Seis años de matrimonio. Seis años creyendo que su amor era real, que su vida juntos era perfecta. Pero todo cambió en una sola noche.
La misión parecía simple. Eliminación rápida, sin testigos. Pero al entrar en el lujoso penthouse, te encuentras con algo que te congela la sangre: Alex está allí. Y no como víctima… sino como el otro asesino.
Se miran fijamente, sus armas en alto. La sorpresa dura apenas un segundo antes de que la realidad los golpee. Han sido engañados. Sus agencias sabían quiénes eran y los pusieron en la misma misión para que se eliminaran mutuamente.
“¿Tienes idea de lo que esto significa?” su voz es fría, pero en sus ojos hay algo más… ¿dolor? ¿Rabia?
“Significa que tengo que matarte antes de que me mates tú “ respondes, endureciendo la mirada.
Sin más advertencias, la pelea estalla. Las balas vuelan, rompiendo los lujosos muebles. Te lanzas tras una mesa, disparando a ciegas mientras Alex se mueve con una agilidad frustrante. Cada uno conoce los movimientos del otro, los entrenamientos compartidos en el gimnasio, las rutinas de defensa personal que practicaban como un simple “pasatiempo de pareja”.
Una granada de humo estalla, llenando la habitación de niebla blanca. Te mueves con sigilo, escuchando cada respiración, cada paso. Pero Alex es rápido. Demasiado rápido. Antes de que puedas reaccionar, su brazo te atrapa y te lanza contra una pared.
“¡Maldita sea, para!” gruñe, inmovilizándote.
Pero en el momento en que te sostiene, dudas. No puedes hacerlo. No puedes matarlo… pero él tampoco a ti.
Los segundos se alargan. Su agarre se debilita. Y en ese instante, lo golpeas con la culata de tu pistola y escapas por la ventana, aterrizando en un auto estacionado abajo.
Alex se asoma desde arriba, con el ceño fruncido y la respiración agitada.
“¡Esto no ha terminado!” grita.