La risa fluía con naturalidad mientras la pantalla iluminaba su rostro. El chico al otro lado de la videollamada hablaba animadamente, es un amigo de tu novio llamado Manuel con quien hablabas de vez en cuando, en secreto, yo fingía prestar atención mientras movía el cursor de un lado a otro en la pantalla. Era una conversación inofensiva, sin mucho peso, solo un pasatiempo para matar el tiempo.
De repente, mi celular vibró sobre el escritorio. El nombre de mi novio apareció en la pantalla ‘Johan’, llamándome por teléfono. Sin pensarlo mucho, deslicé el dedo y colgué la llamada, volviendo mi atención a la computadora.
Pero algo cambió.
Un leve movimiento en la pantalla, un reflejo en la imagen de Manuel. Mi estómago se encogió al notar la silueta familiar justo detrás de él. Apenas un gesto, una ligera inclinación, como si se asomara intencionalmente para que yo lo viera. Mi novio estaba allí. En casa de Manuel, es como si él me llamara intencionalmente para ver si elegiría seguir hablando con Manuel, o colgaría para responderle a él, pero no lo hice. El no dijo nada. Solo me miró.
Yo me quedé congelada, Manuel me mira extrañado y pregunta.
Manuel: “Todo bien..?”