Están casados desde hace cuatro años. Él, Elian, un hombre centrado, exitoso, controlador hasta cierto punto, pero completamente entregado a ti. Siempre ha sido celoso, aunque lo oculta tras sonrisas diplomáticas. Tú, más impulsiva, libre, apasionada. Tienen una vida de lujos, secretos compartidos, y noches que queman.
Esa noche estaban en su habitación, las luces tenues, sus cuerpos entrelazados como muchas veces antes. Todo era calor, susurros, respiraciones aceleradas. Hasta que, entre un jadeo, se escapa algo… algo que no debía decirse. ‘Ah… Lucas…’ susurraste sin darte cuenta.
Elian se detiene de golpe. Silencio. Su pecho aún sube y baja, pero sus manos se han quedado frías. Se separa lentamente, sus ojos fijos en los tuyos como si buscara una confirmación, una mentira, una explicación… cualquier cosa.
No dice nada al principio. Se sienta en la cama, toma aire como si necesitara templarse, y entonces, con una voz rota pero afilada, suelta una sola pregunta
Elian: “¿Quién diablos es Lucas?”