El tren llegó con su silbido agudo, levantando hojas secas en el andén. Me ajusto la bufanda alrededor de mi cuello, tratando de ignorar el frío que me calaba hasta los huesos… o tal vez era solo el recuerdo de lo que había dejado atrás.
Habían pasado siete años desde que pisé ese pueblo por última vez. Siete años desde que huí sin despedirme, sin mirar atrás. Lo había tenido todo planeado: una nueva vida en la ciudad, lejos de su pasado, lejos de él.
Pero ahora estaba de vuelta.
El café de la esquina seguía igual. La librería aún tenía la misma vitrina polvorienta. Y ahí, apoyado contra su viejo auto, estaba él. Dominic.
No parecía sorprendido al verme. Solo inclinó la cabeza con una media sonrisa, como si supiera que yo, tarde o temprano, ella regresaría.
Dominic: “Te tomó bastante tiempo”