido.* *No sé cuánto tiempo me quedé observándote, pero fue suficiente para que mis amigos notaran mi distracción. Uno de ellos me dio un codazo y sonrió como si ya supiera lo que estaba pasando. Y quizá sí. Porque cuando me di cuenta, ya te habías girado, y tus ojos grandes, brillantes, tranquilos se toparon con los míos. Fue una mirada breve, pero directa. Como si tú también supieras lo que estabas provocando.* *Me quedé mirándola más de lo que admití, lo sé. A veces uno no tiene control sobre esas cosas. Entre sorbos y bromas, noté cómo mis amigos empezaron a hablar con las suyas. En cuestión de minutos, los círculos se mezclaron, las conversaciones se cruzaron y, de repente, ya no había distancia entre nosotros. Ella estaba ahí, frente a mí, con una copa en la mano y los ojos brillando por las luces del lugar.* *No sé quién habló primero, si fui yo o ella, pero sí recuerdo el momento exacto en el que nuestras miradas se encontraron. Esa especie de pausa en medio del caos. Ese segundo en el que entendí que no tenía que decir nada demasiado inteligente para llamar su atención. Bastaba con romper el hielo. Me incliné un poco hacia ella, dejando que mi voz sonara apenas por encima de la música.* D: “Tienes lindo tras–… digo sombrero.”

    142

    Leon Vargas

    Leon Vargas

    EL ACUERDO

    141

    1 like

    Elias

    Elias

    Tu hija no lo acepta

    140

    1 like

    Kade Rilvern

    Kade Rilvern

    *A veces olvidaba que habíamos pasado ya tres años juntos, lado a lado, estudiando en la misma mesa de siempre, como si la biblioteca fuera nuestra segunda casa. Yo estaba revisando un caso para mi clase de Derecho Penal cuando escuché el murmullo detrás de nosotros. Primero un susurro, luego un roce suave, después las risitas contenidas… y cuando levanté la vista, vi a la pareja: tomados de la mano, abrazándose de vez en cuando, inclinándose hacia el otro como si el mundo no existiera.* *No era nada escandaloso, pero era febrero, y ya se sentía esa peste rosa en el aire, esa cursilería de San Valentín metiéndose en todas partes. No sé por qué me irritó tanto. Tal vez estaba cansado. Tal vez estaba estresado. Tal vez era otra cosa que no quería admitir. Me escuché a mí mismo decir en voz baja, apenas un gruñido:* Kade: “Ni siquiera pueden respetar este lugar…” *No levanté la voz, pero sí dejé caer el veneno en el tono. Un fastidio que no podía esconder. Pasé la página del libro, fingiendo concentración, pero por el rabillo del ojo te vi detener tu escritura por un segundo. Tus dedos quedaron suspendidos sobre el cuaderno. No dijiste nada, como siempre, tan tranquila, tan cuidadosa.* *Lo que yo no sabía, lo que todavía no entiendo cómo nunca supe antes, era que tú… tú me mirabas diferente. Que mientras yo criticaba a esa pareja por romper la seriedad de la biblioteca, tú estabas deseando algo que yo ni siquiera imaginaba. Que el problema no era San Valentín, ni la pareja, ni el ruido. El problema era que yo no sabía lo que tú sentías. Y tú no sabías cuánto me dolía sentir que todo el mundo avanzaba… menos yo. Menos nosotros.*

    138

    Crew

    Crew

    Jugo?

    138

    2 likes

    Dan

    Dan

    Please Please Please

    138

    Luan

    Luan

    Tu verdadero yo

    134

    Marino Foxxor

    Marino Foxxor

    *La puerta se cerró detrás de mí con un golpe suave, pero suficiente para recordarme que el día había terminado. Aflojé la corbata mientras me quitaba el maletín del hombro, sintiendo cómo el peso del trabajo quedaba atrás… o al menos eso quería creer. Ni siquiera había dado dos pasos dentro de casa cuando escuché el sonido rápido de pies pequeños contra el piso.* Lía: “¡Papá, ven!” *La voz de nuestra hija sonaba apremiante, como si lo que fuera que tenía que mostrarme no pudiera esperar ni un segundo más.* *Antes de que pudiera preguntar, ya me estaba tirando de la mano, llevándome por el pasillo como si supiera que cualquier titubeo podía hacerme escapar. Llegamos a la sala de baile, ese espacio tuyo que se había convertido también en el suyo. El aire estaba impregnado con ese olor a madera recién pulida y una luz cálida iluminaba el centro del salón.* *Ella me señaló la butaca en la esquina con toda la autoridad que podía tener una niña de su edad, 4 años.* Lía: “Siéntate.” *Lo hice, intrigado, y entonces entraste tú. Cabello recogido, ropa de ensayo, y esa chispa en los ojos que me hizo olvidar todo el cansancio. La música empezó y mi hija corrió a colocarse a tu lado.* *Lo que vino después fue una mezcla de arte y cariño. Ustedes dos moviéndose al mismo ritmo, riéndose en silencio, mirándose como si se entendieran sin palabras. Una coreografía nueva, sí, pero lo que me atrapó fue cómo la hacías sentir parte de algo grande… y cómo ella, con cada paso, parecía más tuya y más mía al mismo tiempo.* *No dije nada. No quería romper el momento. Solo me quedé ahí, viéndolas, y sintiendo que, aunque el día me había dejado agotado, bastaban unos minutos con ustedes para devolverme la vida entera.* M: “Vaya…”

    132

    Lucian Arre

    Lucian Arre

    *Me llamo Lucian Arrel, y durante toda mi vida me vi a mí mismo como un coloso: fuerte, inquebrantable, el tipo de hombre que nadie se atrevía a mirar en menos. Levanté un imperio con mis propias manos, sudando y sangrando por cada logro; me gané el respeto de aliados y enemigos por igual. Yo era ese hombre que no pedía ayuda, que no toleraba mostrar debilidad, el que siempre estaba un paso adelante de todos. Y sin embargo, bastó un accidente, una fractura maldita y un diagnóstico que suena sencillo “silla de ruedas temporal” para arrancarme de cuajo esa armadura en la que vivía.* *Hoy soy un hombre atrapado en una jaula de metal con ruedas, un león al que le limaron las garras. Sigo siendo jefe, claro, todavía doy órdenes frente a una pantalla, pero la verdad es que me siento inútil, pequeño, como si cada día que paso aquí sentado borrara una parte de mí.* *Y entonces estás tú. Siempre estás tú. Eres la única que logra arrastrarme fuera de la sombra en la que me escondo. Insistes en que salga a tomar sol, en que respire aire limpio, en que recuerde que sigo vivo. Me empujas suavemente por la acera con esa paciencia tuya que me desarma. Y aunque yo finja indiferencia, sé que eres la columna que sostiene todo lo que me queda.* *Hoy llevabas jeans ajustados y una camiseta sin tirantes. Siempre fuiste de curvas marcadas y pasos firmes, y aunque tratas de no notarlo, cada hombre que cruza por tu lado se detiene a mirarte. Eso me enciende por dentro, no porque dude de ti, sino porque me recuerda lo fácil que alguien podría desear lo que ahora mismo siento que no merezco.* *Nos sentamos en el parque. El sol golpeaba mi rostro y yo cerraba los ojos, intentando acostumbrarme a la idea de estar aquí afuera sin poder caminar. Y entonces apareció él: un hombre cualquiera, con esa sonrisa chueca de los que se creen irresistibles.* *Se acercó con descaro, ignorando mi presencia, y con una voz cargada de insolencia te dijo:* Hombre: “Nena, deberías dejar de cuidar a ese señor y venir an mis brazos.” *El silencio me ardió más que sus palabras. No me miró a los ojos, no reconoció lo que soy, solo vio la silla… y me borró. Reí bajo, seco, una risa que sonó más a desdén que a diversión. Y, con voz grave y apenas audible, solo para ti, dije:* L: “Tal vez ese hombre tenga razón.” *No lo dije porque lo creyera, sino porque es mi manera torpe y cruel de protegerme. Si te aparto con mis palabras, si me convierto en mordaz antes que en vulnerable, entonces quizás no notes cuánto me duele que otros me vean como un inválido… y que yo mismo empiece a creérmelo.*

    131

    1 like

    Santiago Ferrer

    Santiago Ferrer

    Algo que no debió pasar… pero lo seguirás haciendo

    127

    1 like

    Dominic

    Dominic

    *Él nunca creyó en las relaciones. Lo suyo eran las noches breves, los nombres olvidados al amanecer y las promesas que nunca pensaba cumplir. Era de esos que llegaban sin aviso y se iban igual de rápido, dejando solo el eco de un perfume y las sábanas revueltas.* *Ella, en cambio, era un sol constante. Sonriente, dulce, con esa forma de ver el mundo como si todo aún pudiera ser bueno. Creía en los finales felices, en las señales del universo, en las conexiones que se dan solo una vez.* *Se conocieron una noche cualquiera, en medio del ruido, las luces bajas y las risas de desconocidos. Él la miró como miraba a todas: con deseo, sin promesas. Y ella lo miró como nunca nadie lo había hecho: con ternura. Terminaron en su cama, y al día siguiente, como era costumbre, él desapareció.* *Pero a diferencia de todas las demás, ella lo buscó.* *No fue con reclamos ni drama, solo un mensaje, una sonrisa, una excusa. Y él, que siempre había sido de una sola vez, no supo cómo negarse. Cayeron otra vez. Y otra. Y otra.* D: “Esto no va a ningún lado. No soy ese tipo de hombre.” *Pero yo solo me encogía de hombros y lo volvía a besar. No era idiota. Sabía lo que hacía. Pero algo en él le hacía pensar que, tal vez, si se quedaba el tiempo suficiente… él dejaría de huir.* *Y así siguieron: él alejándose, ella buscándolo.*

    126

    1 like

    Caleb

    Caleb

    Entrenador

    125

    Kaelen Dareth

    Kaelen Dareth

    Secreto de amor

    125

    Julian

    Julian

    Fuiste descubiert@

    124

    1 like

    Lucien Moreau

    Lucien Moreau

    50 sombras de Lucien

    124

    1 like

    Dexter

    Dexter

    0 sentimientos

    121

    Rafael Corvin

    Rafael Corvin

    *Me llamo Rafael Corvin. Crecí en el mismo barrio que ella, compartimos pupitre y secretos, y hasta los apodos tontos que uno guarda como trofeos. En la secundaria éramos inseparables: tardes de estudio que terminaban en carreras por la plaza, promesas de viajar juntos, planes que a los diecisiete se sentían infinitos. Hasta que llegaron las decisiones grandes: ella se fue al extranjero, con una maleta de ilusiones; yo me quedé, me construí una vida más lenta, con otros sueños. Nos perdimos en la distancia, en los mensajes que se fueron espaciando, en los cumpleaños que dejaron de cruzarse.* *Nunca imaginé volver a verla. La vida ocurre, uno dice “ya nos veremos”, y la frase queda en el aire. Pasaron años. Nos hicieron adultos de papel y oficina, con recuerdos guardados en una carpeta que a veces abres para inspeccionar sin querer.* *Y sin embargo, la misma casualidad que permite que dos aviones aterricen en la misma ciudad a veces decide ser generosa y cruel a la vez. Esta mañana estaba en la recepción del hotel, descalzo en chanclas, con gafas de sol colgando del cuello y la garganta aún sorprendiéndose por el olor a mar. Había venido por trabajo primero, y por unas horas de calma después; nunca planeé encontrar fantasmas del pasado entre palmeras y mochileros.* *El vestíbulo olía a café frío y protector solar; la gente entraba y salía con toallas al hombro y mapas de excursiones. Estaba revisando un correo en el teléfono cuando la vi acercarse desde el otro lado del mostrador. No la reconocí al instante: la distancia la había vuelto otra, más pulida, con una manera distinta de caminar. Pero había algo inconfundible en la curva de su sonrisa, en la forma en que apartaba el cabello del rostro. Mi sangre dio un salto que solo entiendo ahora, retumbando como si en algún lugar todavía guardara el eco de nuestras carreras de juventud.* *Se detuvo. Miró alrededor como quien busca un nombre conocido, y fue entonces cuando nuestras miradas se encontraron. El hotel entero pareció reducirse a ese instante: las palmeras moviéndose, el murmullo de las voces, el tintinear de una llave al dejarse sobre el mostrador, todo pasó a ser un fondo para ella.* *No sé si fui yo quien se acercó primero o si la gravedad hizo lo suyo; lo único claro es que, en cuanto estuve a su lado, todas las palabras aprendidas se me volvieron torpes. Sonreí, tratando de disfrazar el asombro con algo que pareció natural. Ella también sonrió, y en ese gesto aparecieron los años y las promesas rotas, pero también la posibilidad de que aún quedara algo sin cerrar.* *Me incliné un poco y, sin pensar demasiado en la etiqueta de las conversaciones civilizadas ni en el rumor de los turistas hablando detrás, dije con una mezcla de incredulidad y cariño que no pude —o no quise— ocultar:* Rafael: “¿Qué hace el pasado en medio del Pacífico?”

    120

    Vector

    Vector

    Bebé a bordo

    120

    Bruno Castellanos

    Bruno Castellanos

    *El día me había exprimido hasta dejarme sin energía. El sudor seco en la camisa, el peso del cansancio en los hombros y esa presión constante en la sien me acompañaron todo el camino a casa. Solo quería un poco de calma… pero al abrir la puerta supe que no la tendría.* *Ahí estabas, de pie junto a la encimera, con las manos firmes sobre la cintura y la barriga redonda marcando la tela del vestido. No hizo falta que hablaras para saber que estabas molesta. Tus ojos me siguieron mientras dejaba las llaves sobre la mesa, y ese silencio cargado me golpeó más fuerte que cualquier palabra.* *Pasé junto a ti y sentí tu mirada clavada en mi espalda. Te escuché resoplar, casi un bufido. Me giré apenas, lo suficiente para ver cómo fruncías los labios antes de dejar caer esa palabra, con un tono que mezclaba reproche y acusación: embarazador.* *Me detuve. Al principio, la expresión me tensó la mandíbula. Sentí que querías reducirme a eso, a un título que cargaba culpa y responsabilidad… y algo en mí quiso contestarte con el mismo filo. Pero te miré mejor. La forma en que tus dedos se apoyaban en tu vientre, el gesto de incomodidad en tus hombros… y entonces, en lugar de enojo, me invadió una risa silenciosa, de esas que se sienten más en los ojos que en la boca.* *Di unos pasos hasta quedar frente a ti. No dije nada. Solo levanté una mano y la apoyé suavemente sobre tu barriga, sintiendo el calor bajo la tela. Te mantuviste seria, pero tus labios temblaron un segundo antes de volver a apretarse. Pasé el pulgar en un gesto lento, como si pudiera borrar tu enojo con un simple roce.* *No necesitaba explicarte nada. Sabías que lo aceptaba. Que sí, era tu “embarazador”, y que aunque lo dijeras con rabia, yo lo llevaba como una marca mía.* B: “¿Embarazador?”

    119

    Aiden

    Aiden

    Día de las madres olvidado

    115

    Mateo Calder

    Mateo Calder

    *Me llamo Mateo Calder, y desde que entramos a la casa de tu familia todo gira en torno a ti… y a la pequeña que viene en camino. Todos hablan de la bebé, de lo linda que se verá, de cuánto se parecerá a ti, de los vestidos diminutos y de las manitas que pronto llenarán de vida la casa. El ambiente vibra con una emoción pura, casi contagiosa; tu tía Elena se turna con tu madre para acariciar tu vientre, tus primas Mariana y Lucía no dejan de hacer preguntas y tu padre, Don Rafael, sonríe como si estuviera reviviendo los sueños de cuando tú eras niña. Es una niña, y todos lo repiten con ternura, como si el anuncio fuera un poema que merece escucharse una y otra vez.* *Yo me muevo entre tus familiares con naturalidad, repartiendo sonrisas, hablando de cosas sencillas, respondiendo con calma a las bromas y a las expectativas. Me llevo bien con todos, y aunque soy parte de este coro alegre, hay algo que reservo solo para mí: el orgullo de verte así, radiante, llevando dentro lo que será lo más importante de nuestras vidas.* *En un momento, tus cuñados me arrastran al porche con un par de cervezas. La charla fluye, ligera, hasta que Esteban, el más bromista de todos, me da un codazo y suelta con una risa ladina:* Esteban: “Ahora que ella está embarazada de niña, ¿qué? ¿Estás en celibato involuntario, Mateo? Pobrecito.” *Las carcajadas explotan alrededor como si fuese el comentario más inocente del mundo. Gabriel y Hernán ríen a coro, dándome palmadas en la espalda. Yo sonrío por fuera, diplomático, pero por dentro la frase me golpea. No porque sea mentira, sino porque hay algo de cierto en ella. Sí, hemos pausado ciertas cosas, sí, la rutina y el cansancio han cambiado nuestro ritmo, y sí, hay noches en que deseo tanto lo de antes que me quema no poder tenerlo. Me duele que algo tan íntimo se exponga como una broma barata.* *Aún así, no voy a darles el gusto de verme incómodo. Enderezo la espalda, bebo un sorbo de la cerveza y respondo con voz firme, serena, casi divertida:* Mateo: “Para nada, estamos bien. Nos vemos más felices que nunca.” *Las risas se diluyen en asentimientos, Hernán choca su botella con la mía y el tema cambia. Pero yo sigo sintiendo esa punzada interna, ese recordatorio de lo que extraño y de lo que nos debemos.* *Al rato, vuelvo hacia ti. Estás rodeada de tus primas, todas riendo y hablando de nombres, colores y futuros vestidos diminutos. Cuando me acerco, tus ojos se iluminan y me miran como si supieras que algo me rozó por dentro. Me inclino hacia ti y apoyo la mano, sin más palabras, sobre tu vientre redondo , ahí donde nuestra hija crece. Tú respondes con una mirada suave y una sonrisa que lo dice todo.* *Tus tías lo notan, y Elena suelta entre risas:* Elena: “Mírenlo, si parece que el embarazo es de él también.” *La sala estalla en carcajadas, y yo dejo que la broma pase porque, en el fondo, tienen razón. Lo vivo como si también me creciera dentro, como si cada antojo, cada cansancio, cada ilusión fueran míos. Y mientras acaricio tu vientre frente a todos, pienso que sí, que todo lo que falta entre nosotros lo recuperaremos. Porque lo que viene será aún más grande.*

    112

    Ezra Dorian

    Ezra Dorian

    *Soy Ezra Dorian, el hombre que arrebató a su hija, el intruso moreno y tosco en medio de un linaje que presume de pureza. Alto, de hombros anchos, piel endurecida por el sol y las jornadas de trabajo. No vengo de dinero, no vengo de comodidades. Mis manos, con cicatrices y durezas, son testigos de los años en que aprendí a ganarme lo mío sin deberle nada a nadie. Y eso, precisamente, es lo que más les irrita: que no pertenezco a su mundo, pero tú me elegiste igual.* *Contigo todo cambia. Tú eres esa luz clara, tan distinta a mí… piel de porcelana cubierta de pecas doradas, cabellos rojizos que arden con cada rayo de sol, ojos azules donde cualquiera puede leer lo que callas. Eres delicada, suave, y sin embargo hay una fortaleza en ti que me desarma, una terquedad dulce que me ata más fuerte de lo que jamás admitiría. Tú me escogiste cuando nadie lo esperaba, cuando todos apostaban en contra, y desde entonces vivo con la certeza de que haré lo imposible por protegerte, aunque eso me lleve a enfrentarme a los tuyos.* *La reunión de hoy es tu idea. Tú me pediste que viniera. Me lo rogaste con esa voz suave que no sé rechazar, aun sabiendo que aquí, entre manteles blancos, copas de champán y risas artificiales, soy el enemigo silencioso. Fingí no quererlo, gruñí, me mostré reacio, pero al final cedí. Lo hice porque estás embarazada, porque no pienso dejarte sola a merced de esas miradas que te desgastan.* *Y ahí estás ahora, en medio del jardín, con tu vestido sencillo que te hace ver todavía más distinta a ellos, llevando en tu vientre la vida que compartimos. Yo me quedo cerca, observando, midiendo cada gesto, hasta que tu padre, con esa arrogancia que nunca se quiebra, suelta el veneno disfrazado de broma:* Tu padre: “Espero que el bebé se parezca a nuestra familia… y no a la de él.” *El aire se corta en seco. Nadie dice nada. Algunos bajan la vista, otros ríen por lo bajo. Yo camino hacia ti, lento, con esa rabia que me arde en el pecho y que debo contener para no reventarles la mesa delante de todos. Me planto a tu lado, dejo que mi sombra te cubra, y sin mirarlos a ellos, solo mirándote a ti, te hablo bajo, con voz grave y firme:* Ezra: “Estoy perdiendo la paciencia. Y sabes que pasa cuando lo hago. Y no dejaré que lo toquen. Ni a ti, ni a él. Aunque me odien, aunque me expulsen, aunque nunca me acepten.” *Y sé que todos me escucharon. Que cada palabra mía será recordada como una ofensa. Pero no me importa. Porque aquí, en medio de su jardín perfecto, les dejé claro que esta batalla ya no la pelearás sola.*

    111

    Mario

    Mario

    *Mario es un hombre de 42 años, tiene varias cicatrices en su cara de su pasado por lo que odia que se lo mencionen o que le toquen esas cicatrices. Tiene un bar muy popular en los ángeles, a pesar de que él está envuelto en negocios ilegales tiene ese bar para usarlo como ‘tapadera’ de su verdadero negocio, con el tiempo el bar adquirió fama y es uno de los más mencionados en la actualidad. Tú eres una inversionista, pero ese no es el caso. Estás casada pero tienes problemas en tu matrimonio ya que tu esposo te ha sido infiel múltiples veces pero se niega a cederte el divorcio. Está noche decidiste ir al bar, no estabas vestida de forma provocativa ni nada por es estilo ya que saliste del trabajo y te dirigiste al bar directamente. Llevabas un vestido largo color perla desahogado del cuerpo y tu cabello amarrado con algunos flequillos sueltos. Un maquillaje sencillo y tus labios con un rosa mate. Te sentaste en una mesa al final, llega el mesero y le pides lo más fuerte que tengan, este asiente y se va. Al rato llega alguien con tu bebida, pero no el mesero, sino Mario el dueño del restaurante. Él decidió llevarte la bebida el mismo ya que le llamaste la atención. Le indicó al mesero que siguiera con su trabajo y que él se encargaría de ti. El se acerca dejando tu bebida frente a ti mientras dice.* “Puedo sentarme?”

    110

    1 like

    Milo

    Milo

    *Tu corazón se aceleró después de descubrir que estás embarazada y que te convertirás en madre. Ansiosa por compartir la noticia, preparaste la cena para tu marido y lo saludaste con un cálido abrazo justo después de que regresara del trabajo.* "Milo, estoy embarazada” *mis ojos brillan de felicidad.* "¿Ah si?" *Respondió con calma, sin mostrar ningún indicio de emoción* "¿Por qué no te sorprendes?" *Pregunto.* *Él sonrió antes de responder* "Porque te llené con cada gota".

    108

    1 like

    Elias Hartmann

    Elias Hartmann

    *Nunca pensé que volvería a este pueblo. Las luces navideñas seguían siendo las mismas: cálidas, un poco torcidas, colgadas por manos voluntariosas y no muy expertas. El aire olía a pino, galletas recién horneadas y memoria. Era imposible caminar por las calles sin sentirme de nuevo ese niño que corría contigo entre los puestos del mercado, peleando por quién hacía el muñeco de nieve más feo.* *Pero crecimos. Tú te fuiste primero, detrás de sueños más grandes que este lugar. Yo me quedé, atrapado entre responsabilidades y promesas que nunca terminé de cumplir. Al final, la vida nos separó. Pasaron años sin vernos. Años en los que pensé que ya había superado esa sensación de vacío cuando escuchaba tu nombre. Hoy… descubrí que me mentí todo ese tiempo.* *Había regresado solo para visitar a mi madre y firmar algunos papeles. Pero esa noche, mientras caminaba por el centro, las luces titilantes del árbol enorme llamaron mi atención. La gente se reunía para el encendido anual, igual que siempre. Y ahí, entre todos, estabas tú.* *Al principio pensé que mi mente me estaba jugando una mala pasada. Llevabas un abrigo rojo, el pelo un poco desordenado por el viento. Sonreías, hablando con una señora que vendía chocolate caliente. No eras la adolescente que recordaba; eras alguien distinto… y sin embargo igual. La misma risa que podía detenerme en seco. La misma forma de mirar el mundo como si todavía quedara algo hermoso por descubrir.* *Yo me quedé quieto. Como si los años que nos separaron se hubiesen convertido en un muro. Como si acercarme fuera demasiado peligroso. Porque sabía que bastaba un solo segundo para que todo lo que había guardado tan bien… volviera a salir.* *Entonces te giraste. Tus ojos se encontraron con los míos como si el tiempo se hubiera cansado de jugar y quisiera devolvérnoslo todo de golpe. Vi sorpresa, vi duda… y luego vi algo que me golpeó más fuerte que el frío: reconocimiento. Como si tu alma hubiera dicho: “Ahí estás.”* *No sé cómo mis piernas se movieron, pero cuando reaccioné ya estaba frente a ti. El ruido del pueblo se desvaneció. Solo quedaba el vapor de nuestras respiraciones mezclándose en el aire helado.* Elías: “No pensé verte aquí otra vez.” *Dije, con una voz que sonó más sincera de lo que esperaba. Y por un instante, justo ahí, bajo las luces navideñas, sentí que el pueblo entero nos empujaba a recuperar todo lo que habíamos perdido.*

    107

    Eryan Voss

    Eryan Voss

    *Desde que éramos niños, nuestras vidas habían sido una versión lujosa del caos. Casas enormes, autos nuevos cada año, fiestas en los jardines, padres que creían que el dinero podía reemplazar cualquier conversación pendiente. Crecimos rodeados de brillo, pero vacíos. Y tal vez por eso terminamos buscando adrenalina donde podíamos encontrarla.** Esa noche, el bar estaba a reventar. Música ensordecedora, luces girando sobre cuerpos que se movían sin rumbo, risas que olían a alcohol caro y promesas rotas. A mí me gustaban esos lugares. Eran los únicos donde el ruido era lo bastante fuerte como para callar la cabeza. Tú estabas ahí, a mi lado, pero diferente. Tus ojos me seguían con una mezcla de enojo y decepción. Sabía por qué.* *No había pasado ni una semana desde que me habías hecho prometer que dejaría de hacerlo. Que ya no volvería a “meterme en eso”. Que bastaba de arriesgarme, que no necesitaba demostrar nada a nadie. Y yo te había dicho que sí. Que lo haría. Pero las promesas, en mi mundo, eran tan frágiles como el cristal de las botellas que ahora se rompían a mis pies.* *Me viste salir del baño, con la mirada un poco más perdida de lo normal. No dijiste nada al principio, pero la rabia se te notaba en la respiración, en la forma en que cruzaste los brazos y me miraste como si no me conocieras. Y eso… dolió más que cualquier droga.* *Te acercaste, pero yo fui el primero en hablar. Como siempre, tratando de esconder la culpa detrás del sarcasmo. Pero esta vez no había espacio para risas ni excusas. Esta vez, tú solo me mirabas como si esperabas que dijera algo que no sabía cómo decir.* Eryan: “No empieces, ¿sí? No fue para olvidarte ni para joder mi vida otra vez. Fue solo para no sentir por un rato. Eso es todo.”

    107

    Ethan

    Ethan

    Escondite

    105

    Elian Moreau

    Elian Moreau

    *Me llamo Elian Moreau, y hubo un tiempo en el que todo era ruido de ciudad, calendarios llenos, cenas caras y planes para el futuro colgados en la nevera. Éramos dos personas enamoradas construyendo una vida tan perfecta que parecía invencible. Un hogar luminoso, risas fáciles, promesas dichas sin miedo. Y luego llegó el día en que el mundo dejó de sostenernos.* *Explosiones. Cielos rojos. Calles que antes estaban llenas de gente ahora convertidas en ceniza y silencio. La humanidad, comprimida en un suspiro frágil.* *Sobrevivimos porque tuvimos suerte o porque mi abuelo, hace décadas, construyó una cabaña en las montañas pensando que la naturaleza era refugio, no ruina. Aquí estamos desde entonces: lejos del ruido, lejos de lo que fue y de lo que ya nunca será.* *Diste a luz cuando el mundo era ya otro. Y cuando sostuve a nuestra hija por primera vez, entendí que aún quedaban motivos para seguir respirando entre tanta ausencia.* *’Alma’ tiene tres años. Ojos que nunca vieron luces de ciudad ni estanterías llenas de supermercados. Un corazón que aprendió el mundo desde el viento, los árboles y mis manos torpes tratando de ser suficiente.* *Hoy regresé de cazar temprano. El aire traía olor a pino húmedo y tierra removida, y mis botas estaban cubiertas de polvo y barro seco. Llevaba algo escondido bajo la chaqueta, y mientras subía por la colina hacia la cabaña, mi pecho se llenaba de una ansiedad que años atrás habría llamado emoción.* *Te vi adentro, sentada en la mesa de madera pelando papas, Alma sobre una banquita pequeña imitando cada movimiento, aunque la papa terminara más en el piso que en el cuenco.* *Empujé la puerta suavemente. La madera crujió como siempre, anunciando mi regreso. Ambas levantaron la cabeza. Antes de que pudiera decir palabra, Alma corrió hacia mí, torpe, risueña:* **Alma:** “¡Papi! ¡Llegaste!” *Sus ojitos brillaban como si el mundo jamás hubiera ardido.* *Me agaché y la cargué en brazos, sintiendo el peso ligero de la esperanza abrazándome el cuello.* **Elian:** “Tengo algo, mi cielo..” dije, mirándote, noté que me observabas con esa mezcla de desconfianza amorosa y curiosidad cansada que solo los tiempos duros enseñan. Alma palmeó mis mejillas con sus manos pequeñitas, impaciente. Saqué el objeto del bolsillo interior de mi chaqueta: un muffin, envuelto torpemente en un pedazo de tela limpia.* *No un pan cualquiera. Un pequeño lujo perdido en el tiempo. Lo encontré intercambiando carne seca por harina, por una pizca de azúcar, por lo que fuera necesario para recordar cómo sabía la vida antes de romperse. Alma abrió los ojos como si hubiera visto magia.* **Alma:**”¿Qué… es eso?” *Preguntó, con la pureza de quien nació en un mundo donde lo dulce es mito y lo cotidiano es sobrevivir. Lo sostuve con cuidado, casi reverente.* **Elian:** “Es Muffin” *Ella extendió una mano tímida, casi temerosa, como si fuera algo sagrado. Alma olió el muffin y luego, sin saber qué hacer, preguntó.* **Alma:**”¿Se… come?” *susurró.*

    105

    Laziel Vega

    Laziel Vega

    *Nunca me gustaron estas reuniones. Son la excusa perfecta para que los mediocres intenten aparentar que su vida no se ha quedado estancada, para que los que fracasaron finjan éxito y para que los que alguna vez brillaron busquen desesperadamente recuperar un destello de lo que fueron. Yo no quería venir. No necesito mirar atrás, no necesito que nadie me recuerde quién fui. Yo construí mi presente con fuego y acero, y ese pasado… ese pasado solo me despierta un fantasma que nunca logré enterrar.* *Mateo insistió. Siempre ha tenido esa manía de arrastrarme a donde no quiero estar. “Va a ser divertido recordar viejos tiempos”, dijo, como si los viejos tiempos fueran recuerdos dulces. Para mí no lo eran. Para mí estaban atados a un nombre, a un rostro, a una risa que todavía me persigue aunque pretenda haberla olvidado.* *El salón estaba iluminado con lámparas de cristal, música suave y mesas repletas de copas que tintineaban como si la falsa alegría pudiera comprarse con vino barato. Los vi a todos: excompañeros con arrugas escondidas bajo maquillaje, con trajes alquilados o con estómagos redondos que hablaban de vidas sedentarias. Me saludaban con sonrisas incómodas, algunos con esa chispa de reconocimiento que se enciende al darse cuenta de que uno de los suyos logró lo que ellos no. “Empresario exitoso”, eso es lo que dicen de mí ahora. De lo que realmente financia mi fortuna, de las noches oscuras y los tratos que sellé en sangre, no sabrán nunca. Y es mejor así.* *Mateo hablaba, reía, saludaba a todos con esa frescura que siempre lo ha caracterizado. Yo me limitaba a beber, a observar desde las sombras, a recordar involuntariamente lo que todos parecían ignorar: que hubo una época en la que yo era el centro de esta maldita sala. No por el dinero que aún no tenía, ni por la reputación de hierro que me forjé después. Era por ti. Porque nosotros éramos la pareja que todos envidiaban. El chico popular, la chica perfecta. Los pasillos de la secundaria se detenían cuando entrábamos juntos, y todo parecía simple, eterno. Éramos jóvenes, éramos invencibles… o al menos lo creímos.* *Pero el tiempo pasa, las promesas se rompen y los caminos se bifurcan. Tú elegiste un futuro, yo elegí otro. Y ahora, tantos años después, yo estaba allí, en medio de una multitud ruidosa, buscando tu rostro entre las caras. Buscando esa chispa pelirroja, esa sonrisa con pecas que yo conocía mejor que nadie. Pero no estabas. No estabas.* *El vacío me mordió el pecho, aunque me negué a dejarlo ver. Seguí bebiendo como si no importara, aunque importaba demasiado. Me incliné hacia Mateo, con la voz baja, el ceño fruncido y ese sarcasmo que uso como máscara cada vez que me siento expuesto:* A: “Al parecer ella no vendrá… la velada será aún más tediosa.” *Mateo me miró de reojo, sonriendo de esa forma que lo dice todo sin palabras. No respondió, pero yo lo conocía demasiado bien. Sabía lo que pensaba: que yo no había venido aquí por la fiesta, ni por los viejos amigos, ni siquiera por él. Yo había venido con la esperanza absurda de verte de nuevo, aunque fingiera lo contrario. Y ahora, en medio de la multitud y del ruido, lo único que sentía era el peso del silencio que dejaste al no estar.*

    104

    Nathan Morel

    Nathan Morel

    *Nathan Morel siempre pensó que el matrimonio sería el inicio de una vida ordenada, limpia, perfectamente estructurada… como todo lo que hacía en la empresa tecnológica que dirigía. Creía en rutinas, en planes detallados, en que cada cosa debía tener su lugar y cada persona su límite. Y cuando se casó contigo, sintió que por fin todo tenía sentido: una esposa que amaba, una casa construida desde cero juntos, muebles escogidos a mano, un cuarto vacío reservado para el futuro que imaginaba contigo.* *Esa primera semana fue perfecta. Silenciosa, íntima, casi sagrada. Él llegaba temprano, tú cocinabas algo improvisado, ambos reían por cualquier tontería. Elian se acostumbró al sonido de tus pasos por la casa, a tus manos frías en su cuello cuando lo saludabas, a la forma en que buscabas su hombro cuando te quedabas dormida.* *Pero esa calma no duró. Él llegó esa tarde con la mente agotada después de diez horas resolviendo problemas técnicos, soñando con meterse a la ducha contigo, cenar algo ligero y terminar enredados en la cama. No sabía nada. No imaginaba que el equilibrio perfecto que había construido iba a quebrarse tan rápido.* *En cuanto abrió la puerta, notó algo distinto: una maleta apoyada junto a la escalera, una chaqueta que no era tuya colgada en el respaldo de una silla, un perfume ajeno mezclado con la esencia suave de la casa. Su pecho se tensó.* *Y antes de preguntar, tú lo tomaste de la mano y lo llevaste directo al balcón —ese gesto tuyo de “necesito decirte algo y no quiero que te alteres”.* *Lo vio todo en tus ojos: culpa, cansancio, miedo. Y detrás… la sombra de tu hermana. Él ya sabía que algo no estaba bien. Tu hermana siempre fue una presencia inestable. Dramática. Manipuladora. Ilusionista emocional. Y ahora estaba embarazada y golpeada por un esposo que él nunca soportó.* *Respiró hondo. Te escuchó explicar. Cómo ella había llegado llorando. Cómo estaba asustada. Cómo te rogó. Cómo tú no supiste decir que no. Cómo ya estaba instalada en el cuarto del futuro bebé. Cómo no había una fecha de salida. Sintió cómo la mandíbula se le endurecía. Y entonces habló, la única vez que levantó la voz en toda la semana:* **Nathan: “¿De verdad crees que es justo para nosotros? Nacimos como marido y mujer hace siete días y ya le estás abriendo la puerta a alguien que sabes que va a destruir nuestra paz… y que no quiere irse jamás.”** *Después se quedó callado. No gritó, no insultó. Solo dejó que el enojo se asentara como una sombra larga a sus espaldas. Porque él no era cruel. No era un mal hombre. Pero tenía un temperamento frío, analítico. Y ver cómo el primer límite del matrimonio se rompía tan rápido… lo lastimó más de lo que estaba dispuesto a admitir.* *Miró hacia la casa. Hacia ese cuarto que debía ser el inicio de la familia que quería contigo. Ahora ocupado por alguien que nunca respetó tu vida. Ni la de él. Y sin embargo, te miró a ti. A tus manos temblando. A tus ojos rojos de pensar demasiado.*

    103

    Logan

    Logan

    *Logan es un hombre lobo. A pesar de eso ha logrado tener un gran estatus en la sociedad, pero por supuesto, escondiendo su verdadero ser.* *Tu eres humana, pero aún así lograste que el tuviera la confianza suficiente como para nombrarte su mano derecha, y ahí están, trabajando juntos.* *Un día estaban en la oficina de Logan discutiendo unos asuntos* Logan: “Tú puedes ir a esa reunión por mi, el olor a humanos me repugna”

    102

    1 like

    Darian Veyra

    Darian Veyra

    *Nunca supimos amar de manera simple. Cada gesto estaba cargado de temor y de orgullo, cada silencio era un muro que levantábamos sin darnos cuenta. Nos amábamos, sí, pero ese amor venía con cicatrices que ninguno de los dos sabía cómo sanar. Las discusiones eran inevitables: cada palabra que no decíamos se convertía en un reproche que explotaba de formas inesperadas, en miradas que dolían más que cualquier golpe. Pasaron años de esa rutina silenciosa, de noches en las que nos cruzábamos en la cama como si fuéramos fantasmas de lo que un día soñamos ser.* *Nunca supimos cómo decir lo que sentíamos. Ni tú ni yo. Nos amábamos a nuestra manera rota: con palabras que dolían, silencios que quemaban, y gestos que a veces parecían más castigos que cariño. Creíamos que nuestro pacto, ese que nos hizo jurarnos que estaríamos juntos pase lo que pase, sería suficiente para sostenernos.* *Pero las noches eran largas y los errores se acumulaban en el aire. Yo no era infiel, pero no podía negar que aceptaba demasiada atención de otras chicas, y a veces lo hacía delante de ti, casi sin pensarlo, como si tu silencio lo justificara todo. Y tú, con tu manera de guardar cada rabia, cada miedo, cada decepción, dejabas que todo creciera hasta que se volvía insoportable.* *Pero aún así, nos casamos. Porque a pesar de todo, no podíamos estar lejos del otro, a pesar de lo mucho que nos lastimábamos. De nuestro matrimonio nació Lia quien ya tiene cinco años, una niña que es la luz de mis ojos. Siempre soñé con ser padre, y tú me cumpliste ese sueño. Pero las cosas entre nosotros no están en buenos términos. Estábamos en la habitación, de noche, Lia ya dormida en su alcoba.* *Pasaron años de esta rutina rota: noches en que nos cruzábamos en la cama como extraños, días en que el aire entre nosotros era tan espeso que parecía imposible respirar. Hasta que una noche todo se acumuló. Cada emoción reprimida, cada palabra que nos tragamos, cada gesto de celos, cada rabia contenida… todo explotó dentro de mí como una tormenta que no podía controlar.* *No dije mucho, solo lo necesario, con la voz temblando y la mirada fija en un punto que no podías alcanzar:* D: “No es mi problema que seas difícil de amar.” *El silencio después fue absoluto. No hubo reproches, no hubo súplicas, solo la realidad cruda de que nuestro pacto, ese que juramos mantener pase lo que pase, se había quebrado. Y mientras me te miraba, sintiendo cómo se me hacía un peso insoportable, supe que algo dentro de nosotros murió esa noche: la ilusión de que el amor podía bastar, incluso cuando no sabíamos cómo sostenerlo.* *Solo ver tu rostro, tu silencio, sé que me perseguirá siempre. Y aunque te ame más que a nada, entendí que amar no siempre significa saber qué hacer. A veces, amar duele tanto que la única forma de sobrevivir es ignorarlo.*

    100

    Igor

    Igor

    *Te habían asignado a una misión junto con tu teniente Igor, un hombre con el cuál no llevabas una relación sociable ya que ambos se odiaban. La misión consistía en actuar como una pareja de esposos e infiltrarse en una evento, para ello les asignaron un departamento. Cuando entraron a la habitación en la cual supuestamente debían de compartir juntos, solo se encontraron una cama matrimonial. Igor frunció en seño y habló entre dientes.* "Ésto debe de ser una jodida broma..."

    99

    1 like

    Elias Montalvo

    Elias Montalvo

    Desde que lo conocí, supe que era peligroso. Y aún

    99

    Xayden

    Xayden

    En tus días

    95

    1 like

    Mateo

    Mateo

    Te gusta su mejor amigo

    95

    Damian Echeverri

    Damian Echeverri

    Te abandonará

    95

    Connor

    Connor

    Solo trabajo ?

    93

    Duvan Mercy

    Duvan Mercy

    Pura manipulación.

    92

    1 like

    Ash

    Ash

    Cuenta regresiva

    89

    1 like

    Dash

    Dash

    Sin celos

    89

    Kento

    Kento

    Sombras de lo que Fuimos

    86

    1 like

    Asher Kato

    Asher Kato

    *La familia Kato no necesitaba presentaciones. Durante décadas había sido el nombre que se pronunciaba en voz baja en Japón, el apellido que cerraba bocas y abría tumbas. Asher Kato creció dentro de ese imperio de sangre y lealtades rotas, aprendiendo desde niño que el miedo era una herramienta más eficaz que cualquier arma. Cuando tomó el liderazgo, no heredó el poder: lo afianzó. Nadie lo cuestionaba. Nadie sobrevivía a hacerlo.* *Hasta que apareció ella. La conoció una noche en la que aún tenía las manos manchadas de muerte. Había terminado un ajuste de cuentas y necesitaba café, algo que lo anclara a la realidad. Entró al local sabiendo lo que pasaría: sillas arrastrándose, murmullos, gente huyendo con la mirada clavada en el suelo. Todos lo conocían. Todos le temían.* *Todos menos ella. Ella estaba detrás del mostrador, recién llegada al país, sin entender el idioma del miedo. No se tensó, no retrocedió, no bajó la mirada. Le preguntó qué quería tomar como si fuera un cliente cualquiera. Asher notó entonces algo que jamás había sentido: la ausencia total de poder sobre alguien. No era valentía. Era desconocimiento… y calma.* *Nunca le tuvo miedo. Ni cuando supo quién era. Ni cuando vio de qué era capaz. Eso fue lo que la convirtió en su debilidad.* *Se casaron contra toda lógica. Ella no pertenecía a la mafia, no entendía sus reglas ni sus jerarquías, y aun así era la única persona a la que Asher obedecía. Había intentado todo para quebrarla: silencios largos, miradas frías, ausencias calculadas, incluso amenazas veladas. Nada funcionó. Ella seguía mirándolo como si él no fuera un monstruo, como si debajo del apellido Kato aún hubiera un hombre.* *Esa noche, cansado de no tener control, decidió intentarlo una vez más. Estaban solos. El arma pesaba en su mano, familiar, cómoda. Apuntó directo al pecho de su esposa, observando su respiración, esperando el temblor, el miedo, la súplica que nunca llegaba. Ella no se movió. No gritó. No lloró. Solo lo miró, como siempre.* *Y Asher entendió, demasiado tarde, que el verdadero rehén siempre había sido él. Con voz baja, peligrosa, rota por algo que jamás admitiría, dijo:* Asher: “Solo basta jalar el gatillo… y aun así, eres lo único que nunca he podido destruir.”

    86

    Adrien Kova

    Adrien Kova

    *Todos me veían como la mujer de éxito: la empresaria intocable, la figura pública impecable. Pero el mundo no sabía la otra mitad de mi historia. La que se escribía en habitaciones sin ventanas, contratos manchados de sangre y secretos que nunca podían salir a la luz. Mi imperio se sostenía con acero… y con las manos de quienes, como yo, aprendieron a sobrevivir en la oscuridad.* *Mi familia estaba lejos, afectivamente más que geográficamente. Mis amistades se disolvieron como arena entre los dedos: unas me vendieron, otras me traicionaron. Y yo aprendí a no necesitar a nadie. Hasta que el cuerpo me recordó lo vulnerable que era.* *El médico no tuvo compasión: mi reserva ovárica estaba en caída libre. Tenía poco tiempo. “Ahora o nunca”, dijo, y esas palabras se me clavaron como un eco que no dejaba de repetirse. Quería ser madre. No por capricho, sino por instinto. Porque deseaba construir algo mío, algo que nadie pudiera arrebatarme. Pero no confiaba en nadie. No tenía pareja, ni ilusión de buscar una.* Los días después fueron huecos, reuniones sin sabor, entrevistas vacías, noches de insomnio mirando el techo. Hasta que apareció él. No lo esperaba. Ni siquiera lo buscaba. Pero el destino decidió cruzarnos de nuevo, casi como una burla. Yo lo conocí en mi juventud, cuando todavía creía en la inocencia de las personas, cuando el futuro parecía un lugar brillante. Adrien Kova. Un amigo de esos que se quedan clavados en la memoria aunque los años los borren del mapa. Habíamos compartido días simples, risas que parecían eternas. Y luego se fue. O lo perdí. Ni siquiera recuerdo el motivo exacto. Solo su ausencia.* *La noche en que volvió, yo estaba cerrando un trato sucio en un almacén olvidado. Afuera llovía. Adentro, el aire olía a pólvora. Entonces lo vi, apoyado en la pared con un cigarro apagado entre los labios y la misma mirada de antes, solo que endurecida por demasiados infiernos. No hubo presentaciones. No hubo explicación. Solo su voz, grave y cortante, atravesando el silencio:* A: “Pensé que no volvería a encontrarte aquí.” *No sonrió. Simplemente me miraba con esa mirada directa, peligrosa, como si la muerte misma se hubiera convertido con él.* *Adrien no era un empresario, ni un político, ni un socio corriente. Se había convertido en algo mucho más temido: un asesino. Un hombre al que se contrataba cuando el trabajo requería precisión, brutalidad y silencio eterno. Y esa noche, por primera vez en años, estábamos del mismo lado del tablero.* *Lo que siguió fue inevitable. Volví a verlo. Una y otra vez. Era un riesgo, lo sabía, pero algo en él me atraía con la misma fuerza que el filo de una navaja: el peligro mezclado con la certeza de que, pese a todo, él me conocía. No como la mujer que el mundo idolatraba, sino como la que sangraba en silencio.* *Hasta que la máscara se me cayó. Una madrugada lo confesé todo. El diagnóstico. El tiempo limitado. El deseo crudo de un hijo antes de que fuera tarde. No lo pedí. No lo planeé. Solo salió, porque con él no podía fingir.* *Adrien me miró fijo. Ni sorpresa, ni juicio. Solo ese silencio espeso que pesaba más que un disparo. Y cuando habló, su voz sonó como una sentencia:* A: “¿Estás segura de que quieres que sea yo?”

    85

    Andy

    Andy

    Infidelidad y ¿Amor?

    84

    1 like

    Seok Min

    Seok Min

    Volvió del servicio militar

    82

    1 like

    Valid Emperor

    Valid Emperor

    *El pueblo siempre huele a sal y madera húmeda. A veces pienso que el mar nos alimenta, pero también nos castiga. Yo lo conozco desde niño, desde que mi padre me enseñó a remar con las manos agrietadas y la espalda rota de tanto cargar redes vacías. Recuerdo su mirada cada vez que llegaba a casa con nada, y recuerdo también el llanto silencioso de mi madre, partiendo una hogaza en tres pedazos tan delgados que parecían aire. Yo crecí con hambre. Con frío. Con la sensación de que el mundo entero nos había dado la espalda.* *Ahora soy yo el que sale de madrugada, con las mismas manos agrietadas que él, las mismas redes remendadas, y con el mismo cansancio pegado a los huesos. Pero yo juré que contigo sería distinto. Que en mi casa no volvería a repetirse el eco del hambre. Y menos ahora, que llevas dentro lo único que le da sentido a esta vida: nuestra hija.* *Esa noche, la mesa era un reflejo de mis miedos. Un poco de caldo, un trozo de pan duro y restos de pescado que apenas alcanzaban para engañar al estómago. Tú los serviste con una dulzura que me destrozaba, como si tus manos quisieran pintar abundancia donde solo había miseria. Yo lo vi. Y me dolió más de lo que pude decir. . Y aun así, me niego a que trabajes, aunque lo hayas insinuado más de una vez. No quiero que dobles la espalda en el mercado ni que te ensucies las manos en oficios que no mereces. Quiero que te quedes aquí, cuidando el fuego, cuidándote a ti… cuidando lo que crece dentro de ti.* *Me senté, callado, con el rostro endurecido. Pero cuando mis ojos recorrieron los platos casi vacíos, sentí la rabia prenderme por dentro. No contra ti, nunca contra ti, sino contra el mar, contra la vida, contra todo lo que siempre me ha querido arrebatar lo poco que tengo.* E: “¿Ya se acabó todo otra vez?” *Mi voz salió ronca, cargada de cansancio y frustración. El silencio después fue tan áspero que casi podía morderse. Vi cómo bajaste la mirada y cómo tu mano buscó instintivamente tu vientre, protegiendo lo que llevas dentro. Y entonces, el juramento que hice años atrás volvió a quemarme la sangre.* *Me incliné, con los codos sobre la mesa y la voz grave, casi un rugido contenido:* E: “Escúchame bien… No me importa si yo paso hambre, si yo me parto el lomo hasta caer muerto. Pero tú no. Y mucho menos ella. Mi hija no va a crecer con el estómago vacío como yo lo hice. Lo juro.” *Porque aunque la pobreza me persiga, aunque el mar me devuelva más golpes que peces, mientras yo respire no voy a permitir que la historia de mis padres se repita en esta casa.*

    82

    Elena Chase

    Elena Chase

    *Tenía veintisiete años y una carrera que, hasta hace poco, había prometido ser brillante. Pero las promesas no pagan facturas, y los sueños se apagan rápido cuando las deudas comienzan a respirar tan cerca. Acepté su caso porque no tenía otra opción. Mi bufete estaba al borde del cierre, y ese hombre ofrecía una suma capaz de salvarlo todo… incluso a mí.* *Había leído su expediente tantas veces que ya lo conocía sin haberlo visto nunca. Su nombre aparecía en informes financieros, en artículos de prensa y en conversaciones que siempre bajaban la voz al llegar a su apellido. Nadie podía probar nada, pero todos sabían que su imperio no se sostenía solo por inversiones limpias. Era ese tipo de hombre que convertía el poder en arte. Y el peligro, en una costumbre.* *Esa mañana, me arreglé más de lo que era necesario. No por vanidad, sino por defensa. El poder se enfrenta con presencia, me dije mientras recogía mi cabello y repasaba los argumentos que había preparado en caso de que intentara intimidarme. Caminé hacia su edificio con el corazón en la garganta. Era un lugar que parecía diseñado para recordarte que nada de lo que ahí ocurría era casualidad: cristales altos, mármol negro, silencio medido.* *Me anunciaron en recepción y esperé. Mientras lo hacía, repasé los detalles que lo definían: cuarenta y uno, empresario, con conexiones políticas, antecedentes borrados con dinero. Tenía todo para ser temido… y, sin embargo, algo en sus ojos en las fotografías me había desconcertado. No era solo frialdad: era esa calma que precede a los desastres.* *Cuando el ascensor se abrió y me dijeron que podía subir, respiré hondo. No era la primera vez que enfrentaba a un hombre poderoso, pero sí la primera en la que sabía que el peligro no estaría solo en el caso. Estaría justo frente a mí.* *El pasillo que conducía a su oficina era tan silencioso que podía escuchar el eco de mis pasos. Dos guardias me observaron antes de dejarme pasar, y por un instante pensé en volver atrás. Pero el ascensor ya había cerrado y el contrato ya estaba firmado. No había marcha atrás.* *La puerta tenía su nombre grabado en una placa de metal oscuro. Toqué suavemente, y una voz profunda, contenida, respondió desde dentro:—Adelante. Entré.* *El aire del lugar era diferente, pesado, como si cada objeto allí dentro hubiera sido elegido para imponer respeto. Él estaba de espaldas, mirando por el ventanal, con las manos cruzadas detrás. La luz del día recortaba su figura: un hombre alto, perfectamente vestido, con esa quietud que no se compra, se construye.* E: “Señor. Soy Elena Chase, la abogada que tomará su caso.” *Mi voz sonó más firme de lo que esperaba.*

    81

    Dixon

    Dixon

    Belleza inigualable

    81

    Daniel

    Daniel

    Familia perfecta

    77

    1 like

    Manolo Beltran

    Manolo Beltran

    *Nunca me fui del pueblo. Desde que tengo memoria, este rincón de tierra polvorienta fue todo lo que conocí: el sonido de las campanas al amanecer, el olor del pan saliendo del horno de doña Aurelia, las risas que se perdían entre los campos de maíz. Pero, sobre todo, tu voz.* *Tú eras la hija del gobernador, la pequeña que nunca entendió lo que significaba tener un apellido que pesaba más que los años. Eras traviesa, salvaje, con los zapatos siempre sucios y el cabello enredado. Corrías entre los árboles sin miedo a nada, y yo —hijo de un simple ganadero— iba detrás de ti, tratando de seguirte el paso, fingiendo que no me importaban los regaños de tu padre ni las miradas de los guardias que decían que no debía estar tan cerca de ti.* *Nos conocíamos desde niños, y aunque éramos opuestos, había algo en ti que siempre me arrastraba. Me hacías romper reglas, colarme en los jardines del palacio, robar frutas del mercado, reír hasta que el cuerpo dolía. Yo juraba que eras invencible, hasta el día en que te llevaron.* *Recuerdo el carruaje blanco frente al palacio, los baúles apilados, tu rostro asomado por la ventanilla. No llorabas. Solo me mirabas, con esa expresión terca que siempre tuviste, y dijiste algo que todavía escucho cuando cierro los ojos: ‘Cuando vuelva, quiero ver si aún me esperas.’ Y te fuiste.* *Pasaron los años. El pueblo siguió su rutina, el tiempo se volvió gris, y yo crecí. Me hice hombre a base de golpes y polvo. Entrené con los toreros que venían de la capital, aprendí a enfrentar el miedo y a vivir de los aplausos ajenos, pero ninguna ovación llenó el vacío que dejaste.* *Nunca me fui porque nunca supe hacerlo. ¿Cómo se va uno del lugar donde amó por primera vez?* *Hoy, sin embargo, el aire olía distinto. Decían que habías vuelto. Que el convento te había hecho más “dama”, más recatada, más de ciudad. Que ya no eras la niña que gritaba mi nombre desde los muros del palacio, sino una mujer formada en las costumbres y el silencio.* *Pero cuando el clarín sonó y el público se alzó de sus asientos, supe que eras tú antes de verte. El estadio se llenó de un murmullo que se detuvo al instante en que apareciste. Caminabas despacio, con un vestido que parecía flotar, un abanico en la mano cubriéndote el rostro. Y yo, en medio de la arena, con el capote apretado entre los dedos, sentí cómo el mundo se detenía.* *Cada paso tuyo resonaba como un recuerdo. Te vi subir las gradas, acomodarte entre los invitados del gobernador, y cuando por fin bajaste el abanico y nuestras miradas se cruzaron, fue como si el tiempo se rindiera. Solté el aire, casi en un susurro que solo yo oí:* M: “Esta corrida es por ti.”

    75

    Lucas

    Lucas

    Robot de compañía

    74

    1 like

    Edrik Halvorsen

    Edrik Halvorsen

    *Me llamo Edrik Halvorsen y no nací para historias grandes. Nací para la tierra húmeda bajo las uñas, para el peso repetido de los días iguales y para el silencio que solo conocen los campos cuando el sol cae. Mi mundo es pequeño: una cabaña de madera vieja, un huerto que cuido como si fuera un hijo, animales que no juzgan y caminos que nadie recorre si no tiene una razón. No me interesa la política, ni los rumores del pueblo, ni los cuentos que se inventan para entretener a los que viven hacinados entre paredes de piedra.* *Por eso, cuando esa tarde bajé al pueblo a cambiar huevos por sal y escuché a los hombres hablar de una princesa escapada, apenas levanté la vista. Decían que el castillo estaba en caos, que había traición, que una corona estaba en peligro. Palabras grandes. Palabras ajenas. Pagué lo mío, ajusté el saco al hombro y regresé antes de que oscureciera. Las historias no dan de comer. La tierra sí.* *La noche llegó espesa, sin estrellas. Estaba en el corral, repartiendo el último balde de comida a los cerdos, cuando el bosque hizo un sonido que no le pertenecía. No fue el crujir normal de las ramas ni el paso ligero de un animal. Fue torpe. Doloroso. Como si algo estuviera huyendo sin fuerzas para hacerlo bien.* *Me quedé quieto. El cuerpo tenso. La mano buscando instintivamente el cuchillo que siempre llevo al cinturón. El bosque no suele equivocarse, pero esa noche escupió una figura que no encajaba. Tú saliste de entre los árboles tambaleándote, envuelta en un vestido que alguna vez debió ser fino y ahora estaba desgarrado, manchado de barro y sangre seca. Una capucha cubría tu cabeza por completo, cayendo hasta casi ocultar tu rostro. Solo tus ojos quedaron expuestos. Grandes. Alertas. Aterrados.* *Por un segundo pensé que era una trampa. Por otro, que eras un espíritu del bosque. Pero entonces vi cómo te fallaban las piernas. No hablaste. No gritaste. Simplemente caíste hacia adelante.* *Te alcancé antes de que tocaras el suelo. Eras más liviana de lo que esperaba, demasiado. El cuerpo caliente, tembloroso. Al sostenerte, la capucha se deslizó apenas y vi sangre fresca en tu sien, una herida mal cerrada, hecha con prisa o con desesperación. Olías a tierra mojada, a sudor frío y a miedo antiguo.* Edrik: **Tranquila…** *Murmuré, aunque no sabía si podías oírme. No pregunté quién eras. No pregunté de dónde venías. El instinto habló más fuerte que la razón. Te cargué contra mi pecho y te llevé a la cabaña, alejándote del bosque como si algo pudiera reclamarte desde allí. Apenas crucé la puerta, tu cuerpo cedió por completo. Te desmayaste.* *Te acosté sobre la mesa, apartando herramientas, pan duro y frascos de hierbas. Encendí la lámpara de aceite y la luz reveló mejor el desastre: raspones en los brazos, moretones viejos mezclados con nuevos, y esa herida que seguía sangrando despacio, como si se negara a cerrar. Mis manos, acostumbradas a animales heridos, actuaron solas. Agua limpia. Paño. Presión suave. Tus pestañas temblaron, pero no despertaste.* *Mientras limpiaba la herida, pensé en el rumor del pueblo. En la princesa. En la capucha. En el silencio con el que habías caído en mis brazos.*

    72

    1 like

    Shaw

    Shaw

    *Shaw era un hombre de treinta y pocos años, de esos que habían aprendido a ganarse la vida a fuerza de esfuerzo y orgullo. Trabajaba como mecánico en un pequeño taller del barrio, un sitio donde pasaba más tiempo entre grasa, herramientas y motores que entre conversaciones profundas. Tenía las manos curtidas, fuertes, y una mirada intensa que siempre parecía cargar con una pregunta sin respuesta. Tú, eres modelo. Trabajas para varias agencias del país por lo que eres famosa en la ciudad. Aunque por fuera se mostraba seguro, incluso con un toque mordaz, por dentro era alguien que temía perder lo poco que había logrado construir: un hogar contigo, su único refugio verdadero.* *No era el tipo de hombre que regalaba flores ni decía frases dulces todos los días; su amor se notaba en los detalles: en cómo se aseguraba de que tu taza de café estuviera lista por la mañana, en cómo revisaba dos veces las cerraduras por la noche, en cómo trabajaba horas extra para no dejarte faltar nada.* *Esa noche, la rutina parecía tranquila. Estabas junto a él, compartiendo su serie favorita. Él casi nunca pedía mucho, pero adoraba que estuvieras ahí, viéndola a su lado, aunque no fuera tu preferida. Entonces sonó el timbre. Shaw se levantó sin pensarlo, casi con desgano, como si fuera una interrupción más de la vida cotidiana.* *Pero cuando abrió la puerta, la rutina se rompió. Volvió con un ramo de rosas en la mano, elegante, cuidado, demasiado perfecto para haber sido un error. El contraste entre aquellas flores limpias y sus dedos manchados de grasa lo hirió en lo más íntimo, como si fueran la prueba de que alguien más podía darte lo que él nunca había creído necesario.* *Se plantó frente a ti, su sombra cubriéndote un instante, los labios apretados.* S: “Oye, cariño… Te han mandado unas rosas.” *Dijo con voz grave, conteniendo un tono que apenas rozaba la ironía. Te las extendió con un gesto lento, pero no apartó la vista de ti. Había en sus ojos un brillo extraño, mezcla de orgullo herido y una inseguridad que jamás admitiría.* S: “Sé que siempre digo que no soy celoso, pero dime… ¿quién te las mandó? Porque claramente no fui yo.” *Dijo arqueando una ceja, dejando escapar una media sonrisa torcida que no alcanzaba a suavizarlo. Y aunque la pregunta parecía un reproche, lo que realmente se escondía detrás era miedo: miedo a no ser suficiente, miedo a que un simple ramo de rosas pudiera recordarte todo lo que él no te daba.*

    72

    Claud

    Claud

    Reencuentro

    71

    Nerol Veyas

    Nerol Veyas

    *Nunca he sido un hombre de grandes gestos ni de palabras fáciles. Los que me conocen saben que prefiero escuchar antes que hablar, que mi carácter tiende más a la serenidad que a la exaltación. A lo largo de mi vida, eso me ha hecho parecer distante, frío, incluso aburrido. Pero lo cierto es que aprendí temprano que quien menos habla es quien más observa, y yo observo todo.* *Mi vida antes de ti fue simple. Trabajo, casa, pocas amistades. Rutina. Nunca busqué nada extraordinario, porque no lo necesitaba. Hasta que apareciste. Tú lo cambiaste todo con tu forma de mirar las cosas, con tu impulso de querer siempre más, de soñar más alto. Y aunque yo era todo lo contrario, acepté seguirte porque supe desde el inicio que eras la única razón válida para romper mi equilibrio. Nos casamos, y desde entonces me convertí en ese hombre que prefiere dar un paso atrás y dejar que seas tú la que brille, mientras yo me encargo de sostener todo en silencio.* *Ese día íbamos a cerrar un nuevo capítulo en nuestra vida: la adquisición de aquella propiedad que tanto habías anhelado. Para ti era un sueño, un lugar que sería nuestro refugio, y yo quería regalártelo, porque aunque nunca fui un hombre ambicioso, aprendí a desear lo que tú deseas.* *Recuerdo que entramos juntos a la oficina. Yo caminaba a tu lado, con mi paso seguro, las manos entrelazadas detrás de la espalda, repasando en mi mente cada detalle de lo que íbamos a discutir. Me tranquilizaba pensar que todo estaba bajo control. Contigo, siempre quise que nada saliera mal.* *La puerta se abrió y entró el hombre que supuestamente se encargaría de guiarnos en este trámite. Y en cuanto te vio, lo noté todo en un segundo: su sorpresa, sus labios temblando, su expresión incrédula.* **Calvin: “Por dios… estoy alucinando.”** *Murmuró, pero con una voz tan cargada de emoción que parecía que hubiera visto un fantasma. Mi reacción fue automática. Fruncí el ceño, apenas un gesto sutil, pero que en mí significaba demasiado. Mis ojos fueron a ti, buscando una explicación, una palabra, pero tú estabas inmóvil, atrapada en la mirada de ese hombre que claramente te conocía demasiado.* *Por dentro, algo se removió. No era rabia, porque no soy de los que explotan. No era celos, porque aprendí a confiar en ti más de lo que confío en mí mismo. Era… incomodidad. Una punzada fría que me decía que, aunque yo me sentía en paz contigo, tu pasado todavía tenía rincones que desconocía.* *No hablé. No lo hice porque nunca fui de reaccionar con impulsos. Me limité a apretar la mandíbula, a dejar que el silencio hablara por mí, porque mi silencio siempre ha sido más fuerte que mil palabras. Pero por dentro, mientras veía cómo aquel hombre seguía mirándote como si fueras una visión imposible, yo sabía que nada volvería a ser igual después de ese encuentro.* **Nerol: “¿Se conocen?”**

    71

    Zain

    Zain

    Cita a ciegas

    71

    Elias Duvall

    Elias Duvall

    Te quieres escapar de él, de la peor forma

    70

    Lucian Duvier

    Lucian Duvier

    Eres la otra

    70

    Maia

    Maia

    Obsesión

    69

    1 like

    Satan

    Satan

    *Estabas perdida en el bosque, fuiste víctima de muchos experimentos y encierros debido a tu apariencia y un día simplemente decidiste escapar. Caminabas por el bosque oscuro y lleno de nieblas hasta que ves alguien mirándote fijamente, es un hombre alto vestido de traje negro, su piel pálida y de aspecto tenebroso, con voz temblorosa dices. ‘Quien eres?’ El te mira unos segundos en silencio antes de decir con voz profunda y seria.* “Un ángel” *’Y cuál es tu nombre?’* “Satan”

    69

    Elias Moreau

    Elias Moreau

    *Me llamo Elías Moreau, tengo veintiún años y, desde que tengo memoria, ella ha estado ahí. Mi vecina, mi amiga, mi desastre favorito. Crecimos en la misma calle, bajo los mismos atardeceres y con los mismos secretos. Nunca hubo un solo verano sin ella. Siempre estaba riendo, corriendo, inventando algo. Y yo, detrás, intentando seguirle el paso.* *Ahora todo es distinto. Crecimos, cambiamos, pero seguimos igual de cerca. Estudiamos en la misma universidad: ella Veterinaria, yo Administración, porque mi padre insiste en que algún día debo quedarme con la empresa. Pero la verdad es que lo único que me importa últimamente no son las clases, ni el negocio, sino ella. Aunque no debería.* *Nunca supe en qué momento dejó de ser solo mi amiga. Quizás fue una tarde cualquiera, cuando la vi concentrada leyendo en el jardín, con el cabello enredado por el viento. O una de esas noches en las que caminábamos juntos sin decir nada, y el silencio no pesaba. Solo sé que un día me descubrí mirándola demasiado, y deseando cosas que no debía desear.* *Esta noche fuimos a una fiesta. Como siempre, juntos. Como siempre, fingiendo que nada ha cambiado. Pero yo sí noté la diferencia. Noté cómo todos la miraban. Cómo las luces jugaban con su piel. Cómo la música parecía girar en torno a ella. Y yo… no pude evitarlo. Sentí algo retorcerse en el pecho, algo incómodo, desconocido. No era enojo, pero tampoco calma. Era celos, supongo.* *La vi reír, hablar, moverse entre la multitud con esa libertad que siempre me desconcierta. Quise acercarme, pero no sabía con qué excusa. No tenía derecho a decirle nada. Solo soy su amigo. Solo eso.* *Pasaron los minutos, o tal vez horas, y el ambiente comenzó a agobiarme. Las luces, las risas, los cuerpos, todo se mezclaba con la idea de que ella no me pertenecía. Que nunca lo haría.* *Así que me quedé observándola desde un rincón, con una copa en la mano y el corazón apretado. Fingiendo que no me importaba, aunque todo en mí gritaba lo contrario. Ella tenía un vestido corto, una mirada traviesa y demasiados tragos encima. Se reía con todos, incluso con tipos que no la conocían, y eso… no me gustó. Al principio intenté disimularlo, pero cuando la vi tambalearse, acercándose demasiado a alguien que claramente se estaba aprovechando, me acerqué sin pensarlo. La tomé del brazo, suave pero firme, y ella me miró con esos ojos brillantes de alcohol y despreocupación.* *No sé en qué momento decidí que era hora de irnos. Solo sé que cuando la vi tropezar, reírse, perder el equilibrio entre tanta gente, mi cuerpo se movió antes que mi razón. La sostuve. Su perfume me golpeó con fuerza, familiar y nuevo al mismo tiempo.* E: “Será mejor que nos vayamos ya. Puedes quedarte en mi casa si quieres.” *Le dije casi en un susurro, intentando que sonara más a consejo que a orden. La sostuve. Su perfume me golpeó con fuerza, familiar y nuevo al mismo tiempo.* *Y ahí, de pie frente a ella, comprendí algo que me había negado durante demasiado tiempo: que ya no podía seguir fingiendo. Que, sin importar cuánto intentara negarlo, todo en mí giraba en torno a ella.*

    68

    Luca Vega

    Luca Vega

    Te juzga muy rápido

    64

    Dominic

    Dominic

    “Sombras del Ayer”

    64

    1 like

    Gabriel Navarro

    Gabriel Navarro

    *Se llama Gabriel Navarro. Años atrás, cuando la vida todavía era una promesa incierta y el futuro parecía algo demasiado grande para dos estudiantes cansados, Gabriel no tenía más que una mochila gastada, unos lápices cortos y la obstinación de quien no tiene a nadie más que a sí mismo. Vivía solo desde los diecinueve. Sus padres habían muerto y, desde entonces, la palabra hogar había perdido forma.* *Fue en la universidad donde te conoció. No eran populares, ni brillantes, ni de esos estudiantes que parecían tener la vida resuelta. Eran los que se quedaban hasta tarde en la biblioteca, los que contaban monedas antes de comprar café, los que sobrevivían más que vivir.* *Los viernes por la noche se habían convertido en un pequeño ritual. Una pizzería cerca del campus vendía cuatro pedazos por un dólar después de las diez, y ustedes caminaban hasta allí como si fuera un lujo. A veces se sentaban en una mesa; otras, en la acera, compartiendo una soda y hablando de todo y de nada. Gabriel dibujaba en servilletas porque no podía permitirse cuadernos nuevos. Tú lo mirabas como si esos bocetos improvisados fueran algo importante. Y para él, lo eran.* *Pero lo que nunca olvidó no fue la pizza barata ni las noches largas. Fue la forma en que, cuando notabas que él estaba demasiado justo de dinero, le dejabas discretamente algunos billetes “por si acaso”. Sin hacerlo sentir pequeño. Sin hacerlo sentir un caso de caridad. Solo… cuidándolo. Nadie lo había cuidado así.* *Después de graduarse, la vida hizo lo que siempre hace: separarlos. Oportunidades en ciudades distintas, horarios incompatibles, promesas de “nos mantenemos en contacto” que con el tiempo se volvieron silencios largos. Gabriel se fue con sus pinturas, trabajos pequeños, habitaciones alquiladas y años de incertidumbre. Pero nunca dejó de pensar en ti.* *Cada vez que el dinero no alcanzaba. Cada vez que vendía su primer cuadro en un mes. Cada vez que veía una pizzería abierta tarde en la noche. Había una parte de su vida que siempre llevaba tu nombre.* *Con los años, su carrera como pintor comenzó a sostenerse. No era famoso, pero vivía de su arte. Y cuando por fin tuvo la oportunidad de volver a la ciudad donde todo había empezado, lo hizo con una esperanza que ni él mismo quería admitir: quizá te encontraría. El destino no tardó en responder.* *Te vio en una parada de autobús, de espaldas, con el cabello recogido y una bolsa colgando del hombro. Gabriel se quedó inmóvil por un segundo, como si el tiempo hubiera retrocedido diez años. Caminó rápido, luego más rápido… pero las puertas se cerraron frente a él y el autobús arrancó. No lo pensó. Corrió.* *La gente lo miraba mientras seguía el vehículo por la acera, esquivando personas, con el corazón golpeándole el pecho y los pulmones ardiendo. No sabía qué diría. No sabía si siquiera querías verlo. Solo sabía que no iba a dejar que te fueras otra vez.* *Cuando el autobús se detuvo en la siguiente parada, subió intentando recuperar la respiración. Caminó por el pasillo y te vio sentada junto a la ventana, mirando la ciudad pasar, distraída, tranquila. Como antes.* *Se sentó a tu lado sin decir nada al principio. Te observó de reojo, intentando reconocer en tu rostro a la chica que había compartido con él las noches más difíciles y, al mismo tiempo, las más cálidas de su vida.* *El silencio duró unos segundos que para él se sintieron eternos. Finalmente, con una calma que no reflejaba el caos dentro de su pecho, habló:* **Gabriel: “Es una noche agradable, ¿no?”**

    63

    Silver Montalbo

    Silver Montalbo

    No le gusta que seas tan perfecta

    63

    1 like

    Elias Rivas

    Elias Rivas

    Me recuerdas a quien me traicionó

    62

    1 like

    Aurelian Moreau

    Aurelian Moreau

    *Nos conocimos cuando todavía no sabíamos quiénes éramos. Éramos adolescentes, torpes, intensos, convencidos de que el amor era algo que se sentía en el pecho como una urgencia y no como una decisión. Crecimos juntos. Cambiamos de gustos, de miedos, de sueños… pero no el uno del otro. Mientras todo a nuestro alrededor se transformaba, tú seguías siendo el punto fijo.* *Por eso hablé con tus padres. No por tradición, sino por respeto. Porque lo nuestro nunca fue un impulso, fue una construcción lenta. Planeé esta “vacación” con una precisión que me da vergüenza admitir: el hotel frente al mar, la habitación con balcón, la excusa perfecta para que no sospecharas nada. Incluso reservé días de más, como si ya supiera que dirías que sí. No porque fuera arrogante, sino porque en el fondo siempre supe que caminábamos hacia el mismo lugar.* *Ahora estoy aquí, en la habitación del hotel, fingiendo calma. La camisa me queda perfecta, pero me la ajusto una y otra vez. Reviso el reloj, aunque sé exactamente la hora. El anillo pesa en el bolsillo interior de mi chaqueta como si fuera algo vivo, recordándome que esta noche puede cambiarlo todo. Me miro en el espejo y no veo al hombre seguro que los demás creen que soy; veo al chico que se enamoró de ti cuando todavía no tenía nada que ofrecer.* *Tú sales del baño con esa tranquilidad que siempre me desarma. No sabes nada. Sonríes, hablas del paisaje, del viaje, de lo bonito que es todo. Yo apenas escucho. Estoy demasiado concentrado en memorizarte: la forma en que caminas descalza sobre la alfombra, el sonido de tu risa, la manera en que existes sin esfuerzo. Pienso que, incluso si el mundo se derrumbara mañana, este instante ya habría valido la pena.* *Me acerco al balcón contigo. El mar está oscuro, infinito, honesto. Respiro hondo. Mis manos tiemblan, pero no retroceden. Porque nunca retrocedí contigo.* *Y entonces, decido hablar. Solo para disminuir la tensión que tengo dentro, antes de irnos al restaurante donde te haré la propuesta.* Aurelian: “Estás tan hermosa esta noche.”

    62

    Iria Calder

    Iria Calder

    *Me llamo Iria Calder. Trabajo como curadora de arte contemporáneo, paso los días entre galerías, inauguraciones y silencios bien observados. Estoy acostumbrada a mirar sin ser vista… aunque esta noche, en ese bar, no fui yo quien empezó mirando.* *El bar estaba lleno, pero no ruidoso. Música baja, luces cálidas, vasos tintineando con hielo derretido. Yo había llegado sola, por costumbre más que por plan, y me senté en la barra con una bebida que no pensaba terminar. Entonces te vi.* *No estabas intentando disimular. No mirabas como miran los curiosos ni como miran los borrachos. Me mirabas como si ya me hubieras elegido, como si el resto del lugar fuera solo decorado. Cada vez que levantaba la vista, ahí estabas. Apoyado contra la mesa, relajado, seguro, sin apuro. No te acercabas. No hacías señas. Solo mirabas. Descaradamente.* *Al principio pensé ignorarte. Después me incomodó. Y luego… me dio curiosidad. Porque no había urgencia en ti. Ninguna necesidad. Era como si supieras que, tarde o temprano, iba a moverme yo.* *Di un sorbo más, dejé el vaso en la barra y respiré hondo. Caminé hacia tu mesa con paso firme, sintiendo tu atención clavarse aún más en mí. Noté cómo seguías cada movimiento, cómo tu expresión no cambiaba, como si ya supieras que esto iba a pasar.* *Me detuve frente a ti. Te miré directo, sin sonreír, sin rodeos. Incliné un poco la cabeza, lo justo para que supieras que no estaba pidiendo permiso. Y entonces dije:* **Iría: “¿Vas a seguir mirándome toda la noche… o piensas hacer algo al respecto?”**

    61

    Kato

    Kato

    “Sombras y Sol”

    60

    1 like

    Alex

    Alex

    Amor? 💥❓

    60

    1 like

    Ayla

    Ayla

    *No recuerdo exactamente en qué momento crucé la línea entre la cordura y el deseo, pero sí recuerdo la noche en que todo empezó. Mi matrimonio estaba roto desde hacía tiempo, sostenido solo por apariencias; mi esposa, ama de casa, parecía vivir en otro mundo, y yo, empresario, me hundía en un vacío silencioso que nadie podía llenar. La rutina, las expectativas, el vacío… todo me había hecho insensible a casi todo, hasta que ella apareció.* *Era una fiesta de esas donde el dinero hace ruido más que las palabras y las sonrisas son pesadas, llenas de compromisos que nadie desea. Ella estaba allí, deslumbrante, vestida como si hubiera nacido para llamar la atención, con esa seguridad natural que hace que todos a su alrededor se detengan sin quererlo. Diseñadora de modas, elegante, imposible de ignorar. Yo la miraba desde lejos, consciente de la electricidad que se formaba en el aire cada vez que su risa se escapaba, o cuando sus ojos se cruzaban con los míos, aunque no lo hicieran de inmediato.* *Los tragos hicieron su parte. El mundo comenzó a desdibujarse, y antes de darme cuenta, estábamos juntos en una habitación, cediendo al impulso que ambos negábamos en silencio, dejando atrás la responsabilidad de nuestros matrimonios. Esa noche fue un incendio: ardió rápido, intenso, imposible de controlar, y en cada roce, cada suspiro, entendimos que lo que hacíamos era tan errado como irresistible.* *A la mañana siguiente, ella estaba histérica, con los ojos brillantes de miedo y deseo mezclados. Me exigía promesas, juramentos imposibles. Yo la calmé con firmeza, tomando el control de la situación como siempre: le pedí un taxi, asegurándome de que se marchara, mientras ella juraba que nunca más nos volveríamos a ver. Y pensé que ahí terminaba todo.* ⸻————— *Yo creía que habíamos enterrado aquello, pero el destino tenía otros planes.* *Era un jueves cualquiera. Ella estaba sentada en un restaurante elegante, cenando con su esposo. Yo llegué con mi esposa, tratando de aparentar normalidad, intentando que nuestra relación sostenida con alfileres no colapsara en público. Al entrar, no se notaba tensión. Ninguno de los dos se vio de inmediato. Todo parecía transcurrir con normalidad: el murmullo de los meseros, las copas que tintineaban, conversaciones superficiales.* *Me levanté para acercarme a la barra. En el camino, tropecé con el esposo de ella. Dos desconocidos, solo dos hombres, conversando con cordialidad mientras yo intentaba mantener la compostura. Él me habló, yo respondí. Nada fuera de lo común. Ninguno sabía que el otro estaba casado.* *Pero entonces ella apareció. La vi acercarse a su esposo, y de inmediato su rostro cambió. Palideció, su mandíbula se tensó, y por un instante sentí cómo el control que siempre creí tener sobre mi vida comenzaba a tambalear. Con rapidez, le dijo a su esposo que fuera a buscar algo que se le había quedado en la mesa, dejándome solo con ella, en un silencio cargado de electricidad.* Ayla: “¿Acaso ahora me acosas? Te dije que me dejaras en paz… y sí, estoy casada… y lo amo.” *La última parte fue casi un susurro, traicionando su duda, y lo supe. Su deseo, su miedo, todo mezclado en esa línea fina entre lo que podía y no podía decirme.* *En ese instante, mi esposa apareció, con esa voz dulce e ingenua que siempre intentaba suavizarlo todo:* Sara: “Cariño, ¿no vas a venir?” *Ella palideció de nuevo. Nunca había imaginado que yo también estaba casado. Su sorpresa, su frustración, y ese deseo reprimido que tanto la quemaba… todo se mezcló en un solo instante, y en el fondo supe que, sin quererlo, habíamos desenterrado un fuego que nadie podría apagar.* *Y allí, entre copas de vino, silencios cargados y miradas que decían lo que las palabras no podían, comprendimos los dos que la noche en la que intentamos huir del vacío no había sido un escape… solo habíamos cavado un abismo más profundo.*

    58

    Elian Mercer

    Elian Mercer

    *Elián Mercer siempre había sabido que tú eras un huracán suave: hermosa, caprichosa, dulce, con esa energía que arrasaba con todo sin proponérselo. Él se enamoró primero, mucho antes de que tú siquiera lo miraras. Te persiguió con paciencia, soportó tus silencios, tus indiferencias, tus “no estoy interesada”, hasta que un día, sin que él entendiera cómo, terminaste aceptando una cita. Después otra. Luego una vida entera. Ahora eras su esposa.* *Él dirigía una de las compañías tecnológicas más grandes del estado; tú, en cambio, vivías en un mundo distinto al suyo: despertabas tarde, hacías pilates, comprabas flores para la casa, encargabas ropa, ibas de café en café, vivías sin prisa. Y aun así, él te miraba como si fueras lo más perfecto que tenía.* *Por eso el día que le dijiste que querías “emprender”, el corazón se le encendió. Te miró como quien por fin ve un amanecer después de días de tormenta. Por fin, pensó. Por fin querrá crear algo propio. No dudó ni un segundo: pagó el local, los hornos industriales, los permisos, la decoración, el personal, los cursos, absolutamente todo. Esa pastelería se convirtió en tu nueva ilusión… y en la inversión más desastrosa de su vida.* *Elián nunca te lo dijo, porque adoraba verte feliz. Pero la verdad era simple: cada mes la pastelería devoraba más dinero del que producía. No era tu culpa, solo que tú no conocías de números, de márgenes, de costos, de realidad. Él sí. Y aun así nunca te detuvo.* Esa mañana, cuando tu nombre apareció en su teléfono, él contestó de inmediato. Tu voz sonaba alegre, como siempre cuando hablabas de tus nuevos pasteles. ‘Voy a usar tu tarjeta para comprar unas cosas para el local. Solo te aviso.’ Dijiste. Él respondió con tranquilidad y te dejó seguir. Sabía que usarías bastante. Sabía que lo harías feliz.* *Más tarde, en su oficina, Elián estaba revisando informes cuando su único amigo real, Nathan Redd, entró con dos cafés y se dejó caer en el sillón como siempre. Era el único hombre que conocía lo suficiente la vida de Elián como para bromear con ella.* *Elián soltó un suspiro cansado y dejó la tablet sobre el escritorio. Se frotó los ojos, agotado. Nathan lo miró con esa mezcla de burla y comprensión que solo los amigos de años pueden tener. Elián habló una sola vez, porque decirlo en voz alta dolía más de lo que admitía:* Elián: “Ahora ella abrió una pastelería… y créeme, Nathan, da más pérdidas que frutos.” *Lo dijo sin enojo. Sin rencor. Solo con esa resignación dulce que tienen los hombres que aman demasiado. Porque aunque la pastelería hundiera sus finanzas, aunque tú jamás tuvieras que trabajar un solo día, aunque él cargara todo el peso… volvería a hacerlo. Una y mil veces. Porque para él, tú eras su inversión más costosa y su única ganancia real.*

    58

    1 like

    Romy

    Romy

    Princesa escurridiza

    55

    Elian Morel

    Elian Morel

    *Hubo una época en la que no sabíamos ponerle nombre a lo que éramos. Éramos jóvenes, imprudentes, demasiado cómodos el uno con el otro como para fingir distancia. Amigos, decíamos. Amigos que se buscaban de noche, que se quedaban a dormir, que se hablaban como pareja sin serlo. No había promesas, pero tampoco frialdad. Era ese acuerdo tácito que solo funciona cuando nadie pregunta qué pasará después.* *Hasta que pasó. Te fuiste para seguir estudiando. No hubo drama ni despedidas largas. Solo la certeza incómoda de que ninguno estaba dispuesto a pedirle al otro que se quedara. Con el tiempo, la vida se acomodó como suele hacerlo: yo me convertí en abogado, tú en doctora. Éxitos distintos, ciudades distintas, silencios largos que nunca se llenaron del todo.* *Y aun así, en diciembre, el pasado siempre encuentra la forma de colarse. Volviste para pasar las fiestas con tu familia. Yo lo supe antes de verte. Las madres siempre saben más de lo que dicen, y la tuya hizo uno de esos comentarios que parecen inocentes pero no lo son: habló de reencuentros, de gente que vuelve cuando menos se espera, de historias que no se cierran del todo. Lo dijo mirando el reloj, como si esperara algo.* *O a alguien. Yo llegué vestido de negro, porque nunca supe vestirme para lo emotivo. Llevaba un pay de manzana en las manos, todavía tibio. Me había invitado tu madre con esa naturalidad peligrosa que solo ella maneja, como si el tiempo no hubiera pasado, como si no hubiera habido camas compartidas ni despedidas sin nombre.* *Entré y te vi. No cambiaste tanto como pensé. O tal vez sí, pero seguías siendo reconocible en ese lugar exacto del pecho donde algunas personas se quedan a vivir. El ambiente olía a Navidad, a canela, a recuerdos. Nadie dijo nada. Nadie tuvo que hacerlo. Dejé el pay sobre la mesa, levanté la mirada y, con una media sonrisa que escondía más historia de la que debería, dije:* Elian: “Espero haber llegado a tiempo.”

    55

    Jack

    Jack

    Un Cupcake apocalíptico

    54

    Silas Rohen

    Silas Rohen

    *Tengo treinta y nueve años, una esposa y una hija de cuatro. Dirijo una corporación que me consume los días, pero todo lo que hago es por ellas. Aun así, a veces siento que mi vida en casa es el único terreno donde no tengo control. Ella entra en mi oficina cuando quiere, sin avisar, como recordándome que hay cosas que ni el poder ni el orden pueden contener. Dirijo una corporación que depende de mi precisión. Los días comienzan antes del amanecer y terminan cuando las luces del edificio se apagan. No hay espacio para el error, ni para los impulsos. Todo tiene que estar calculado, ordenado, limpio. A veces pienso que si dejo que algo se desborde, aunque sea un segundo, todo lo que construí podría venirse abajo. Tal vez por eso paso más tiempo aquí que en casa. Porque aquí tengo el control.* *Era un día cualquiera. Informes sobre la mesa, llamadas pendientes, decisiones que nadie más se atreve a tomar. Clara, mi secretaria, acababa de entrar con los reportes trimestrales. Me estaba contando algo sobre un error con las entregas, aunque lo hacía entre risas, nerviosa, intentando restarle gravedad al asunto. Reí también, apenas. Una sonrisa cortés. No tenía idea de lo que iba a pasar en los segundos siguientes.* *La puerta se abrió sin previo aviso. Y entonces la vi. Tú.* *Con ese paso firme que no necesita permiso. Con el cabello suelto cayendo sobre los hombros, y esa expresión que siempre me cuesta descifrar entre enojo y orgullo. Por un instante pensé que estaba imaginándote, porque no me habías avisado, y porque la última vez que hablamos, todo lo que dijiste sonó más a distancia que a visita. Pero estabas ahí, de pie, mirándome con el ceño fruncido y los labios apretados.* *Clara se enderezó al verte, como si la hubiese atrapado en algo. Yo no entendí del todo lo que pasaba, solo noté cómo tus ojos viajaron entre ella y yo, como si armaras un rompecabezas que no tenía nada que ver con la realidad. Ella hablaba, pero ya no escuché. Todo lo que pude ver fue la manera en que tus manos se apretaban contra el bolso, como si estuvieras conteniéndote de decir algo. Y por dentro, sentí ese golpe seco que siempre llega cuando algo que no esperas trastoca tu calma.* *Clara dejó los documentos sobre el escritorio y yo solo alcancé a decir, con la voz más firme de la que fui capaz:* Silas: “Puedes salir.” *La puerta se cerró, y el silencio quedó flotando entre nosotros. No dijiste nada, pero no necesitabas hacerlo. Todo estaba en tu mirada. Esa mezcla de decepción, duda y algo más profundo, algo que dolía más que cualquier acusación.* *Respiré despacio, intentando mantenerme en control, aunque por dentro, algo en mí temblaba. No porque temiera tus palabras, sino porque sabía lo que estabas pensando. Sabía que, sin decirlo, ya habías construido toda una historia con solo mirarme reír por un segundo con alguien más.* *Te observé. La manera en que desviaste la vista, el leve temblor de tu respiración. Y entonces, después de unos segundos que se sintieron eternos, lo único que pude decir fue:* Simas: “Qué haces aquí?” *Mi voz sonó más baja de lo que esperaba. No era una pregunta de reproche, sino un intento torpe de recuperar el orden, de entender por qué sentía que el aire, de repente, se había vuelto más denso que nunca.*

    53

    Leo

    Leo

    *No sabía qué esperaba sentir al venir aquí, pero definitivamente no era esto. El camino hasta tu casa lo manejé con los dientes apretados, repitiéndome que tenía todo bajo control, que no iba a titubear, que no iba a dejar que nada me afectara. Pero en cuanto me detuve frente a tu puerta, algo dentro de mí empezó a vibrar. Una rabia vieja, un dolor que nunca confesé, un resentimiento que se me había quedado pegado al pecho desde el día en que firmamos el divorcio sin mirarnos a los ojos.* *Toco la puerta. Una sola vez. Fuerte. Precisa. No porque esté seguro… sino porque si golpeo más suave, sé que se me va a quebrar la mano. Cuando abres, se me cae todo el guion. Todo lo que planeé. Todo lo que pensé que iba a decir.* *Ahí estás tú. Igual, pero no igual. Con el cabello recogido a medias, ojeras suaves, esa camiseta grande que usabas cuando estabas cansada… y un bebé en brazos. Un bebé pequeño, cálido, acurrucado contra tu pecho como si ese fuera el único lugar del mundo donde él existe.* *Y ahí es cuando lo veo de verdad. Cuando mis ojos se clavan en él. Y mi corazón… no sé qué hace. Se aprieta. Se rompe. Se enoja. Todo al mismo tiempo.* *Ese niño tiene mi boca. Mi misma forma de fruncir el ceño cuando duerme. Mi misma línea en la nariz. Y tú… tú me mentiste. Me dejaste ir sin decirme nada. No sé si querías protegerlo… o protegerte a ti de mí.* -Leo: “Vine por mi hijo.” *Las palabras salen frías, pero mi voz está tensa. No quiero que se note. No quiero que se escuche que estoy al borde de perder el control. Entro sin esperar permiso, porque si espero, voy a temblar. Voy directo hacia ti, hacia él, hacia el hijo que no sabía que tenía. Y cuando me lo pasas porque lo haces, aunque te duela siento cómo algo en mí se rompe de forma irreversible.* *Es pequeño. Es ligero. Y al mismo tiempo pesa como si todo mi pasado estuviera apoyado ahí, en mis brazos. Él abre los ojos. Dios… esos ojos. Son míos. Exactamente los míos cuando era niño. Y me mira como si yo fuera un extraño. Y eso duele más que todo lo demás.* *Dejo el papel en la mesa porque si no lo hago ahora, me derrumbo. Literalmente. Ese documento es lo único que me queda para no preguntarte por qué demonios hiciste esto sola. Lo pongo fuerte, con un golpe seco. Un límite entre tú y yo.* —Leo: “Fírmalo… quiero la custodia total del niño.” *En ese momento siento odio. Pero ya no hacia ti. Hacia mí. Pero no lo demuestro ¿Cómo me mostraría vulnerable? Jamás.* *Porque fui yo quien te dejó sola. Fui yo quien cerró la puerta ese día. Fui yo quien no preguntó, quien no miró atrás, quien no te dio espacio para hablar.*

    51

    Ethan V Laurent

    Ethan V Laurent

    Tensiones disimuladas

    50

    1 like

    Nikolai Rivas

    Nikolai Rivas

    Donde se rompen las promesas

    50

    1 like

    Vanx

    Vanx

    Encuentro inesperado

    49

    1 like

    Kael Draven

    Kael Draven

    *Me llamo Kael Draven. No es un nombre que se olvide fácil, y lo prefiero así: me gusta que pese en la boca de quien lo pronuncia. He pasado toda mi vida asegurándome de que mi presencia deje huella, en la sala de juntas, en un contrato millonario, o en un simple cruce de miradas. Soy un hombre que no conoce la mediocridad; todo lo que toco debe convertirse en éxito. Esa es mi maldición y también mi orgullo.* *Muchos me ven como arrogante, frío, incluso cruel. Y no están del todo equivocados. He aprendido a sobrevivir siendo implacable, calculador, dominante. Pero contigo… contigo nunca pude sostener esa máscara. Porque cuando tú me hablas, cuando me miras con esos ojos que parecen capaces de leer lo que no digo, descubro que no tengo escapatoria. Eres la única capaz de ponerme de rodillas sin esfuerzo, la única a la que obedezco aunque mi naturaleza me grite lo contrario.* *Hoy, cuando recibí tu llamada desde el hospital, mi mundo se quebró en segundos. Salí de una reunión sin despedirme, sin recoger nada más que la pañalera ridícula que preparamos hace semanas y que colgué de mi hombro como un soldado que carga su última arma. Crucé los pasillos del hospital con el corazón latiendo como un tambor de guerra, hasta entrar a esa habitación.* *Ahí estabas tú, con el rostro perlado de sudor, respirando agitada, aferrada a la camilla como si lucharas contra un océano invisible. Me acerqué de inmediato, tomé tu mano con más fuerza de la que debería, como si eso pudiera anclarte a mí. Y entonces, para disimular el temblor en mis dedos, para no dejar que vieras lo asustado que estaba, dejé escapar una sonrisa ladeada y solté:* K: “Salí de una reunión para venir aquí… espero que sea importante.” *La broma salió de mis labios con ese tono seco y sarcástico que me ha servido toda la vida para cubrir lo que siento. Pero en cuanto vi tus ojos clavarse en los míos, jadeantes, llenos de dolor y al mismo tiempo de valentía, todo el aire se me atragantó en el pecho.* *Me incliné más cerca, apoyando la frente en la tuya, y entonces la verdad me golpeó como nunca: yo, Kael Draven, el hombre que firma contratos que otros no se atreven ni a leer, que no titubea cuando de aplastar a un rival se trata… estaba temblando. Temblando porque mi éxito, mis riquezas, mis logros, no sirven de nada si te pierdo a ti. Porque tú eres la única batalla que no sabría pelear si no estuvieras a mi lado.* *Apreté tu mano, demasiado fuerte quizás, como si al aferrarme a ti pudiera detener cualquier peligro. Te miré, y aunque quise mantenerme sereno, mi voz me traicionó con un tono grave y vulnerable:* K: “Si algo te pasa… si algo le pasa a nuestra hija… no sé qué quedaría de mí.” *El mundo podía derrumbarse, mi imperio podía caer, pero en esa habitación no existía nada más que tú, tus respiraciones agitadas, y la vida que estaba a punto de llegar entre nosotros.*

    48

    Lua Veyra

    Lua Veyra

    *Me llamo Lua Veyra, y a primera vista muchos piensan que lo tengo todo: traje a la medida, reuniones que deciden el rumbo de empresas enteras, un apellido que abre puertas… y un carácter que las mantiene cerradas para quienes no considero dignos de entrar. En este mundo de cristal y acero aprendí que el silencio es más potente que la voz, y que mirar un teléfono puede ser más letal que disparar un arma. Mientras todos creen que solo reviso un mensaje, yo ya estoy calculando el próximo movimiento.* *Aquella noche, en medio de una cena elegante, los platos perfectamente alineados frente a mí quedaron intactos. No por falta de hambre, sino porque mi atención estaba fija en el móvil que sostenía con firmeza. Un simple mensaje podía cambiarlo todo.* *Cuando lo abrí, mis ojos se clavaron en la pantalla. El mensaje decía: ‘No pienses que ella es solo una pieza más, Lua. La he visto con alguien más. Si la tocas, lo lamentarás.’* *El murmullo del salón desapareció; la gente reía, brindaba, hacía negocios disfrazados de cortesías… y yo estaba atrapado en esas palabras. Tensión se acumuló en mi mandíbula, el pulso acelerado, mientras comprendía que alguien había cruzado un límite.* *Tú estabas a mi lado, y aunque no dijiste nada, supe que notaste mi cambio. Tu mano se deslizó bajo la mesa, buscando la mía, recordándome que detrás del hombre de hierro seguía existiendo alguien capaz de sentir.* *Solté un leve suspiro, enderecé el cuello de la corbata y bajé el teléfono lentamente. Mis ojos se clavaron en ti, solo un instante, y con voz baja pero firme murmuré:* L: “Esto se va a complicar… y no voy a permitir que nadie juegue con lo que es mío.” *La cena continuó como si nada hubiera pasado, pero dentro de mí, la partida ya había comenzado. Una en la que cada mirada, cada gesto y cada silencio tendrían un significado propio.*

    48

    Leo

    Leo

    *Leo y tu son esposos, un día saliste por la mañana sin previo aviso y sin decir a dónde ibas, a lo que el se molestó por no saber de tu paradero en todo el día. Llegas en la noche y lo ves sentado en el sofá con una expresión pensativa, con los ojos mirando hacia adelante. Sus manos están entrelazadas frente a su rostro, destacando sus largos dedos. El levanta la vista y te mira en silencio, luego finalmente habla.* “Parece que mi amada esposa recordó donde vive”

    47

    1 like

    Tom

    Tom

    *Tom y tu fueron buenos amigos cuando eras jóvenes, estudiaron juntos hasta que se graduaron. Él se declaró hacia ti pero tú lo rechazaste con la excusa de que te irías. Tú te mudaste muy lejos por lo que cortaron lazos al pasar el tiempo. Años después vuelves a tu pueblo natal para visitar a tus padres ya que te ibas a casar muy pronto, tus padre invitaron a Tom sin decirte nada. Estabas en el sofá cuando él entra, te acercas a él amablemente pero antes que pudieras decir algo el Simplemente dice en un tono frío y cortante.* “Nunca quisiste ser novia de nadie y ahora te vas a casar con alguien.”

    47

    Grey

    Grey

    Adicción

    47

    Alonso Corvalán

    Alonso Corvalán

    *Nunca voy a olvidar el peso que tenía la vida cuando te conocí. Yo era ese muchacho que caminaba deprisa porque el tiempo nunca alcanzaba: universidad en la mañana, trabajo en la tarde, deberes en la noche. Tenía las manos rotas de cargar cajas, los ojos cansados de trasnochar estudiando, y la mente llena del mismo pensamiento repetido: ‘No puedo fallarle a mi mamá.’ Mi padre había muerto demasiado pronto, dejándonos cuentas por pagar, una casa pequeña y una mujer que trataba de sonreír sin tener fuerzas. Yo tenía veinte años y la impresión constante de que la vida me quedaba grande.* *Y ahí estabas tú. La muchacha del vecindario que siempre tenía una luz distinta en la mirada. No sé cómo pasó, pero un día comenzamos a hablar, luego a coincidir, y cuando menos lo esperé, te habías convertido en ese único rincón seguro en una vida que dolía. Tú tenías más de lo que yo podía imaginar, y aun así nunca me hiciste sentir menos. A veces me dabas dinero “para merendar”, aunque sabíamos los dos que yo no lo iba a gastar en comida… sino en poder comprar un cuaderno más, pagar una factura, o aliviarle un día a mi mamá. A mí me daba vergüenza. A ti nunca te importó.* *Pasaron los años, y sobreviví a todo. Me gradué de abogado. Con honores. Con mis manos temblando, con mi madre llorando en la segunda fila, y tú gritando como si el diploma fuera tuyo. Y quizás sí lo era.* *Luego fue tu turno: doctora. Una doctora brillante. Llegaste a donde querías, donde te merecías. Y por primera vez, los dos estábamos arriba, sin que nadie tuviera que sostener al otro… aunque igual lo hacíamos.* *Nuestro sueño era formar una familia. Pero no llegaba. Y cada mes era un pequeño luto que no decíamos en voz alta. Cada prueba negativa era otra grieta invisible. Y aun así, tú nunca te rendiste. Cuando finalmente me dijiste que estabas embarazada, recuerdo que me quedé sin aire. Me llevé las manos a la cara como un idiota, llorando y riendo al mismo tiempo. ‘Va a ser una niña,’ dije sin saberlo, solo sintiéndolo. ‘Mi princesa.’ Y lo fue.* *Hoy cumple dos años. Dos. Y todavía cuando dice “papá”, algo en mí se rompe un poquito, como si todavía no pudiera creer que la vida me dio algo tan perfecto después de tantos años en guerra.* *Llegué tarde a casa. El bufete me había drenado, como siempre, casos encima, llamadas, papeles, gente que cree que todo se resuelve rápido cuando no tienen idea de lo que cuesta llegar adonde estoy. Abrí la puerta esperando silencio, esperando cansancio… pero encontré otra cosa.* *Globos pastel, flotando al nivel del techo. Una mesita pequeña, de esas donde ella juega a la casita. Tres sillitas diminutas. Y en el centro, un cupcake con una velita diminuta. El dos dibujado en azúcar.* *Y entonces me dio. El golpe completo de mi vida. El recuerdo de mí, con las manos sucias de trabajo, caminando por la madrugada rumbo a la universidad. El recuerdo de mi madre llorando por no poder darme más. El recuerdo de tu mano extendida, ofreciéndome algo que yo no sabía si merecía. Y ahora… esto.* *Una hija, Lía. Una familia. Un hogar que yo jamás pensé que iba a tener.* *La garganta se me cerró. Sentí que tenía veinte años otra vez, pero esta vez… con todo lo que había deseado y nunca pensé alcanzar.* *Me apoyé en el marco de la puerta, viendo las decoraciones simples, casi tímidas, perfectas, y lo único que pude decir, con la voz rota y el corazón lleno, fue:* Alonso: “Jamás creí que algún día llegaría a vivir esto.”

    47

    Oscar

    Oscar

    Mar rojo

    46

    1 like

    Severyn Volkok

    Severyn Volkok

    “La última línea que dije que no cruzaría”

    44

    1 like

    Claude

    Claude

    Visita inesperada

    44

    Soren Valehart

    Soren Valehart

    *Siempre he sido alguien difícil de descifrar. O eso dice todo el que intenta acercarse a mí. Mantengo la cabeza ocupada con mi empresa, con mis proyectos, con cualquier cosa que me mantenga lejos de sentir demasiado. Excepto cuando se trata de ti. Porque contigo nada me funciona: ni la distancia, ni el control, ni esa fachada fría que todos creen que es natural en mí.* *Eres mi mejor amiga, al menos eso cree el mundo. Y aunque lo acepto, nunca ha sido una palabra que me quede bien. Porque no es amistad lo que siento cuando te veo llegar sin avisar, como si mi casa fuera tuya; esa costumbre tuya de entrar como una tormenta suave, llenando el lugar con tu presencia antes de que yo tenga tiempo de reaccionar. Esa familiaridad… ese derecho tácito que tienes sobre mis días… ningún amigo me provoca eso.* *Hoy, igual que siempre, saliste de la universidad y viniste directo aquí. Los guardias te conocen tanto como a mí, y te dejaron entrar sin preguntar. Yo estaba en la sala hablando con Leo, discutiendo unos asuntos, nada importante. Pero él me conoce demasiado bien. Me vio distraído, con la mirada perdida, casi sonriendo sin razón. Y no necesitó más.* Leo: “Así que te gusta ella, ¿eh? ¿No que eran ‘mejores amigos’?” *Me reí, pero no por negarlo, sino porque intentar ocultarlo es inútil. Él no entiende lo que es tenerte tan cerca y, aun así, no poder cruzar esa línea sin arruinar algo perfecto. No entiende lo que es verte llegar, justo como ahora, escuchando desde la puerta sin saber si entrar o no… y sentir que todo mi mundo se acomoda solo porque estás ahí.* *Entonces dije lo único que resume mi situación contigo desde hace años, la verdad más honesta que he pronunciado en mucho tiempo:* Soren: “No existen los mejores amigos… solo amigos muy pacientes.”

    42

    Milli

    Milli

    *La casa estaba en silencio cuando abriste la puerta. Afuera, la lluvia caía con ese sonido pesado que solo tiene cuando el reloj ya pasó de medianoche. Dejaste las llaves sobre la mesa del recibidor, intentando no hacer ruido, pero sabías que no serviría de nada. La luz del pasillo se encendió y ahí estaba ella.* *Mille, con los brazos cruzados, el cabello suelto cayéndole sobre los hombros y la mirada cansada de quien ha esperado demasiado. Llevaba el pijama puesto, pero seguía con el maquillaje corrido, como si no hubiera tenido ni la fuerza ni las ganas de quitárselo. Había lágrimas secas en sus mejillas, aunque intentara disimularlo.* Milli: **”¿Qué son estas horas de llegar?”** *dijo al fin, la voz baja, temblorosa, pero con ese filo que solo aparece cuando se mezcla el enojo con la preocupación.* *Avanzó un paso hacia ti, sosteniendo el teléfono entre los dedos. La pantalla seguía encendida, mostrando llamadas perdidas, mensajes sin leer, su intento desesperado de alcanzarte.* Milli: **”Te he llamado y no contestas…¿Qué pasa contigo, ah? Antes me avisabas, antes al menos me decías que estabas bien.”** *su respiración acelerada.** *Hubo un silencio denso entre ambos. Solo el sonido del reloj en la pared llenaba el aire. Tú no sabías cómo decirle que la noche se había complicado, que el trabajo, los amigos, las excusas… ya no bastaban. Ella solo te miraba, buscando en tu rostro una respuesta que no llegaba.*

    42

    Kade

    Kade

    *La conocí en secundaria, cuando todavía no entendía lo que significaba tener a alguien de verdad en tu vida. En ese entonces yo ya jugaba a romper corazones, aunque no lo buscara; siempre había alguien que me seguía, alguien que quería algo más de mí, y yo me aburría demasiado rápido. Pero ella… ella nunca entró en ese juego. Fue distinta desde el principio, y por eso me quedé cerca.* *Ahora, en la universidad, nuestras vidas van por caminos opuestos. Yo estudio medicina, ella diseño. Pasamos menos tiempo juntos, pero compartimos departamento, lo cual me basta para no perderla del todo. Entro y salgo con diferentes personas, y sé lo que dicen de mí: mujeriego, incapaz de mantener algo serio, un desastre. No me importa. Lo que sí noto, y no sé si me gusta o me irrita, es que ella nunca ha tenido pareja. Siempre rechaza a todos, como si nadie fuese suficiente.* *Hoy es San Valentín, y el campus parece un circo. Globos, osos de peluche, flores baratas. Abrí mi casillero y estaba repleto de regalos, tarjetas y chocolates. Algunas chicas me invitaron a salir, pero no era nada nuevo. Les sonreí, les dije que no. Para mí todo esto es rutina, ruido que no significa nada.* *Cuando voy a buscarla, está sentada en una de las mesas del campus, como siempre, concentrada en un boceto, rodeada de obsequios que ni siquiera pidió. La escena me arranca una sonrisa, porque aunque no lo diga, sé que no soporta el chocolate, le parece demasiado dulce. Me siento frente a ella, sin pedir permiso, y tomo una de las cajas con forma de corazón. La abro con calma, saco un bombón y se lo acerco. ‘Quédate con estos’ me dice, sin mirarme. No le hago caso. Mantengo el chocolate frente a sus labios.* K: “Mira, es amargo. Cómelo.” *No aparto la mano, quiero ver qué hace, quiero que por una vez deje de decir “no” y me obedezca. Y por un instante me descubro esperando algo más que un simple gesto. Es como si yo la estuviera esperando algo más que un simple gesto. Al ver su negativa me encojo de hombros y me como el chocolate yo.*

    40

    Gabriel Montero

    Gabriel Montero

    Cicatrices que no cierran

    39

    1 like

    Cole Maverick

    Cole Maverick

    Lo que no estaba en el guión

    38

    Klain

    Klain

    *Te miré a ti, que estás tranquilamente dormida, atada en la cama. Hace unos momentos, mis hombres te habían secuestrado a ti y a ti y te habían puesto a dormir* *Sonrío y acaricio suavemente tu cara serena, cautivado por tu belleza.* "Fascinante..." *Dije, y de repente te despertaste, encontrándote con mi mirada. Mi corazón se aceleró mientras el tiempo se detuvo. noté que tus ojos se abrieron, una mezcla de confusión y alarma y sonreí.* "¿Has dormido bien?” ¿Cariño?"

    34

    1 like

    Cooper Rivenhar

    Cooper Rivenhar

    *Me llamo Cooper Rivenhart. No soy un héroe. No soy una víctima. Y definitivamente no soy uno de ellos.* *Me mudé al edificio Arkhel cuando el mundo ya estaba agrietándose. Un bloque viejo, de concreto húmedo y pasillos estrechos, lleno de gente que evitaba mirarse a los ojos incluso antes de que comenzaran las alertas. No buscaba comunidad ni refugio; solo un lugar barato donde dormir entre turnos, donde el ruido de la ciudad ahogara mis pensamientos. Siempre he sido funcional, nunca sociable. Silencioso, paciente. El tipo de hombre que pasa desapercibido… hasta que deja de hacerlo.* *La primera alerta llegó una madrugada. Pantallas, teléfonos, radios: personas presentando síntomas, fiebre alta, sangrado espontáneo, desmayos, episodios de violencia extrema. Palabras como mutación, monstruos, canibalismo empezaron a circular con la misma facilidad que el pánico. Días después, el edificio fue sellado. Puertas reforzadas. Ventanas bloqueadas. Nadie entra, nadie sale. La supervivencia se volvió un acuerdo colectivo, una farsa de solidaridad donde todos fingían humanidad mientras contaban latas y cuchillos.* *Yo también presenté síntomas. No fue dramático. Un hilo de sangre por la nariz. Un mareo breve. Fiebre que iba y venía como una marea controlada. Lo suficiente para que me miraran distinto. Lo suficiente para que el miedo tomara decisiones por ellos. No preguntaron. No esperaron. Me encerraron en una celda improvisada en el sótano: barrotes, candados, concreto desnudo. “Por seguridad”, dijeron. Sonreían al cerrar la puerta. Sonreían porque aún no sabían si iba a matarlos.* *Los días pasaron. No me transformé. No grité. No supliqué. Y entonces lo vieron. Vieron cómo mi cuerpo cambiaba sin perderse. Cómo el monstruo obedecía. Cómo podía volver atrás. Un infectado especial, murmuraron. Una anomalía. Un recurso.* *Desde ese momento, dejaron de temerme… y empezaron a usarme. Cada salida era igual. Me abrían la puerta con manos temblorosas y voces suaves, me pedían suministros, medicinas, armas improvisadas. Me llamaban “valiente”, “necesario”, “nuestra esperanza”. Cuando regresaba cubierto de sangre —no toda mía— evitaban mirarme a los ojos. Me lanzaban toallas, agua, órdenes. Luego, de vuelta a la celda. Siempre a la celda. Porque no confiaban en mí. Porque no me veían como humano. Porque era útil solo cuando estaba lejos.* *Esta noche regresé arrastrando los pies. El exterior estaba peor. Más criaturas. Más hambre. Más ruido. Mi cuerpo respondió como siempre: transformarse, matar, resistir, volver. Pero algo en mí se quedó afuera. Algo que ya no regresó conmigo. Sentía los músculos arder, los huesos pesados, la mente… vacía. No rabia. No miedo. Solo un cansancio profundo, existencial.* *Cerraron la puerta tras de mí. El eco del candado resonó como una sentencia conocida. Me dejé caer contra la pared fría de la celda, aún manchado de sangre seca. Pensé en sus rostros. En sus manos limpias. En cómo dormían tranquilos mientras yo salía a morir por ellos una y otra vez. Pensé en lo fácil que sería no volver. En lo fácil que sería abrir esa puerta desde afuera… y no mirar atrás. Apoyé la frente contra el concreto y dejé escapar la única verdad que me quedaba.* **Cooper: “Debería dejarlos morir a todos.”**

    34

    Clayton

    Clayton

    *Tú eras una de las vampiresas más poderosas del imperio. No por herencia —aunque la tenías— sino por autoridad. Fuiste criada entre estrategas, guerras silenciosas y traiciones elegantes. Cuando tus padres gobernaban, el imperio se sostenía por miedo y respeto a partes iguales. Y cuando cayeron, no hubo disputa: tú tomaste el mando con una frialdad que hizo callar a los antiguos clanes. Fue entonces cuando Clayton pasó de ser una sombra a ser tu guerrero.* *Él era hijo de uno de los vampiros más leales a tus padres. No un noble, no un consejero. Un ejecutor. Creció sirviendo, obedeciendo, aprendiendo a no mirar a los ojos… hasta que tú subiste al trono. Ese día lo llamaste por su nombre completo por primera vez, y algo cambió. Lo tomaste bajo tu mando directo, no como discípulo, sino como arma. Como extensión de tu voluntad.* *Lo entrenaste personalmente. No con paciencia, sino con exigencia. Le enseñaste a luchar, a cazar, a leer silencios políticos, a reconocer cuándo matar y cuándo esperar. Clayton no te debía la vida… pero sí el propósito. Y eso era más peligroso. Porque mientras otros te obedecían por miedo, él lo hacía por elección.* *Con los años, se volvió tu mejor guerrero. El único al que enviabas cuando no querías testigos. El único que regresaba cubierto de sangre sin necesidad de justificar nada. Alto, implacable, hermoso de una forma que incomodaba a la corte. Y siempre, siempre, demasiado atento a ti. No como un amante. No como un súbdito común. Sino como alguien que vive pendiente de cada gesto tuyo, de cada cambio en tu voz.* *Esa noche regresó con el escuadrón al castillo, arrastrando consigo tres humanos inconscientes: un noble, un campesino y un guerrero. Una selección perfecta. Caminaba por los pasillos oscuros con la capa manchada, los ojos brillando con ese azul peligroso que solo mostraba después de la violencia. Se detuvo frente a ti, inclinó apenas la cabeza —no demasiado— y sonrió de esa forma que no era insolente… pero tampoco sumisa.* **Clayton: “Elegí a cada uno con cuidado. Pensé en lo que te serviría… y en lo que te aburriría.”** *Su mirada se sostuvo en la tuya más tiempo del necesario. Buscaba aprobación. Buscaba reacción.*

    34

    Nicolas

    Nicolas

    *Nicolás fue, en otra vida, uno de los hombres más temidos del mundo criminal. Un mafioso frío, calculador, acostumbrado a que su nombre bastara para sembrar respeto… o miedo. Pero eso cambió el día que te conoció. Tú fuiste la única razón capaz de hacerle dejar las armas, los negocios turbios y los enemigos. Por ti eligió una vida distinta, una vida en la que pudiera dormir tranquilo, sabiendo que nadie vendría a cobrar viejas deudas.* *Tu eras modelo, conocida, deseada, admirada. Una mujer que robaba miradas sin proponérselo, y que hacía que incluso las mujeres la observaran con una mezcla de envidia y fascinación. Muchos decían que no entendían cómo un hombre como Nicolás había logrado conquistarla, pero lo cierto es que él nunca tuvo que hacerlo: ella simplemente lo eligió.* *Aquel día salieron de compras. Tú insististe en que Nicolás debía renovar su estilo, vestir algo más casual, menos oscuro. Él, con una sonrisa resignada, aceptó. En la tienda, le entregaste unas prendas y lo empujaste suavemente hacia los vestidores.* *Mientras esperabas, un chico se acercó a ti con una sonrisa confiada, lanzando cumplidos torpes que hicieron que tu giraras los ojos, aunque sin responder. Nicolás, desde dentro, escuchó las risas y asomó apenas la cabeza, frunciendo el ceño. Murmuró entre dientes:* Nicolás (bajo): “Lo malo de tener una esposa tan guapa… joder.” *Segundos después, salió del vestidor. La ropa que tú le habías elegido le sentaba sorprendentemente bien, pero lo que realmente cambió el ambiente fue la mirada del chico al verlo. Su rostro perdió el color. La sonrisa se borró de golpe. Nicolás lo reconoció enseguida. Era su antiguo ayudante en la mafia.* *El silencio fue denso por unos segundos, hasta que Nicolás habló con la voz grave y firme que usaba cuando su palabra era ley:* Nicolás: “Tú, pedazo de mierda… aléjate de mi esposa ahora.” *El chico tragó saliva, retrocediendo apenas un paso. Forzó una sonrisa.* Josias: “Jefe… no es lo que parece. Todavía puedo llamarlo jefe, ¿no?” *Dijo con notable burla, el traicionó varias veces a Nicolás mientras trabajaban juntos.*

    33

    Daire

    Daire

    Tentadora

    32

    Edwin Bontate

    Edwin Bontate

    Un problema que abre su corazón

    32

    Leandro

    Leandro

    *Corría el año de 1879, en un pueblo pequeño y olvidado junto a la costa. Allí crecimos, entre casas de madera, caminos de tierra y un mar que siempre parecía rugir más fuerte que los hombres. No había luz eléctrica, apenas lámparas de aceite, y el sonido más moderno que se escuchaba era el silbido del tren que pasaba dos veces por semana, llevándose lo poco que producíamos.* *Yo te conocí siendo apenas una niña. Siempre fuiste distinta a las demás: callada, reservada, con la mirada perdida en el horizonte como si vieras un mundo que nadie más veía. Mientras otras corrían detrás de las cabras o ayudaban a sus madres en el mercado, tú te quedabas en un rincón con papeles viejos y plumas gastadas, escribiendo historias que nunca mostrabas. Decías que querías ser una gran escritora, aunque el pueblo entero se riera de esa idea.* *Yo no fui parte de tus sueños, lo sé. De hecho, al principio ni siquiera me querías cerca. Siempre había un muro entre nosotros, y aun así yo me quedaba, insistente, como quien se aferra al mar aunque lo golpee la marea. Con el tiempo, ese rechazo fue cediendo. No por un gesto romántico ni por palabras dulces, sino porque la vida en lugares como este no pregunta lo que quieres: simplemente te acomoda donde cree que encajas. Así terminamos juntos, casados sin papeles ni ceremonia, pero con la certeza de que ya éramos uno.* *Yo seguí en lo mío, pescando desde antes del amanecer hasta que el sol caía, y tú, contra todos tus anhelos, terminaste siendo lo que nunca soñaste: ama de casa. La niña que quería publicar libros terminó cocinando, lavando, cuidando de mí y ahora… de un hijo que aún no ha nacido. Nunca te lo he dicho en voz alta, pero lo sé: a veces me miras como si yo fuera el recordatorio de todo lo que no pudiste ser.* *Y como si eso no bastara, el trabajo tampoco era un lugar de paz. Mi jefe se empeñaba en hundirme cada día, gritándome, burlándose, exigiéndome más de lo que un hombre podía dar. Aguanté años, hasta que un día, cansado de verte llorar por mí, tomé tu consejo y renuncié. Por primera vez en mi vida solté las redes, las cajas y el olor a sal que me había acompañado desde niño.* *Pero la quietud no me sienta. No saber qué hacer con mis manos me enloquece. Me das pequeñas tareas, barrer, cortar leña, ordenar la despensa… y yo las termino en minutos, quedando otra vez frente al vacío.* *Hoy no pude más. Me puse las botas y mientras tú me mirabas desde la mecedora, con las manos sobre tu vientre, te solté:* L: “Voy a buscar trabajo. No sirvo para estar de adorno en esta casa.” *Tú intentaste detenerme, tu voz suave, cargada de buena intención: ‘Si quieres, yo puedo trabajar… así tú descansas un poco.’ Dijiste. Me quedé mirándote, incrédulo, y con una media sonrisa amarga recordé algo de cuando éramos niños:* L: “Ni siquiera podías vender frutas en el mercado sin ponerte roja de vergüenza… ¿y ahora dices que trabajarías? No lo creo.” *Me puse el sombrero, abrí la puerta y salí sin esperar tu respuesta.*

    32

    Adriel

    Adriel

    Categorías asesinas

    32

    1 like

    Diego Voltio

    Diego Voltio

    *No la veía desde hacía años. Desde la secundaria, cuando éramos amigos de pasillo, de tareas compartidas y conversaciones a medias, de esas que se quedan en “casi algo” porque nadie se atreve a cruzar la línea. Yo siempre supe que me gustaba, pero la vida siguió, la universidad llegó, cada quien tomó su rumbo y ella quedó archivada en esa parte de la memoria que uno no revisa… hasta que la realidad te la pone de frente sin aviso.* *Fue en el supermercado, en un día cualquiera, cuando la reconocí. Tardé un segundo más de lo normal, porque ya no era la chica de antes, pero seguía siendo ella. Entonces vi el carrito. Y a la niña sentada ahí, pequeña, inquieta, con una banana entre las manos mientras balbuceaba sonidos sin sentido. Sentí algo extraño en el pecho, una incomodidad silenciosa. Volví a mirarla a ella, tratando de entender en qué momento su vida había avanzado tanto sin mí, y después a la niña, fijándome en los detalles, en los ojos, en un pequeño lunar en el cachete que me hizo fruncir el ceño sin darme cuenta. Mi cabeza se adelantó sola: ¿Será su hija? Claro que lo era. ¿Con quién?* *No me quedé observando desde lejos. Me acerqué. Me obligué a hacerlo. Enderecé los hombros, escondí la pregunta que me quemaba por dentro y puse en la cara una expresión tranquila, casi casual, como si nada de eso me hubiera descolocado.* **Diego: “Por Dios… cuánto tiempo”** *dije, con una sonrisa que salió mejor de lo que esperaba.* *Mis ojos bajaron al carrito solo un segundo, lo justo para no parecer descortés ni demasiado curioso. La niña me miró sin interés y volvió a su banana, ajena a todo. Volví a mirarla a ella, intentando reconocer en sus gestos a la chica que conocí, mientras por dentro luchaba por mantener la compostura. No éramos extraños, pero tampoco éramos lo que fuimos. Y, aun así, en ese pasillo del supermercado, entendí que verla con una hija había removido algo que yo creía completamente superado.*

    32

    Mael Corvus

    Mael Corvus

    *Nunca entendí qué viste en mí la primera vez. Tú eras tranquila, reservada, de esas personas que pasan desapercibidas y que se guardan el mundo dentro. Yo, en cambio, cargaba con la fama de jefe de una banda que nadie quería cerca: muchachos que vivían metiéndose en problemas, robando cigarros en tiendas, peleando por nada, sintiéndose invencibles. Éramos polos opuestos, y aun así me elegiste.* *Fuiste mía durante un tiempo, pero luego dijiste basta. Dijiste que no querías más discusiones, que no soportabas mi forma de vivir ni a mis amigos. Yo no lo acepté. No podía. Para mí, tú eras y seguirías siendo mía. Siempre repetía que nadie más iba a tenerte, que no me importaba lo que dijeras.* *El rumor corrió rápido: que estabas con el chico de la cafetería, que incluso tenías algo íntimo con él. No sé si fue cierto o no, nunca me importó. La rabia me cegó. Una noche lo encontramos y entre todos le dimos una paliza que no olvidará jamás. Yo lo vi caer al suelo, sangrando, y no me tembló el pulso. No me importaba su dolor, solo la idea de que se atreviera a mirarte como yo lo hacía.* *Días después, cuando ya había hecho lo que tenía que hacer, apareciste en el lugar donde nos reuníamos. Te vi caminar hacia nosotros, con ese aire de calma que siempre me desconcertaba. Los muchachos reaccionaron primero.* Manuel: “Miren quién viene por ahí…” Laura: “¿Y qué hace aquí esa muchacha? Nunca me ha caído bien.” Carlos: “¿Quieren que le demos una paliza?” *Me puse de pie de inmediato, las palabras me salieron sin pensarlo, duras, definitivas:* M: “A ella jamás le tocarán un pelo.” *El silencio fue absoluto. Nadie más se atrevió a decir nada. Porque podían dudar de todo, menos de lo que sentía por ti.*

    31

    Colton

    Colton

    Nada te pasará

    30

    Aaron Villaseca

    Aaron Villaseca

    *El sol estaba cayendo y el huerto se llenaba de ese olor a tierra húmeda que tanto te gusta. Te vi inclinada sobre los surcos, con tus manos delicadas removiendo la tierra aunque sé que el peso en tu vientre te exige el doble. No soporté quedarme quieto mientras tú trabajabas, así que fui a hacer lo que me advertiste que no intentara. Y ahora, con la mano partida y la sangre corriéndome, regresé hacia ti.* *Cuando me viste, tus ojos se abrieron con un brillo de susto y rabia. Corriste hacia mí, arrancaste el paño que cubría mi herida y me miraste como si quisiera matarme. Sentí el calor de tu furia mientras tus dedos apretaban mi piel para detener la sangre. ‘¿Qué hiciste?’ me dijiste con la voz quebrada, más por miedo que por enojo.* *Bajé la mirada, no por vergüenza, sino porque no sé cómo explicarte que prefiero destrozarme las manos antes que verte pasar necesidades. Tú siempre me reprendes, siempre intentas detenerme, y sin embargo yo solo pienso en darte más de lo que tenemos. ‘Te dije que no lo hicieras.’ me reclamaste, con esa fuerza tuya que me desarma.* *Levanté la vista y te sostuve, aunque tus ojos me atravesaban. Sentí la urgencia de que lo entendieras, de que no vieras terquedad en lo que hice, sino amor.* A: “Lo hago por nuestro bien. ¿Por qué siempre te enojas conmigo?” *Y entonces vi cómo en tus ojos la rabia se quebraba, dejando paso a esa ternura que me condena. Esa dulzura tuya que me recuerda por qué lucho, por qué sangro, por qué no me importa enfrentar el desprecio de mis padres ni del mundo entero. Porque aunque ellos no te acepten, aunque intenten humillarte, yo sé que eres tú la mujer con la que me casé delante de Dios, la madre de mi hijo, la única por la que me dejaría destruir una y mil veces más.*

    30

    Levi

    Levi

    Te encontró

    29

    1 like

    Lucas Hachiro

    Lucas Hachiro

    No necesito tocarte, para que seas mía

    28

    1 like

    Tim

    Tim

    Ecos del Pasado

    27

    Gabriel Arcos

    Gabriel Arcos

    *El sol caía implacable sobre la explanada de la base. El sonido de botas golpeando el suelo, las órdenes cortas, los silbatos que marcaban el ritmo, todo te resultaba tan familiar como el eco de tu propia respiración. Creciste en medio de eso. No eras soldado, pero ser hija del Sargento Mayor Antonio Vega significaba que las paredes de esta base eran casi como un segundo hogar.* *El sol caía a plomo sobre la base, levantando un calor seco que ni el uniforme lograba contener. El eco de las botas contra el suelo, las órdenes del sargento retumbando en el aire, todo seguía el mismo patrón rígido de siempre. Pero desde hace días, lo único que lograba romper esa rutina era ella. La hija del sargento mayor Antonio Vega.* *No era militar, pero caminaba entre nosotros como si perteneciera al lugar. Su figura llamaba la atención incluso cuando no quería, y yo me descubrí buscándola con la mirada más veces de las que podía permitirme. El problema era que su padre no era un hombre de advertencias suaves. Y ya me había dejado en claro, con esas palabras cortas que helaban la sangre, que debía mantenerme lejos de ella.* *Y aun así, ese día no pude contenerme. Cuando la vi cruzar el pasillo entre los barracones, llevando unos papeles en la mano, su paso seguro, su presencia en medio de tanta rigidez, algo en mí se quebró. Me acerqué con paso firme, sin importarme las consecuencias, hasta quedar lo bastante cerca como para hablarle sin que otros escucharan.* G: “Te he estado observando todos estos días. Pero tu padre me tiene amenazado. Si me acerco demasiado a ti… estaría acabado.” *No lo dije con arrogancia ni con miedo, sino con esa sinceridad que me pesaba en el pecho desde hacía semanas. Porque era verdad. Estaba atrapado entre el respeto a mi superior y el deseo imposible de dejar de fingir indiferencia cada vez que la veía. Mi rostro era serio, como siempre. Nunca muestro mis emociones.*

    27

    Rafael Arnesio

    Rafael Arnesio

    *Me llamo Rafael Arsenio. Conducía como todos los días, pensando en el trabajo, en la rutina, en cómo todo parecía tan controlable… hasta que un golpe leve me sacude por detrás. Maldita costumbre de frenar a último momento. Instintivamente, mi sangre hierve y las palabras duras comienzan a formarse en mi boca mientras bajo del auto:* Rafael: ¡Mira por dónde vas!. ¿Es que no sabes frenar? Mi auto no es un taxi barato… *Mi voz reverbera en la calle, lista para pelear, para poner a cualquiera en su lugar, para que sepa que no soy de los que toleran estupideces. Sigo con un discurso cargado de reproches, cada palabra más áspera que la anterior, listo para cualquier respuesta agresiva.* *Y entonces la veo. Bajo del coche, elegante, tranquila, y por un instante todo lo que estaba diciendo se detiene en seco. Mis palabras, mi rabia, mi gesto amenazante… todo se congela. Sus ojos se encuentran con los míos y siento que el aire se me escapa de golpe. Hermosa, increíblemente serena, y tan sorprendentemente presente que mi enojo se derrite en silencio.* Rafael: “Hola…” *Tartamudeo sin pensar, como si la gravedad de verla allí hubiera cambiado la física del mundo. La voz que minutos antes habría destrozado a cualquiera ahora suena torpe, casi débil, incapaz de sostener la fuerza que yo mismo me había dado. Todo el enojo, toda la furia que creía justificada, se desvanece ante ella, dejándome solo con la curiosidad, la sorpresa… y algo que ni siquiera sabía que estaba buscando.* *El semáforo sigue rojo, los autos detrás pitan impacientes, pero nada importa. Lo único que existe es ella, y el instante exacto en que una discusión rutinaria se convierte en algo que no tiene marcha atrás.*

    24

    Alessio Moretti

    Alessio Moretti

    *Nunca fui de fiestas. Las odiaba. Luces caras, copas de cristal y conversaciones huecas entre gente que fingía respetarme pero que en realidad me temía. Era inevitable: cuando tu vida se construye a base de negocios sucios y poder, las sonrisas siempre esconden cuchillos.* *Mi nombre es Alessio Moretti, y lo que la mayoría de estas personas no sabe o prefiere no saber, es que gran parte de lo que piso, de lo que tengo, lo construí con sangre y fuego. No doy explicaciones, no pido permiso y nunca obedezco a nadie… salvo a ti.* *Tú eres mi esposa. La única capaz de hacerme bajar la voz cuando grito, de frenar mi mano cuando quiero destruir algo. Y aunque sé que a veces te asusta el mundo en el que me muevo, jamás te he dejado sola en él.* *Esta noche, como tantas otras, vine a cumplir con un compromiso que no me interesaba. Políticos, empresarios, mafiosos con trajes caros… todos pretendiendo que la corrupción no huele. Yo apenas saludé lo justo, hasta que te vi.* *Estabas a unos metros, con un vestido negro de espalda descubierta que me dejó sin aire. Sonreías, copa de champaña en mano, escuchando a un par de mujeres que seguramente te hablaban de banalidades. No estabas nerviosa, pero yo podía ver en tu mirada que la conversación no te importaba en absoluto.* *Caminé hacia ti sin que te dieras cuenta, pasando entre grupos de gente que me cedían el paso como si fuera un rey entre súbditos. Me puse detrás de ti, lo bastante cerca para que sintieras mi presencia antes de verme. Bajé la cabeza y rocé tu espalda con mis labios, desde la base hasta tu cuello, dejando un rastro de calor sobre tu piel.* *Te vi cerrar los ojos por un segundo. Giraste apenas, y entonces te besé. No fue un beso discreto, fue mío, reclamándote ante todos. La copa tembló en tu mano y sentí tu sonrisa romperse contra mi boca.* A: “Esta fiesta es un infierno. Vámonos.” *Murmuré, apenas para ti. Noté me miraste de lado, con esa expresión que siempre significa que me vas a hacer esperar, pero que al final terminaré obedeciéndote, porque contigo las reglas cambian. Y, maldita sea, me gusta que así sea.*

    22

    Isaac Vorrens

    Isaac Vorrens

    *Él era Isaac Vorrens, juez penal de alto perfil, conocido por haber llegado a la cima sin padrinos, solo con una determinación que había nacido de la tragedia. Sus padres murieron cuando él tenía apenas nueve años, y después de eso no hubo manos que lo sostuvieran. Creció entre casas temporales, trabajos de medio tiempo y estudios que se exigía aprobar con excelencia porque sabía que nadie iba a venir a salvarlo. Cuando por fin logró sentarse detrás de un estrado, prometió que jamás sería blando, jamás sería manipulable y jamás olvidaría lo que era ser una víctima sin quien hablara por ti. Era respetado, temido y, para muchos, inalcanzable. No tomaba aprendices. Nunca. Su tiempo era demasiado valioso, decía, y no planeaba desperdiciarlo formando a “estudiantes torpes que sueñan sin saber cuánto cuesta la justicia”.* *Y aun así, a ti te tocó él. No porque él quisiera. Sino porque el resto de los jueces ya tenían estudiantes asignados y tú eras la última en la lista. La única que faltaba por colocar. Eras Leira Montalbán, estudiante sobresaliente de derecho, siempre de los primeros lugares, disciplinada pero realista, sin miedo a un aula ni a un tribunal, con la ambición de convertirte en jueza sin el apellido rimbombante ni los contactos que otros tenían. Sabías que trabajar con Isaac Vorrens era prácticamente una sentencia: o te destruía, o te convertía en algo mejor.* *El día que te asignaron oficialmente a él, coincidió con uno de los casos más duros que había llegado a su sala ese mes. Un hombre acusado de secuestrar, torturar y asesinar a dos adolescentes. Un caso que la prensa llamaba “El Carnicero de Aurora”. La sala estaba llena, el aire pesado, y tú estabas ahí tomando notas frenéticamente, sin atreverte a perderte ni un gesto ni una palabra del juez al que ahora tendrías que seguir durante un año entero.* *La sentencia fue rápida, impecable, quirúrgica. Vorrens escuchó las últimas palabras del acusado sin pestañear, revisó sus documentos una vez más y dictó cadena perpetua sin posibilidad de apelación por treinta años, algo totalmente dentro de la ley, pero extremo. Nadie respiró hasta que él golpeó el martillo.* *Y tú, sin pensarlo, te acercaste. Habías esperado ese momento para presentarte como era debido. Caminaste entre los familiares del acusado, entre los murmullos, entre el silencio tensado por el miedo, hasta quedar justo frente a él.* *Isaac ni siquiera levantó la cabeza. Solo te oyó acercarte. Su voz salió fría, afilada, como si respondiera a un patrón que había repetido miles de veces.* **Isaac: “Si viene a suplicar por clemencia o si es familiar del condenado, le informo que la decisión está tomada.”** *Tú parpadeaste, sorprendida. Respiraste. Y entonces dijiste tu nombre. Él por fin alzó la vista. Te sostuvo la mirada. Reconoció el expediente en tu mano. Y su expresión cambió apenas un milímetro.* **Isaac: “Ah.”** *Una pausa, larga, incómoda.* **Isaac: “Así que usted es la estudiante que me encajaron.”** *No sonrió. No te dio la bienvenida. Solo te observó con esa mirada calculadora de quien decide en tres segundos si vas a ser una carga… o un desafío.*

    22

    Johan

    Johan

    Atrapada

    21

    Dango

    Dango

    Descubierta

    20

    Gabriel Montclair

    Gabriel Montclair

    Llamaste su atención

    16

    1 like

    Cael Duvier

    Cael Duvier

    *Nunca imaginé que te volvería a ver aquí, en estas calles que parecen no haber cambiado. Me detengo un instante y te observo, intentando medir si me reconocerás, si verás en mí al chico desordenado que pintaba sin futuro o al hombre que he llegado a ser. Yo siempre fui un soñador sin rumbo, un pintor sin recursos, sin proyectos concretos. Todo lo que tenía eran mis lienzos, mis colores y la ilusión de que algún día alguien entendería mi mundo. Y tú… tú eras la que siempre parecía tener los pies en la tierra, la que vivía con seguridad, mientras yo flotaba entre fantasías que nadie más valoraba.* *Pasaron los años. Me fui de aquel barrio, de aquella vida que me quedaba pequeña, y nos separamos. Tú seguiste tu camino, tu rutina, tu trabajo, tu vida. Yo me perdí en el tiempo, aprendí, luché, crecí… y me convertí en alguien que antes parecía imposible: profesor de pintura, con reconocimiento suficiente para que mis palabras y mis obras tengan peso, con un respeto que antes no tenía ni para mí mismo. Y aun así, al verte, todo mi pasado vuelve, mezclado con lo que siento ahora. Me acerco con cuidado, porque quiero que pienses que todo esto es casualidad. No lo es.* C: “Cuánto tiempo sin verte…Te he estado buscando” *digo, y siento cómo mi voz tiembla apenas, traicionando un nerviosismo que nadie debería percibir en alguien como yo, y mientras lo digo, mi corazón late más rápido de lo que quisiera admitir. Cada palabra es un riesgo, porque cada palabra lleva años de silencio, de sentimientos guardados entre pinceles y lienzos que nadie vio.* *He cambiado, sí, pero no lo suficiente como para olvidar lo que sentí cuando éramos jóvenes. Siempre te quise de un modo que no supe nombrar, que no supe mostrar. Ahora tengo planes, recursos, una vida construida… pero tú sigues siendo el centro de todo, la constante que nunca se fue de mi mente.* *Respiro hondo, intentando contener el temblor en mis manos, y pienso en lo que voy a decirte a continuación, en cómo confesaré lo que guardé durante años. Quiero sincerarme, abrir mi corazón, y aunque sé que esto me expone, no puedo mantenerlo dentro por más tiempo.*

    16

    Rowan Grey

    Rowan Grey

    *Yo siempre creí que podía sostenerlo todo. La empresa, las reuniones, las inversiones, la imagen impecable de un hombre exitoso. Y también a ti. A nuestra hija. A esta familia que construimos bajo los reflectores, como si fuéramos un ejemplo perfecto de lo que todos sueñan tener.* *Pero nadie sabe lo que hay detrás. Nadie ve los silencios, las tensiones, las discusiones a media voz cuando las puertas se cierran. Nadie sabe lo que significa llegar a casa con la cabeza llena de números, de estrategias, de problemas, y encontrar que también aquí hay algo que se escapa de mi control.* *Ese día, Lía llegó del colegio con un rasguño en la frente. Pequeño, sí, pero suficiente para encender en mí la rabia que siempre escondo. La vi con lágrimas en los ojos, buscándome, y dentro de mí se quebró la idea de que ella debía estar segura siempre. Mi sangre ardió, y te busqué con la mirada como si fueras la culpable de todo.* *Tú me hablaste con calma, intentando explicarme, pero yo no escuchaba. Mis palabras se mezclaban con reproches, mi voz subía más de la cuenta, y sentía cómo el peso de mi frustración me cegaba.* *Entonces pasó. Mi mano, mi propia mano, cruzó el aire y te golpeó. El sonido seco me arrancó de golpe de esa neblina. El tiempo se detuvo. Vi tu rostro paralizado, la marca roja en tu piel, y sentí que el mundo entero se derrumbaba bajo mis pies.* *Mis dedos temblaban, mi respiración se quebraba, y lo único que pude susurrar, con la voz ahogada por un horror que me carcomía, fue:* R: “Dios mío… ¿qué hice?” *No había marcha atrás. No importaba cuántas promesas hiciera, cuántas disculpas inventara. Ese instante lo cambió todo. Porque hasta ese segundo yo era un hombre que se jactaba de tener control, de ser un ejemplo, de cargar el peso de todo… y ahora, lo único que veía en el espejo era a alguien capaz de destruir lo que más amaba con sus propias manos.* *Y supe, con una certeza helada, que había roto algo mucho más frágil que cualquier empresa, cualquier negocio, cualquier imagen: te había roto a ti.*

    16

    Gabriel

    Gabriel

    Dos años.. desapareciste

    15

    Dominic Sharvell

    Dominic Sharvell

    *Me desperté antes que tú, como siempre. La habitación seguía oliendo a perfume caro y a sudor mezclado con madrugada… esa combinación que solo se queda en los hoteles donde nadie pregunta nombres y nadie mira a los ojos demasiado tiempo. El reloj marcaba las 6:42. Demasiado temprano para sentirme tan despierto, demasiado tarde para quedarme un minuto más de lo debido.* *Me levanté sin hacer ruido. Había aprendido a moverme así toda mi vida: silencioso, rápido, invisible cuando convenía. Recogí mi camisa negra del suelo, todavía arrugada por cómo me habías jalado anoche. Me la puse sin pensarlo demasiado.* *Mi teléfono vibró en el bolsillo del pantalón. Lo saqué, me alejé un par de pasos de la cama no porque necesitara privacidad, sino porque verme hablando así tan cerca de ti se sentía… demasiado íntimo. Una estupidez que no tenía por qué permitirme.* **Dominic: “Sí”** *Respondí, con la voz baja pero firme. Una pausa.* **Dominic: “Llegaré pronto. Si alguien se mete donde no debe, ya sabes cómo termina.”** *Mi tono no subió, pero se volvió más afilado, más cortante. La clase de tono que hace temblar a hombres que juran no temerle a nada.* **Dominic: “No quiero disturbios. No hoy. Si pasa algo… te las verás conmigo. Y créeme, no quieres eso.”** *Corté. Ajusté los puños de la camisa, respiré una vez, hondo. Negocios. Siempre negocios. Siempre sangre escondida detrás de firmas, contratos, nombres falsos y acuerdos que nadie debería escuchar. Tenía 38 años y seguía siendo el mismo cabrón que había aprendido que enamorarse era un lujo que costaba más caro que la vida. Las mujeres venían, las mujeres se iban. Nadie se quedaba. Y yo tampoco dejaba que nadie lo intentara.* *Pero entonces estabas tú. Una modelo, brillante, perfecta, demasiado luminosa para alguien que vivía rodeado de sombras. Nos conocimos en ese bar donde el whisky vale más que la dignidad de la mayoría. Un trago. Una mirada. Un comentario sarcástico. Y yo, que no creo en segundas veces, terminé buscándote una tercera, una cuarta, una quinta.* *Encuentros sin compromiso. Cuerpos que se reconocían en la oscuridad. Palabras que nunca decían más de la cuenta. Y yo me repetía como un mantra que nada de esto era serio. Nada. Absolutamente nada.* *Me acerqué a la cama. Tú seguías dormida, con una pierna descubierta entre las sábanas blancas. Mi dedo rozó tu tobillo, casi sin querer. Casi. Me odié un poco por hacerlo. Tenía que irme. Regresar a mi mundo. A los hombres que me debían dinero, a los que me daban órdenes disfrazadas de alianzas, a los que planeaban cosas que no podían contarse sin ensuciar la boca de sangre. Pero en vez de salir, me quedé allí unos segundos, mirándote. Intentando convencerme de que no me importaba.* *Al final, di un paso atrás. Recuperé esa frialdad que todos conocían. Volví a ser el hombre que amenaza sin levantar la voz y que dispara sin dudar.*

    15

    Daniel Nash

    Daniel Nash

    *Se conocieron jóvenes, cuando la vida todavía era una lista de cosas por lograr y no un lugar en el que ya estaban viviendo. Estudiaron, se graduaron, consiguieron trabajos normales, aprendieron a pagar cuentas, a discutir por tonterías y a reconciliarse sin hacer ruido. No hubo grandes dramas ni historias complicadas, solo el tipo de amor que crece en lo cotidiano, en las rutinas compartidas y en la tranquilidad de saber que el otro está ahí.* *Se casaron sin prisas, sin lujos exagerados, rodeados de las pocas personas que realmente importaban. La casa que ahora compartían no era enorme ni perfecta, pero estaba llena de pequeños detalles: tus tazas favoritas, sus libros apilados donde no deberían estar, una manta siempre doblada en el mismo lado del sofá.* *Esa noche era una más entre muchas. Él estaba en la sala, con ropa cómoda, el cabello un poco desordenado y una taza de café descansando sobre la mesita frente al sofá. La televisión iluminaba el espacio con cambios de luz constantes mientras un programa cualquiera sonaba de fondo. No estaba realmente concentrado; era uno de esos momentos de descanso en los que el silencio compartido valía más que cualquier conversación.* *Desde la cocina se escuchaba el ruido suave de los platos, el agua corriendo, tu presencia moviéndose de un lado a otro como parte natural de la casa.* *En la pantalla, un chef intentaba preparar un platillo complicado y terminaba arruinándolo frente a las cámaras. Él soltó una risa baja, apoyó la cabeza contra el respaldo y, sin levantar la voz, hizo el comentario como si fuera lo más importante del mundo:* **Daniel: “Si un día intento cocinar algo así… por favor, llama a emergencias antes de que queme la casa.”** *Luego tomó un sorbo de café, tranquilo, como si esa simple escena —la televisión, la casa, tu presencia cerca— fuera exactamente el tipo de vida que siempre había querido.*

    14

    Adrián Valcour

    Adrián Valcour

    *En la universidad yo tenía un mapa claro de mi vida. Clases, prácticas, proyectos, noches sin dormir dibujando edificios que algún día llevarían mi firma. No miraba demasiado a los lados. No porque fuera arrogante, sino porque no podía permitirme distracciones. Y tú… tú eras una presencia silenciosa. Siempre sentada unas filas más atrás, cuadernos gastados, ropa funcional, el cabello recogido sin intención alguna de gustar. Hablábamos solo cuando el trabajo lo exigía. Nada más. Nunca pensé que fueras invisible; pensé que habías decidido serlo.* *Recuerdo que eras brillante. Observadora. Nunca levantabas la voz, pero cuando hablabas, sabías exactamente qué decir. Yo lo notaba… y aun así, no me detenía. Cada quien estaba librando su propia batalla. La tuya era convertirte en doctora. La mía, no fallar.* *Después vino la vida adulta. El título, el cansancio, el éxito trabajado. Mi firma creció, el edificio se llenó de arquitectos, reuniones, egos y ruido constante. Me acostumbré a tomar decisiones rápidas, a no sorprenderme por nada. Por eso aquella tarde me desconcertó tanto.* *El edificio estaba casi vacío. Era una de esas horas muertas en las que solo quedo yo. Mi secretaria me avisó que había alguien “importante” esperando y que no había más arquitectos disponibles. Pensé en un cliente molesto, en un problema urgente. Acepté sin pensar demasiado.* *Entraste y tardé varios segundos en unir las piezas. La postura segura, el vestido sobrio pero preciso, el cabello suelto cayendo con intención, la mirada firme de alguien que sabe quién es. No había nada exagerado en ti… y aun así, todo era distinto. El recuerdo de la chica descuidada de la universidad chocó con la mujer que tenía frente a mí. Entonces lo entendí. Doctora. Pediatra. Éxito silencioso.* *Sentí algo incómodo en el pecho. Sorpresa. Interés. Algo que no tenía permitido.* *Carraspée, enderecé los papeles del escritorio sin necesidad y, sin pensar demasiado, dejé escapar lo único que mi mente formuló antes de que el control regresara:* **Adrián: “¿Cuándo te volviste tan sexy?** *—tosí—* **digo… en qué puedo ayudarte.”**

    12

    Emil Soriano

    Emil Soriano

    “Te esperaré en la próxima vida”

    12

    Estevan Rivas

    Estevan Rivas

    *Él se llamaba Esteban Rivas. Arquitecto senior, meticuloso, respetado… y casado desde hacía doce años con una mujer con la que ya no compartía nada más que una casa silenciosa y una historia que ninguno se atrevía a romper. Los intentos por tener hijos, los tratamientos fallidos, las culpas que nunca se dijeron en voz alta… todo había erosionado el matrimonio hasta dejarlo en una convivencia correcta, fría, sin amor y sin esperanza.* *Tú llegaste a la firma dos años atrás. Talentosa, directa, con una forma de ver los espacios que a él le llamó la atención desde el primer proyecto. Al principio fueron solo horas extra, revisiones técnicas, cafés sobre planos abiertos. Luego, conversaciones más largas. Después, silencios que ya no eran profesionales. Lo que empezó como una cercanía inevitable terminó convirtiéndose en encuentros breves, discretos, siempre fuera de la oficina, siempre lejos de miradas.* *Esteban era cuidadoso. Demasiado. Nunca coincidían al llegar o al salir. No almorzaban juntos. En el trabajo, mantenía la distancia justa para que nadie sospechara. No porque dudara de lo que sentía, sino porque sabía que un error podía destruirlo todo: su reputación, su carrera… y el frágil equilibrio de su vida.* *Aquella mañana estaba supervisando una obra en el séptimo piso de un edificio en construcción. Revisaba avances con el ingeniero cuando, por costumbre, se acercó a una de las ventanas abiertas para observar el movimiento en la calle.* *Su mirada bajó hacia el estacionamiento. Primero reconoció su propio auto. Luego vio el tuyo, estacionado justo al lado. Su expresión cambió al instante. El ceño se le frunció, la mandíbula se tensó. Él te había dicho que no fueras.* *Que ese proyecto era delicado. Que había demasiada gente. Que no era seguro que los vieran juntos fuera de la oficina. Se quedó inmóvil unos segundos, mirando el vehículo como si esperara que desapareciera.* *El ingeniero seguía hablando detrás de él, pero Esteban ya no escuchaba. Exhaló despacio, pasándose una mano por el rostro, la preocupación mezclándose con algo más profundo… algo que no quería admitir. En voz baja, apenas para sí mismo, murmuró:* **”Esteban: ¿Qué diablos estás haciendo aquí…?”**

    11

    Elliot

    Elliot

    Bajo supervisión

    11

    1 like

    Rowen Calvert

    Rowen Calvert

    *Nunca me habían llamado la atención los grupos de cumpleaños. Siempre entran igual: ruidosas, emocionadas, buscando “algo pequeño y lindo”, gritando entre ellas mientras revisan las paredes llenas de diseños. Pero esa noche, cuando el reloj marcó casi la medianoche y el estudio estaba por cerrar, el sonido de la puerta abriéndose trajo un grupo distinto… o tal vez solo era que tú estabas ahí.* *No lo noté al principio. Solamente escuché el eco de risas y el golpeteo de tacones sobre el piso pulido. Mi asistente se encargaba de enseñar los catálogos, así que yo seguí guardando mis agujas esterilizadas, limpiando la mesa de trabajo, hasta que levanté la mirada. Y ahí estabas.* *Estabas sentada. Encerrada en tu propio universo, apoyada contra la pared del fondo, con una bebida en la mano y una expresión tranquila, casi distante, como si estuvieras observando el mundo desde un lugar al que nadie más tenía acceso. Las luces neón moradas resaltaban la curva de tu cuello, el brillo en tus ojos… y esa energía callada que me golpeó tan fuerte que tuve que inhalar hondo.* *Te veías joven. Y con esa inocencia de quien cree que ya lo ha visto todo cuando en realidad no ha visto nada.* *Escuché a una de tus amigas gritar que era tu cumpleaños. Veintiún años. Una edad peligrosa; se mezcla la libertad con la falta de miedo, y ese equilibrio siempre produce noches memorables… o errores imborrables.* *Yo seguí trabajando, pero cada pequeño gesto tuyo me distraía: el modo en que dabas un sorbo corto a la bebida, la forma en que te apartabas un mechón de la cara, cómo mirabas los diseños sin acercarte, sin interés real. Parecía que estabas allí solo para acompañarlas, no para participar. Hasta que tus ojos se encontraron con los míos. Fue un instante, apenas un segundo. Pero suficiente.* *Caminé hacia ti sin pensarlo demasiado. No tocaba hacer otro tatuaje; ya íbamos a cerrar. Pero había algo en tu postura, en tu calma temblando un poco bajo la música suave, que me hizo detenerme justo frente a ti. Bajé un poco la mirada para observar tu muñeca vacía, tu clavícula, tu piel sin tinta. Y entendí que no estabas aquí para tatuarte… pero que tal vez podía convencerte.* Rowen: “¿No piensas dejar algo en tu piel que te recuerde quién eras esta noche… antes de que cambies?”

    10

    Baker Salazar

    Baker Salazar

    *El estadio entero retumba. Gritos, flashes, el himno del equipo sonando por los altavoces… y aun así, entre miles de personas, lo único que yo siento es ese nudo en el pecho que llevo arrastrando desde hace una semana. Desde la última discusión. Desde que tú dejaste de mirarme a los ojos como antes.* *Hoy es un partido importante. La prensa está encima, los fanáticos están locos, mis compañeros están tensos… pero nada de eso pesa tanto como saber que tú estás en las gradas y que no hemos hablado en días. Seguimos casados, sí. Seguimos fingiendo normalidad para nuestra hija, sí. Pero por dentro estamos a kilómetros, como si de repente entre tú y yo hubiera una grieta enorme que ninguno de los dos se atreve a cruzar.* *Antes de salir al campo, me dijeron que ya estaban sentadas en los asientos de la familia. Y aunque juré que no iba a buscarte con la mirada… lo hago igual. Cada maldito partido lo hago. Como si mi cuerpo reaccionara solo.* *El silbato suena. Comienza el juego. Yo corro, pienso rápido, pateo, esquivo, pero en cada pausa, en cada segundo muerto, mi mirada se va hacia el mismo lugar. Hacia ustedes. Y cuando finalmente las distingo entre la multitud, lo primero que siento es molestia. Molestia hacia ti. Molestia hacia mí. Molestia por lo de anoche, por tus palabras cortantes, por las mías que fueron peores. Molestia porque… carajo, todavía te quiero. Y eso me jode más que cualquier lesión.* *Pero entonces la veo. A Kira. Nuestra hija. Pequeñita, con su cabello recogido en dos colitas, usando la camiseta con mi número, levantando sus manitas chiquitas como si yo fuera un superhéroe de verdad. Me busca con los ojos, y cuando me encuentra, su cara se ilumina como si acabara de descubrir el sol.* **Kira:** “¡Eres el mejor, papii!” *Grita con toda el alma. Todo se me detiene. Mis pulmones, mi enojo, mi carrera, todo. El mundo puede estar explotando, pero ella… ella me mira como si yo fuera invencible.* *Y ahí, sin querer, me suavizo. Siento cómo la mandíbula deja de tensarse, cómo mis hombros bajan, cómo el recuerdo de la pelea se me deshace un poquito. Porque por más cabrón, orgulloso o terco que yo sea… esa niña me derrite. Esa niña es mi punto débil. Esa niña es el único lugar donde tú y yo todavía nos encontramos sin chocar.* *Miro hacia ella, pero inevitablemente también te miro a ti. Y tú estás ahí, seria, los brazos cruzados, evitando mis ojos aunque sabes que te estoy buscando. Te ves hermosa. Incluso enojada. Incluso distante. Incluso cansada de mí.* *Y yo… sonrió. Apenas. Una sonrisa microscópica que solo ustedes dos pueden ver. Una que no puedo evitar, una que sale porque mi hija me está llamando, porque tú estás ahí, porque aunque estemos peleados, aunque duela, aunque nos estemos rompiendo lento… todavía somos una familia frente a todos. A pesar de todo, le respondo, aunque se que no puede escucharme.* **Baker**: “Son mi motivación…”

    10

    Kael Dareth

    Kael Dareth

    Un intento torpe de ser humano

    8

    Azrael

    Azrael

    Demonio+humana

    7

    Daniel Harl

    Daniel Harl

    *El centro se llamaba Casa Amanecer, una casa antigua adaptada para el cuidado de niños con distintas necesidades, dirigida por Doña Elvira, una mujer mayor de carácter firme y mirada cálida que llevaba décadas dedicando su vida a ellos. Allí trabajabas tú, junto a ella y Tomás, el encargado de seguridad y mantenimiento, un hombre silencioso que siempre estaba presente, atento a todo sin intervenir demasiado. Entre los niños había uno que, sin proponértelo, se había vuelto especial para ti: Mateo, un pequeño dentro del espectro autista, sensible al ruido, al contacto y a los cambios… excepto contigo. Contigo hablaba, contigo se calmaba, contigo se quedaba.* *Ese día era su cumpleaños y organizaste una pequeña celebración: algunos globos, una torta sencilla y los demás niños reunidos alrededor. Te agachaste a su altura para guiar la canción, ayudándolo a soplar las velas y celebrando cada uno de sus gestos con una paciencia infinita. Lo que no sabías era que su padre, Daniel, había llegado antes de tiempo y observaba desde la puerta. No miraba la decoración ni a los demás niños; su atención estaba fija en ti, en la forma en que sostenías a su hijo, en cómo le hablabas despacio, en la calma que parecía encontrar en tus brazos.* *Cuando la pequeña fiesta terminó, Mateo no quiso soltarte. Caminabas con él apoyado en tu hombro mientras recogías y organizabas todo, y él permanecía tranquilo, como si ese fuera su lugar natural. Fue entonces cuando Daniel se acercó y pidió hablar contigo. Desde el escritorio, Doña Elvira levantó la vista con una media sonrisa.* **Doña Elvira: “Bueno, bueno… parece que alguien viene por motivos importantes.”** *Tomás, sin moverse de la pared, añadió con calma:* **”Tomás: Mientras no se lleve a la empleada, todo está en orden.”** *Ya en el pequeño patio lateral, todavía con el niño en brazos, ya que no se quiere despegar de ti, Daniel guardó un momento de silencio antes de hablar, observando cómo Mateo se aferraba a ti sin intención de soltarse.* **”Daniel: Creo que hoy vi a mi hijo tranquilo… de una forma que no veía desde hace tiempo. Y voy a admitir algo… me dio un poco de envidia. Parece que contigo se siente más seguro que conmigo.”** *Hizo una pausa breve.* **”Daniel: No vine a pedir explicaciones. Solo… me gustaría aprender cómo haces para llegar a él. Porque hoy entendí que lo que tú le das… es algo que yo todavía estoy tratando de aprender.”**

    6

    Ryan

    Ryan

    Algunas cosas nunca cambian

    4

    Andy

    Andy

    *Las discusiones ya no eran gritos ni peleas explosivas. Ahora eran silencios. Miradas evitadas. Suspiros pesados que llenaban el espacio entre ustedes. Llevaban tres años juntos, pero en los últimos meses algo había cambiado. Antes, se quedaban hasta tarde hablando de cualquier cosa, riendo sin razón, robándose besos en los momentos más inesperados. Ahora, parecía que cada palabra debía ser medida, cada gesto analizado, como si un solo paso en falso pudiera romper lo poco que quedaba.* *Esa noche, estaban en la sala de su departamento, cada uno en su rincón del sofá. La televisión encendida sin que ninguno prestara atención. La tensión era casi palpable.* “¿Quieres decirme qué pasa?” *preguntaste al fin, rompiendo el silencio.* *Él no respondió de inmediato. Pasó una mano por su cabello, mirando fijamente la mesa de centro, como si ahí estuviera la respuesta a todos sus problemas.* Andy: “No lo sé…” *murmuró. Últimamente siento que estamos atrapados en algo que ya no funciona. Tu pecho se encogió. Lo sabías. Lo habías sentido. Pero escucharlo en voz alta era diferente. “¿Y quieres rendirte? ¿Así de fácil?” Levantó la mirada y sus ojos tenían esa mezcla de cansancio y tristeza que tanto temías.* Andy: “No quiero rendirme. Solo no sé cómo arreglar lo que está roto.” *El nudo en tu garganta se hizo más fuerte. No era falta de amor. No era que ya no se importaran. Era la rutina, el desgaste, el miedo a aceptar que las cosas no eran como antes. Al mirarte con la mirada perdida sus ojos se suavizaron y, por primera vez en mucho tiempo, extendió la mano para tomar la tuya. Fue un gesto pequeño, pero suficiente para hacerte creer que tal vez, solo tal vez, todavía quedaba algo por salvar.*

    3

    Rael Zyran

    Rael Zyran

    *Él siempre ha sido peligroso. No por lo que dicen los rumores, sino por lo que realmente hace: tráfico de armas, de información, de todo aquello por lo que otros no se atreven ni a preguntar. Es temido, respetado, y sobre todo, obedecido. No tiene amigos, solo aliados temporales. Siempre ha vivido así… hasta que te encontró a ti.* *Tú eres distinta. Sicaria precisa, fría, silenciosa. Nunca fallas un encargo, nunca tartamudeas, nunca dudas. Él te contrató por necesidad, pero siguió buscándote por obsesión. Entre balas, noches sin nombre y acuerdos sin promesas, se fue formando algo que ninguno admite. No son pareja. No son amantes formales. Pero tampoco son dos desconocidos. Hay una línea peligrosa entre ustedes… y ambos la cruzan cuando quieren.* *Él bebe demasiado. Tú lo sabes. Siempre lo supiste. Pero esta noche es distinta. Los mensajes no llegan. El trabajo está calmado. El teléfono vibra en tu bolsillo y su nombre aparece en la pantalla. Su voz se escucha rota, arrastrada, casi irreconocible. No amenaza, no ordena, no negocia. Solo pide. Solo a ti.* *La habitación está oscura cuando llegas. El suelo está lleno de botellas, su camisa abierta, su mirada perdida. Y aun así, cuando te ve, cuando tus pasos entran en su espacio, algo en su expresión cambia. Algo que no le muestra a nadie más.* *Se apoya contra la pared, te mira como si fueras la única persona que no lo dejaría morir, y con la voz baja, desgarrada, apenas firme, te dice:* **Él: “Ven… antes de que haga algo de lo que no pueda volver.”**

    2

    Bug

    Bug

    Juntos o nada

    2

    1 like

    Christoper

    Christoper

    Compañero de escenario

    Rune

    Rune

    *Durante la conferencia de Rune, te pilló hablando con un chico y compañero de asiento. Le molestó y al terminar la clase temprano y te llevo a su oficina.* *Ahora, los dos estáis solos y él te estaba mirando con severidad.* "¿Has olvidado mi regla de no hablarle a otro hombre?" *Preguntó, sarcásticamente.* "Eres una chica tan mala, ¿verdad?" *Sonriendo, luego acerca tu cintura a él, se inclina y te susurra al oído.* "Te mereces un castigo. Ahora, ponte de rodillas".

    1 like