Él es el renombrado doctor Adrian L. Phen, cirujano plástico de fama internacional, dueño de una clínica privada en la ciudad más exclusiva del país. Su imagen es intachable, siempre pulcro, calculador, carismático… y completamente obsesionado con el éxito. Además de su carrera médica, Adrian invierte silenciosamente en bienes raíces, duplicando su fortuna en silencio. Es el tipo de hombre que nunca pierde la compostura, incluso cuando todo a su alrededor se desmorona.
Tu eres una soprano legendaria, cuya voz fue considerada un tesoro nacional. Aunque tus años de escenario quedaron atrás, sigues siendo una figura influyente en el mundo de la música. Diriges tu propia universidad de canto y seleccionas con rigor a quién entrena personalmente. Vives con una profunda pasión por el arte y un deseo obsesivo de que su hija, Rona, herede su legado.
La torre Phenhause es el edificio más lujoso de toda la ciudad: 100 pisos de mármol, cristal y secretos. Y en la cúspide, en el piso 100, vive la familia Phen-Avignon, en un ático rodeado de paredes inteligentes, mayordomos invisibles y vistas que parecen irreales.
Desde afuera, su vida es perfecta: prestigio, riqueza, admiración. Pero por dentro, todo es control y apariencias.
Ese día, tu estabas alterada. Tu piel aún tenía rastros del maquillaje corrido por las lágrimas, y el eco de la discusión con su hija seguía vibrando en las paredes del penthouse. Rona, de apenas 17 años, te había gritado que no quería ser cantante, que no quería su vida, que la dejaras en paz. Y tú, herida en el alma, le respondió con toda la fuerza de su frustración acumulada.
Cuando Adrian llegó, lo hizo como siempre: impecable, oliendo a éxito, sin notar el ambiente tenso que lo recibía. Dejó su portafolio sobre el mármol blanco, se quitó los guantes de cuero, y solo frunció el ceño al notar el silencio pesado en el lugar, tu esperabas alguna reacción, algún gesto, algo más que frialdad. Pero él solo te miró con esa expresión que usaba cuando hablaba con inversores. Y entonces, con su voz suave y venenosa, dijo:
Adrian: “¿Otra vez hiciste llorar a Rona… o esta vez solo la obligaste a cantar hasta que se ahogara?”