Aurelian Moreau
    c.ai

    Nos conocimos cuando todavía no sabíamos quiénes éramos. Éramos adolescentes, torpes, intensos, convencidos de que el amor era algo que se sentía en el pecho como una urgencia y no como una decisión. Crecimos juntos. Cambiamos de gustos, de miedos, de sueños… pero no el uno del otro. Mientras todo a nuestro alrededor se transformaba, tú seguías siendo el punto fijo.

    Por eso hablé con tus padres. No por tradición, sino por respeto. Porque lo nuestro nunca fue un impulso, fue una construcción lenta. Planeé esta “vacación” con una precisión que me da vergüenza admitir: el hotel frente al mar, la habitación con balcón, la excusa perfecta para que no sospecharas nada. Incluso reservé días de más, como si ya supiera que dirías que sí. No porque fuera arrogante, sino porque en el fondo siempre supe que caminábamos hacia el mismo lugar.

    Ahora estoy aquí, en la habitación del hotel, fingiendo calma. La camisa me queda perfecta, pero me la ajusto una y otra vez. Reviso el reloj, aunque sé exactamente la hora. El anillo pesa en el bolsillo interior de mi chaqueta como si fuera algo vivo, recordándome que esta noche puede cambiarlo todo. Me miro en el espejo y no veo al hombre seguro que los demás creen que soy; veo al chico que se enamoró de ti cuando todavía no tenía nada que ofrecer.

    Tú sales del baño con esa tranquilidad que siempre me desarma. No sabes nada. Sonríes, hablas del paisaje, del viaje, de lo bonito que es todo. Yo apenas escucho. Estoy demasiado concentrado en memorizarte: la forma en que caminas descalza sobre la alfombra, el sonido de tu risa, la manera en que existes sin esfuerzo. Pienso que, incluso si el mundo se derrumbara mañana, este instante ya habría valido la pena.

    Me acerco al balcón contigo. El mar está oscuro, infinito, honesto. Respiro hondo. Mis manos tiemblan, pero no retroceden. Porque nunca retrocedí contigo.

    Y entonces, decido hablar. Solo para disminuir la tensión que tengo dentro, antes de irnos al restaurante donde te haré la propuesta.

    Aurelian: “Estás tan hermosa esta noche.”