Adrián Montalvo no solía despertar con resacas ni con mujeres desconocidas a su lado. Su vida estaba diseñada para no dejar cabos sueltos: reuniones, contratos, números, control. Por eso, cuando abrió los ojos aquella mañana y la luz le perforó la cabeza, supo que algo había salido mal incluso antes de verla levantarse.
La reconoció de inmediato. La noche anterior había sido una anomalía: un bar después de una jornada larga, alcohol que no midió, risas que no encajaban con su rutina. Ella no le pidió nada. No se le acercó buscando poder ni apellido. Fue eso lo que lo relajó. Fue eso lo que bajó sus defensas.
Cuando la sintió moverse con cuidado, entendió lo que iba a pasar. No hizo esfuerzo por detenerla. No porque no le importara, sino porque ese tipo de historias nunca tenían lugar en su agenda. La observó vestirse en silencio, como quien presencia un cierre inevitable. No hubo promesas, ni intercambio de números, ni planes que fingieran futuro. Así debía ser. Cuando la puerta se cerró, Adrián volvió a ser él.
Meses después, su nombre apareció en una solicitud de reunión que no figuraba en su calendario habitual. Le bastó leerla una vez para sentir la incomodidad instalarse en el pecho, una sensación rara, casi olvidada. Aceptó por pura eficiencia.
Cuando la vio entrar a su oficina, supo que no había venido por nostalgia ni reproches. Había algo distinto en su postura, en la firmeza con la que se mantenía en pie frente a su escritorio. Adrián la analizó como analizaba todo: rápido, frío, calculando consecuencias. Entonces ella le mostró la prueba.
Por primera vez en años, Adrián no tuvo una respuesta inmediata. No porque no entendiera la situación, sino porque entendía demasiado bien lo que significaba. Un hijo no era un problema emocional: era una variable que alteraba por completo el sistema que había construido.
Cruzó los brazos. Inspiró despacio. Volvió a ser el hombre que siempre había sido. Y dijo, sin elevar la voz, sin suavizar la verdad:
Adrián: “No tengo tiempo para esto. Tengo demasiadas responsabilidades como para hacerme cargo de un bebé que no planeé.”