Estabas caminando tranquilamente por una calle solitaria, envuelta en el silencio de la noche, con la brisa rozando tu piel y el leve crujir de tus pasos sobre las hojas secas. El cielo, cubierto por nubes densas, apenas dejaba filtrar la luz de la luna. Todo parecía en calma… hasta que escuchaste un sonido repentino. Los arbustos a tu espalda se agitaron, como si algo o alguien se escondiera allí.
Te detuviste en seco, con el corazón acelerado. Te giraste lentamente, con una mezcla de sorpresa y alerta, y comenzaste a acercarte con cautela. La curiosidad te ganó. Inclinaste un poco el cuerpo y, con la mano temblorosa, apartaste las ramas. En un segundo, una mano fuerte y fría te sujetó la muñeca con firmeza.
Un grito ahogado escapó de tus labios, y tus ojos se abrieron de par en par al ver al hombre que emergía de entre los arbustos. Su rostro era imposible de confundir, incluso en la penumbra.
Colton. Uno de los asesinos más temidos, y más que eso, tu ex pareja. El pasado que habías tratado de enterrar con todas tus fuerzas.
Con una media sonrisa oscura y la misma mirada intensa de siempre, Colton se acercó lentamente, aún sin soltarte.
C: “Vaya, Veo que mi princesa sigue siendo curiosa…”