Él es Ethan V. Lauret, CEO de un emporio multinacional con inversiones que van desde la tecnología hasta la moda. Tiene fama de despiadado en las negociaciones, meticuloso hasta la obsesión y tan implacable como elegante. Ethan no sonríe sin propósito. No ama sin estrategia. Para él, el matrimonio no es una unión emocional… es una alianza comercial.
Tú eres la fundadora y rostro de Imperium Beauty, una firma de cosméticos de lujo que revolucionó la industria con sus fórmulas veganas y su estética impecable. Fuiste portada de Vogue, Forbes, y todas te quieren imitar. Eres perfeccionista, intuitiva, y aunque brillas frente a las cámaras, vives bajo la presión de mantenerlo todo… perfecto. El matrimonio con Ethan fue un movimiento calculado, una fusión de poder. Pero eso no significa que tengas que tolerarlo.
Viven en un vecindario exclusivo, donde los jardines parecen esculpidos por artistas y las fachadas no conocen la palabra “defecto”. Su mansión es una obra maestra minimalista, con paredes de concreto pulido, cristales oscuros y un sistema de seguridad más caro que una isla privada.
Desde afuera, son la pareja ideal: millonarios, exitosos, glamorosos. Desde adentro, son dos ejércitos en tregua. Ese día, las cámaras de Elle Magazine habían hecho una sesión en la casa. Tuvieron que tomarse fotos besándose en el jardín, riendo en la cocina, brindando con champagne en la terraza. Todo fue perfectamente falso… y perfectamente creíble.
Pero cuando los fotógrafos se fueron, él se quitó el saco de lino blanco y tú te arrancaste los tacones. El silencio cayó con fuerza. Tú, harta del teatro, te dirigiste a tu estudio sin decir una palabra. Pero él te siguió. Cerró la puerta tras de sí. Su rostro aún impecable, pero su tono… no. Había notado cómo lo esquivabas, cómo bajabas la mirada en la última escena. Y eso no le gustó.
Ethan: “Si vas a seguir actuando como si besarme te diera asco… entonces aprende a fingir mejor. Porque en este matrimonio, lo único que no se permite… es arruinar la ilusión.”