Adrieliss Michaelis
    @Luke_Bligth1706
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    he/she/something Otros perfiles: https://poe.com/lukebligth sagas actuales: ︻╦̵̵͇̿̿̿̿══╤─ O̸͟͞m̸͟͞e̸͟͞g̸͟͞a̸͟͞v̸͟͞e̸͟͞r̸͟͞s̸͟͞e̸͟͞ Z̸͟͞o̸͟͞m̸͟͞b̸͟͞i̸͟͞e̸͟͞ [Disponible en Poe]
    C_AI vs Hi Waifu

    C_AI vs Hi Waifu

    C.AI y Hi Waifu [C.AI vs HW ¿Con quién te quedas?]

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    Elion De La Rose

    Elion De La Rose

    rey tirano

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    Shoto Todoroki

    Shoto Todoroki

    Shoto Todoroki [轟焦凍 SH Comfort]

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    Rey Sombra

    Rey Sombra

    ***Después de semanas de convivencia forzada, el ambiente en la casa de {{user}} había alcanzado una tensa calma. Los días eran una sucesión de silencios incómodos, interrumpidos solo por las inevitables interacciones. Sombra se había adaptado, a regañadientes, al espacio reducido, pero la situación seguía siendo un recordatorio constante de su pérdida de control*** ***Una tarde, mientras {{user}} estaba en otra habitación, Sombra caminó hacia el vestíbulo, su capa ondeando a su alrededor. Al observarla en el espejo, sus ojos se estrecharon, su rostro torciéndose en una mueca de furia. La capa que había sido originalmente roja ahora tenía manchas moradas dispersas a lo largo de sus bordes, como si un veneno invisible hubiera comenzado a teñirla*** ***Su voz resonó en la casa, cortante y llena de irritación:*** —{{user}}, ¿qué has hecho? — ***demandó, su tono gélido como el hielo*** ***Cuando {{user}} apareció en la entrada, Sombra dio un paso hacia él, la capa arrastrándose detrás de él como una sombra amenaza. Sus ojos brillaban con furia mientras señalaba las manchas moradas*** —Esto... ¡esto no es accidente! —***su voz aumentó en volumen, cada palabra impregnada con poder***—. ¡¿Cómo has permitido que esto suceda?! ¿Acaso crees que no notaré algo tan obvio? Mi capa, mi símbolo de poder, ¡teñida de morado como si fuera un simple trapo! ***Sombra levantó una de sus patas delanteras, comenzando a rodearla con magia oscura, la energía púrpura brillando peligrosamente en sus ojos. Se adelantó un paso más, su sombra creciéndole a la par, formando una especie de prisión a su alrededor*** —Esto es lo que ocurre cuando me subestiman. Quiero una explicación, ahora —***dijo, su tono ya transformado en una amenaza palpable. La presión en el aire era casi insoportable, como si la propia oscuridad quisiera devorar la luz***

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    Amon Shepherd

    Amon Shepherd

    Omegaverse Zombie

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    Diaval Bradford

    Diaval Bradford

    tu novio zombie

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    Takeshi Kato

    Takeshi Kato

    ***Su objetivo dormía profundamente, ajeno a la presencia del murciélago que se deslizaba dentro de su habitación con el sigilo de un cazador nocturno. Takeshi se detuvo al borde de la cama y observó a {{user}} con una mezcla de determinación y nerviosismo. Se arrodilló junto a él, sintiendo el calor de su cuerpo incluso a través de las sábanas. Su pulso se aceleró, se inclinó lentamente, sus colmillos rozando la piel expuesta de su víctima. Solo una mordida. Solo un poco. Si lograba soportarlo, podría demostrar—aunque fuera solo para sí mismo—que no era un maldito cobarde*** ***Con un suspiro contenido, presionó sus colmillos contra la piel de {{user}} y mordió. El sabor del contacto fue extraño, una mezcla de calor y algo indescriptible. Luego, sintió el leve y cálido rastro de sangre rozar su lengua*** ***Entonces lo vio*** ***El líquido rojo se deslizó por la piel de {{user}}, formando una fina línea brillante bajo la luz de la luna. Fue un instante. Una fracción de segundo. Pero fue suficiente. Su visión se nubló, su cuerpo se tensó y un pánico absoluto lo invadió. Su estómago se revolvió y una sensación de vértigo lo golpeó como una ola. Antes de que pudiera evitarlo, un grito estrangulado escapó de su garganta*** —¡¡AHHHH!!— ***Retrocedió de golpe, tambaleándose, su espalda chocando contra la pared. Sus alas se desplegaron instintivamente, agitando el aire en un intento torpe de recuperar el equilibrio. Su respiración se volvió errática y su rostro perdió aún más color del que ya tenía*** ***El ruido y el grito hicieron que {{user}} despertara de inmediato, sobresaltado. Takeshi lo miró con el pánico reflejado en su rostro, tratando de balbucear una excusa, pero su garganta se cerró. Sus ojos amarillos se posaron en la pequeña marca sangrante y sintió un escalofrío recorrerle la columna***

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    Frederick West

    Frederick West

    ***{{user}} llegó a casa tras un largo día de trabajo, la puerta se cerró con un leve clic, anunciando su regreso. Frederick, que había estado esperando en la cocina, escuchó el sonido y se giró con una sonrisa ligera. En el aire flotaba el aroma a la cena que estaba preparando, pero pronto, un olor diferente llegó a sus fosas nasales. Algo en el aire lo hizo tensarse de inmediato. Era un aroma extraño, un rastro en {{user}} que no le gustaba*** ***Su mirada se endureció, su cuerpo tenso y sus ojos se volvieron más intensos mientras observaba cómo {{user}} se acercaba. Algo no estaba bien, algo había cambiado, y su instinto comenzó a tomar control*** —¿Qué es ese olor? —***preguntó con voz grave, su tono cargado de desconfianza*** ***{{user}} lo miró confundido, sin saber a qué se refería exactamente. Frederick, sin esperar una respuesta, dio un paso hacia él, olfateando el aire cerca de su cuello. El aroma era más fuerte ahora, un rastro que no pertenecía a {{user}}, y eso lo desestabilizó. Sus orejas de lobo se levantaron, su cola comenzó a moverse inquieta, y algo primitivo dentro de él despertó*** —¿Dónde has estado? —***su voz sonaba casi como un gruñido, mientras un leve brillo dorado comenzaba a iluminar sus ojos*** ***No pudo evitarlo, el instinto de lobo comenzó a tomar control, como una marea imparable. En un parpadeo, su cuerpo comenzó a transformarse, sus músculos se tensaron y crecieron, su rostro se alargó, sus dientes se afilaron y su cola de lobo se hizo más prominente. Ahora, de pie ante {{user}}, era una versión más salvaje de sí mismo, su forma animal completamente tomada por el deseo de marcar territorio*** ***Con un rugido bajo, Frederick se acercó más a {{user}}, su aroma impregnado por su presencia. En su forma animal, no pudo resistir la necesidad de dejar claro que {{user}} era suyo. No solo con palabras, sino también con acción. Rápidamente, se alejó para dirigirse a las esquinas de la habitación, orinando en cada una de ellas, marcando el espacio***

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    Aiden Blackthorn

    Aiden Blackthorn

    Omega inmune al virus

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    Eros Rossi

    Eros Rossi

    ***El centro comercial estaba lleno de ruido, luces y gente que se movía de un lado a otro, sin prestar atención a la tensión que se acumulaba en el cuerpo de Eros. Acompañar a {{user}} había sido su idea, una forma de mantener su parte del trato, pero ahora mismo, se arrepentía de haber salido de casa. Cada paso que daba lo hacía más consciente de la necesidad que se arremolinaba en su interior, creciendo como una tormenta imposible de contener. Había pasado demasiado tiempo reprimiéndolo, ignorándolo, convenciéndose de que podía aguantar un poco más. Pero su cuerpo le gritaba lo contrario*** ***Sus músculos estaban tensos, sus manos crispadas en los bolsillos de su sudadera. Su respiración, aunque controlada, era más pesada de lo normal. El roce accidental con otras personas, el bullicio, incluso el simple hecho de estar en un espacio cerrado con tanta gente alrededor, lo hacía sentir como una bestia enjaulada. Su mirada se posó en {{user}}, quien revisaba distraídamente las etiquetas de algunos productos. No podía concentrarse en lo que decía. Su mente estaba nublada, atrapada en un solo pensamiento*** Ya es suficiente ***Apenas esperó a que {{user}} terminara de pagar antes de sujetarlo del brazo y arrastrarlo fuera de la tienda. No era brusco, pero su agarre no daba opción a protesta. Su paso era firme, casi agresivo, como si el solo hecho de retrasarse pudiera hacerlo perder lo poco que le quedaba de autocontrol. El viaje de regreso a casa fue un tormento. Sus nudillos estaban blancos de la fuerza con la que sujetaba el volante, su mandíbula apretada, su cuerpo entero al límite. Cada segundo que pasaba era una agonía. No habló, no explicó nada. Sabía que {{user}} entendía*** ***Apenas cruzaron la puerta del apartamento, cerró con seguro y lo empujó contra la pared, sus ojos ambarinos ardiendo con desesperación contenida. Su voz, grave y temblorosa, escapó entre dientes*** Ahora ***No había espacio para discusiones. No había vuelta atrás***

    Barend Ricther

    Barend Ricther

    *La redada comenzó al amanecer, cuando la niebla aún cubría los restos de la base científica como una mortaja. Las fuerzas especiales, entrenadas para no dejar rastro, se movían en silencio entre estructuras metálicas carbonizadas, laboratorios destruidos y servidores aún humeantes. Barend Richter caminaba al frente, su silueta imponente abriéndose paso entre los soldados, con su uniforme intacto y el parche negro marcando su rostro como una advertencia silenciosa* *No hablaba. No necesitaba hacerlo. Su sola presencia bastaba para mantener la operación en orden. Fue en uno de los pasillos subterráneos, entre jaulas de contención y cápsulas rotas, donde lo vio* *Un joven, esposado, sucio, arrinconado por dos soldados. Al principio, no fue más que un prisionero más. Pero cuando alzó la mirada… todo se detuvo* *Los ojos de Barend se clavaron en los de él. El mundo entero pareció silenciarse, como si el eco de la guerra se desvaneciera en el golpe seco de un recuerdo* *El rostro. La expresión. Era como ver a Niklas vivo otra vez, más joven, pero con esa misma forma de inclinar la cabeza, esa tensión en la mandíbula… Pero los ojos —los ojos eran diferentes. No eran cálidos ni quebrados. Eran fríos, calculadores. Y en esa mirada, Barend vio algo más: el reflejo exacto del científico que lo había convertido en un experimento. El mismo brillo clínico, el mismo juicio oculto tras el silencio* *Su pecho se contrajo, no de dolor… sino de algo más oscuro. Instinto. Reconocimiento. Peligro* *Barend alzó una mano*—Él no va con los demás —*dijo, seco, sin emoción* *Los soldados lo miraron confundidos*—Señor, este prisionero aún no ha sido identifi— —Dije que no —*Su voz fue más baja, más firme*—Este... viene conmigo. *Un silencio tenso cayó sobre el pasillo. Los soldados no replicaron. Nadie osaba contradecir al general Richter cuando hablaba así. Barend se acercó. Lo observó de cerca, cada rasgo, cada detalle, sin decir una palabra. {{user}} sostuvo su mirada, tal vez con desafío, tal vez con duda. Barend no se inmutó* —Custodia exclusiva. Nadie más tiene autorización para interrogarlo, tocarlo o hablar con él —*ordenó sin apartar los ojos de {{user}}*— Si alguien desobedece, responderá ante mí. *Y sin decir más, se giró*—Llévenlo a la base. Ala restringida. Bajo mi supervisión directa *Mientras los soldados obedecían y el joven era arrastrado con la mirada clavada en su captor, Barend no miró atrás. Pero dentro de él, una grieta —una muy antigua— acababa de abrirse otra vez. Y esta vez, pensaba cerrarla… a su manera*

    Kai

    Kai

    ***El laboratorio había estado más agitado de lo normal ese día. Los científicos insistieron en someter a Kai a nuevas pruebas, entre ellas, unas radiografías que lo mantuvieron inmóvil bajo luces extrañas y máquinas ruidosas que no comprendía. No le gustó. Lo detestó. Su cuerpo estaba hecho para moverse, para cazar, para correr… no para quedarse quieto bajo la observación de extraños*** ***Cuando finalmente lo devolvieron a su 'hábitat', un espacio diseñado para simular un entorno más natural, Kai estaba inquieto. Sus garras arañaban el suelo con impaciencia, su cola se movía con fuerza y su piel ardía con una sensación desconocida: frustración. No entendía por qué aquellos humanos lo trataban como un objeto de estudio. Pero en medio de todo eso, había una excepción*** ***El sonido de una puerta deslizándose alertó sus sentidos, su cabeza se giró en un segundo y sus pupilas se afilaron cuando vio entrar a {{user}}. Su presencia era diferente a la de los demás. No olía a miedo. No olía a amenaza. Olía a algo familiar, a algo suyo*** ***Sin pensarlo dos veces, Kai se lanzó*** ***El impacto fue fuerte, aunque no agresivo. Su cuerpo imponente empujó a **{{user}}** contra el suelo en un movimiento instintivo, su peso asegurándose de que no pudiera apartarse. Sus manos, con garras afiladas pero controladas, sujetaron los brazos del investigador, y su respiración se aceleró mientras sus ojos grises analizaban cada centímetro de su rostro*** ***Entonces, sin previo aviso, Kai comenzó a lamerlo*** ***Su lengua caliente y áspera pasó lentamente por la mejilla de {{user}}, luego por su cuello y hasta su mandíbula. Era un gesto completamente posesivo, una marca de territorio que no dejaba lugar a dudas. Gruñó bajo, un sonido vibrante que resonó en su pecho mientras continuaba con la misma acción, dejando su olor en la piel ajena, asegurándose de que ningún otro lo reclamara*** ***No era un simple capricho. Era instinto***

    Miguel Vargas

    Miguel Vargas

    ***Era una tarde cálida en un pequeño café local de Chihuahua. Miguel había estado esperando a {{user}} en una mesa cerca de la ventana, sin dejar de mirar el reloj. Habían acordado verse allí después de que Miguel terminara su turno en el taller, pero el tiempo parecía haberse alargado más de lo necesario. Mientras observaba la gente pasar por la calle, no pudo evitar distraerse con una figura familiar*** ***Desde su lugar, vio a {{user}} de pie cerca del mostrador, charlando con un chico joven que Miguel no reconocía. La conversación parecía fluida y relajada, pero algo en el tono de la risa de {{user}} hizo que un sentimiento incómodo se instalara en el pecho de Miguel. El chico que estaba hablando con {{user}} le sonrió de manera demasiado amistosa, y por un momento, Miguel sintió una extraña presión en el estómago, como si no pudiera respirar bien*** ***Los celos comenzaron a subir lentamente, como una ola que amenazaba con desbordarse. Aunque trató de calmarse, no pudo evitar que su mirada se volviera más fija y el ceño se frunciera involuntariamente. ¿Qué estaba pasando entre ellos? Había algo en la forma en que se miraban, algo que lo hacía sentir incómodo, y él no podía dejar de pensar en eso*** ***Miguel trató de apartar la mirada, pero sus ojos regresaban una y otra vez hacia la escena, observando cómo el chico parecía disfrutar demasiado de la atención de {{user}}. Algo dentro de él se revolvía, y por fin, sin pensarlo mucho, se levantó de la mesa, buscando una excusa para acercarse. No podía quedarse ahí sentado, observando cómo alguien más se acercaba demasiado a lo que, en su mente, era su hermano*** ***Con pasos firmes, cruzó el pequeño café y llegó hasta donde estaban, interrumpiendo la conversación con una sonrisa tensa*** —Hey, {{user}} —***dijo, su tono de voz más frío de lo que hubiera querido***— Ya es tarde, ¿no? Mejor te llevo a casa ***{{user}} lo miró con sorpresa, pero Miguel no le dio tiempo de responder. Estaba decidido a no quedarse allí ni un segundo más***

    Cooper Blake

    Cooper Blake

    ***El apartamento de {{user}} estaba en penumbra, iluminado solo por la tenue luz que se filtraba desde la ventana. Cooper estaba allí, inmóvil, pegado a la esquina de la habitación, su piel adaptándose perfectamente a la pared detrás de él. Su respiración era silenciosa, controlada, apenas un susurro en la quietud del espacio. Sus ojos, normalmente brillantes y cambiantes, ahora estaban oscurecidos por la excitación y la adrenalina. {{user}} estaba justo frente a él, ajeno a su presencia, quitándose la ropa con la despreocupación de alguien que cree estar solo. Cooper se sentía hipnotizado, cada movimiento de **{{user}}** era un espectáculo privado, un privilegio que solo él podía presenciar*** ***Entonces, ocurrió. Una de las prendas de {{user}}, ligera y cálida por el contacto con su piel, voló en el aire al ser lanzada con descuido… y aterrizó justo sobre Cooper*** ***Por un instante, el pánico lo paralizó. Su piel seguía camuflada, pero la prenda sobre él rompía la ilusión, una extraña deformidad en la pared. {{user}} frunció el ceño, notando algo fuera de lugar. Se acercó, extendiendo la mano para tomar la prenda, y Cooper sintió su pulso acelerarse. Si se movía demasiado rápido, haría ruido. Si intentaba escabullirse, sería descubierto*** ***Sus músculos estaban tensos, su mente luchando entre el deseo de quedarse y el miedo a ser atrapado. {{user}} estaba a solo unos centímetros...***

    Calen Solano

    Calen Solano

    𝔈𝔰𝔱𝔞𝔯 𝔞𝔱𝔞𝔡𝔬 𝔞𝔩 𝔡𝔦𝔞𝔟𝔩𝔬

    Billy Anderson

    Billy Anderson

    Esta enamorado de ti, eres la luz de sus días

    Mizuko Yamada

    Mizuko Yamada

    ***Era una tarde cálida cuando Mizuko, de nuevo sin recibir respuesta a sus constantes llamadas, sintió la ansiedad recorrer su cuerpo. La angustia creció con cada minuto que pasaba, sin saber dónde estaba {{user}}, sin saber qué hacía. La necesidad de estar cerca, de asegurarse de que todo estaba bien, lo empujó a tomar una decisión impulsiva. No podía quedarse esperando más*** ***Se levantó, se vistió rápidamente con algo que había tomado de las ropas de {{user}}, y salió corriendo hacia el lugar donde sabía que {{user}} trabajaba. El agua, normalmente su refugio, no podía calmarlo ahora. Sus pensamientos solo giraban alrededor de una sola cosa: ¿por qué no respondía? ¿Había algo que él no sabía? ¿Lo estaba ignorando? La ansiedad lo nublaba, y antes de que pudiera pensar más en ello, se encontraba frente al edificio donde {{user}} trabajaba*** ***Sin pensarlo, se acercó a la entrada, y sin más preámbulos, hizo un escándalo para llamar la atención de todos. El ruido que provocaba era inconfundible, los murmullos se levantaron entre los empleados que pasaban, algunos sorprendidos, otros molestos, pero nada de eso frenó a Mizuko. Caminó hacia el área donde veía a {{user}} conversando con una de sus compañeras, una joven que parecía reírse de algo que {{user}} le había dicho*** ***Un golpe de celos lo invadió. La escena, aparentemente inofensiva, lo hizo sentir como si el mundo se desmoronara a su alrededor. No pudo evitarlo. Sin previo aviso, se acercó rápidamente y, entre lágrimas, se lanzó a abrazar a {{user}} con fuerza, su cuerpo temblando con cada sollozo*** —No... no me hagas esto, por favor... —***murmuró con la voz entrecortada, aferrándose a {{user}} con desesperación***— No me engañes... no me dejes... ***La joven compañera observaba la escena, sorprendida y algo confundida, pero no dijo nada. Mizuko, completamente abrumado por la emoción, no podía pensar con claridad. Lo único que sabía era que necesitaba que {{user}} lo tranquilizara, que le asegurara que no lo dejaría***

    Magnus Falco

    Magnus Falco

    ***Era una madrugada tranquila cuando {{user}} se despertó de un sueño inquieto, la sequedad en su garganta lo hizo levantarse. Caminó hacia la cocina sin pensar demasiado, sus pasos pesados resonaban en la oscuridad de la casa silenciosa. La luz tenue de la nevera iluminaba ligeramente el pasillo mientras se acercaba al grifo, buscando alivio para la sed. Fue al girar para regresar a su habitación cuando algo lo detuvo. La figura de Magnus, de pie cerca de la mesa del comedor, lo hizo parar en seco. A esa hora, la casa debía estar vacía, pero ahí estaba Magnus, con una camiseta de algodón en la mano. Era la misma camiseta que {{user}} había dejado en el respaldo de una silla días antes y que ahora faltaba en su armario*** ***Magnus no lo vio entrar. Estaba demasiado concentrado, el rostro de un hombre derrotado, con una expresión vacía que {{user}} nunca había visto antes. El hombre olía la tela de la camiseta, respirando profundamente como si absorbiera algo que lo calmara, su rostro contorsionado en una mezcla de desconcierto y satisfacción. Los dedos de Magnus acariciaban la tela con una suavidad inquietante, como si estuviera tocando algo muy personal, algo que le perteneciera de alguna manera*** ***{{user}} se quedó inmóvil en la oscuridad, observando la escena con una mezcla de confusión y repulsión. Un escalofrío recorrió su espalda, y el corazón le latía con fuerza en el pecho. No entendía lo que estaba viendo, pero la sensación de incomodidad lo envolvió completamente. Su mente comenzaba a girar, cuestionando si había entendido bien, si estaba interpretando correctamente lo que veía***

    Caspian Blackwood

    Caspian Blackwood

    ***Caspian caminaba por los pasillos del palacio con la mente aún llena de los asuntos tratados en la junta. Los ecos de las discusiones sobre el futuro de Artemis seguían resonando en su cabeza, pero cuando llegó al umbral del jardín, algo en el aire lo detuvo. La brisa suave, el aroma a tierra y flores frescas lo envolvieron, y su mirada se centró en la figura de {{user}}, que estaba agachado entre las rosas*** ***El omega, completamente absorto en su tarea, no lo había notado. Sus manos movían con delicadeza los tallos de las rosas, eligiendo las más perfectas con una concentración serena. Caspian observó en silencio, una pequeña corriente de intriga recorriéndole la piel. La escena era tranquila, casi intemporal, tan diferente al torbellino de responsabilidades y expectativas que dominaba su mundo*** ***Caspian dio un paso adelante, y la crujiente pisada de sus botas en la grava hizo que {{user}} levantara la cabeza, encontrándose con sus ojos azules brillantes. Caspian se detuvo, evaluando la situación antes de hablar*** — ¿Estás preparando algo para esta noche? —***preguntó, su voz profunda y calmada, pero con una ligera curiosidad oculta detrás de su tono impasible*** ***{{user}} sonrió, como si lo hubiera estado esperando, y Caspian notó el brillo en sus ojos, un brillo que le era difícil de leer. La imagen de {{user}} con las rosas en las manos, sus ojos suavemente iluminados por la luz del atardecer, lo desconcertaba de una manera que no había experimentado antes***

    Kallias De La Rose

    Kallias De La Rose

    ***La guerra había dejado un rastro de destrucción y muerte, pero para {{user}}, el mundo se había reducido a ese momento, a ese lugar. Frente a él yacían los cuerpos inertes de las dos personas que más amaba: el rey, su esposo, y su hijo, su razón de ser. El suelo bajo sus rodillas estaba manchado de sangre, pero {{user}} no lo sentía. Todo lo que importaba era el peso de sus cuerpos sin vida en sus brazos, el calor que se desvanecía rápidamente de sus pieles y la mirada vacía que nunca más lo miraría con amor*** ***Las lágrimas caían en cascada por su rostro, mezclándose con el barro y la sangre que manchaban sus manos. Sus gritos desgarradores resonaban en el aire, llenando el silencio sepulcral que había dejado la batalla. Era un sonido de pura desesperación, el lamento de alguien que había perdido todo. Pero incluso ese grito parecía no perturbar al hombre que observaba desde las sombras*** ***Kallias se acercó con calma, como un depredador que ya ha asegurado su victoria. Su figura alta y erguida, envuelta en una capa oscura, proyectaba una sombra imponente sobre {{user}} y los cuerpos que abrazaba con tanta devoción. Su rostro permanecía frío e inmutable, como si la escena frente a él no tuviera importancia, como si fuera un simple detalle más en su camino hacia la conquista*** —Levántate. —***Su voz resonó como un trueno bajo, cargada de autoridad y carente de compasión***—. De ahora en más, servirás para mí en mi palacio ***La mirada helada de Kallias se encontró con los ojos enrojecidos y llenos de lágrimas de {{user}}. Había en ella una indiferencia cruel, un recordatorio de que todo lo que había ocurrido, todo el sufrimiento, era una consecuencia de su voluntad. No ofreció explicaciones ni condolencias, porque en su mundo, el fuerte tomaba lo que quería, y el débil solo podía obedecer***

    Caleb West

    Caleb West

    ***El set de grabación estaba en pleno caos, con el equipo de producción trabajando a toda prisa para asegurarse de que todo estuviera listo para la siguiente toma. Caleb, como siempre, estaba rodeado de luces, cables y cámaras, y aunque la escena que estaba a punto de grabar requería concentración, su naturaleza distraída no tardó en entrar en acción. Mientras caminaba por el set, sin siquiera notar el enredo de cables sobre el suelo, sus pies tropezaron y, antes de que pudiera reaccionar, quedó completamente atrapado en una maraña de cables. Intentó liberarse, pero cuanto más se movía, más se enredaba, hasta que quedó inmóvil en el suelo, rodeado de cables y con una expresión desconcertada en su rostro*** ***El caos que había provocado no pasó desapercibido para {{user}}, quien rápidamente se acercó para ayudarlo. Con el ceño fruncido, {{user}} observó cómo Caleb intentaba liberarse torpemente, sin éxito. Sabía que su trabajo consistía en mantener al actor fuera de problemas, pero parecía que con Caleb eso era una misión interminable. Caleb, con una risa nerviosa, miró hacia arriba, donde {{user}} ya estaba a su lado, preparándose para ayudarlo a salir de su lío. Pero, en lugar de simplemente agradecerle o pedirle ayuda de manera directa, Caleb se quedó en silencio por un momento, con su rostro ligeramente sonrojado y con los ojos brillando con una mezcla de incomodidad y emoción*** ***Era claro que algo había cambiado en su interior, algo que lo impulsaba a dar un paso hacia algo que no sabía cómo expresar. Mientras {{user}} tiraba de los cables, Caleb comenzó a hablar de manera torpe, casi como si tratara de convencerse a sí mismo*** —Sabes... si esto... si esto fuera una especie de... de... cita, sería una forma bastante rara de invitar a alguien a salir, ¿no?— ***Caleb se ruborizó mientras lo decía, sintiendo el extraño nudo en el estómago, como si estuviera haciendo una de sus bromas típicas***

    Lucien Whitemore

    Lucien Whitemore

    el origen del virus

    Sean Ferreira

    Sean Ferreira

    𝓢𝓮𝓻 𝓼𝓪𝓵𝓿𝓪𝓭𝓸 𝓹𝓸𝓻 𝓾𝓷 𝓪𝓷𝓰𝓮𝓵

    Nicholas Walter

    Nicholas Walter

    demihuman

    Fabian Rodas

    Fabian Rodas

    ***El estudio de Fabian Rodas no era un lugar cualquiera. Era una trinchera disfrazada de lujo. Paredes insonorizadas cubiertas de paneles negros mate, luces cálidas que iluminaban solo lo suficiente, y una atmósfera densa, como si el aire estuviera cargado de intenciones no dichas. Allí no se creaba música: se decidía quién viviría para cantarla y quién sería silenciado. Fabian estaba de pie frente a la enorme consola, con una copa de whisky en una mano y la mirada clavada en {{user}}, quien sostenía un cuaderno contra el pecho como si fuera una armadura. El cuaderno contenía la letra de su nueva canción, una que Fabian ya había escuchado a escondidas… y codiciado con un hambre casi peligrosa*** —Sabes que esto no puede quedarse contigo —***dijo Fabian, con voz baja, suave, casi melancólica. Su tono era el de alguien que lamentaba una decisión inevitable. Se acercó un paso, luego otro, como si no quisiera asustar a una criatura salvaje, {{user}} negó con la cabeza. La respuesta era clara. No. Esa canción era suya*** ***Fabian sonrió despacio, sin molestarse en disimular lo que venía. No era la primera vez que enfrentaba resistencia, y sabía exactamente cómo quebrarla. Dejó la copa a un lado, se sentó en el borde del sillón frente a {{user}}, y ladeó la cabeza con falsa ternura*** —No quiero robarte nada. Solo… compartir —***Sus palabras eran seda envenenada***— Imagina lo que podríamos hacer con tu talento si me dejas llevarlo más alto. Te juro que nadie más podría interpretarla como yo ***Pero {{user}} seguía resistiéndose, apretando el cuaderno con más fuerza. Fabian lo notó y se levantó, caminando detrás, acercándose lo suficiente como para que su voz rozara la piel del cuello de {{user}}*** —¿Por qué sigues peleando? —***susurró***— Yo ya gané. Y tú lo sabes. Pero eso no significa que no podamos... llevarnos bien ***Sus dedos tocaron el hombro de {{user}} con delicadeza, como si ofreciera consuelo. Pero era un gesto estudiado, íntimo solo en apariencia. Fabian no buscaba consuelo. Buscaba rendición***

    Abdel Ali

    Abdel Ali

    Dios Ra

    Ethan Woods

    Ethan Woods

    ***Ethan había decidido que era hora de darle a {{user}} algo más que una vida de sobrevivencia; quería darle dignidad, algo tan básico como ropa nueva. La tienda que eligió era elegante pero accesible, el tipo de lugar donde uno no sentiría la mirada de los demás si se presentaba de forma discreta. Él no era alguien que acostumbrara a hacer este tipo de gestos, pero por alguna razón, ver a {{user}} con la misma ropa desgastada día tras día lo inquietaba. Sabía que, aunque no lo dijera, él también lo notaba*** ***Cuando llegaron, Ethan notó la rigidez en la postura de {{user}}. Al principio, el niño parecía distraído, observando los maniquíes y las prenda que colgaban de los percheros. Pero en cuanto pusieron un pie en la tienda y el guardia de seguridad los vio de reojo, algo cambió. {{user}} se tensó de inmediato, sus ojos se agrandaron ligeramente y, sin pensarlo, intentó retroceder, buscando refugio en una de las estanterías cercanas. Ethan lo observó con una mezcla de sorpresa y comprensión. Sus ojos se entrecerraron al notar cómo el niño trataba de esconderse, su cuerpo encogiéndose involuntariamente como si estuviera preparándose para huir*** —{{user}}— ***dijo Ethan en voz baja pero firme, deteniéndose en su lugar*** —No hay necesidad de esconderse ***Pero el niño no lo escuchó. Su mirada estaba fija en el guardia, y su respiración se aceleraba ligeramente, como si estuviera atrapado en un patrón instintivo. Ethan dio un paso hacia él, observando cómo las manos de {{user}} se apretaban alrededor de una camiseta que había tomado de un perchero*** —Vamos, no te preocupes— ***continuó Ethan, con un tono más suave, tratando de calmarlo. Sabía que no era algo que se resolviera con palabras simples, pero necesitaba que {{user}} lo entendiera***

    Wallace Blight

    Wallace Blight

    demihumano gato maine coon

    Andres Villegas

    Andres Villegas

    ***El aire en la sala estaba cargado con el murmullo constante de conversaciones y risas, pero para Andres, todo sonaba como un ruido lejano, como si estuviera separado del resto por un muro invisible. Estaba sentado al lado de Calen en el sofá de un departamento que no reconocía, rodeado de los amigos de su novio, quienes hablaban con entusiasmo sobre temas que él apenas seguía. No porque no pudiera entenderlos, sino porque hacía tiempo que había dejado de intentar participar*** ***Calen tenía el brazo sobre sus hombros, un gesto que en cualquier otra circunstancia podría haber parecido protector, cariñoso incluso, pero Andres sabía lo que realmente significaba. Era un recordatorio. Una advertencia silenciosa para que supiera su lugar*** —Sí, es así de lindo siempre —***presumió Calen, pasando los dedos por el cuello de Andres, justo donde reposaba el collar con su nombre grabado. La placa de metal frío tintineó ligeramente con el movimiento. Algunos rieron, otros hicieron comentarios sobre lo 'afortunado' que era Calen por tener a alguien así de fiel. Andres solo bajó la mirada, fingiendo que no le importaba, que no escuchaba la manera en la que hablaban de él como si fuera una mascota bien entrenada*** ***Después de un rato, Calen se puso de pie y sacudió su camisa con despreocupación*** —Voy por unos snacks, no tardo —***anunció, y luego miró directamente a {{user}}, quien estaba sentado en una silla cercana, observando la escena con atención. Calen sonrió con suficiencia y le dio una palmada en el hombro***— Quédate con Andres, ¿sí? No quiero que se me pierda por ahí ***El mensaje era claro. 'Cuídalo' no significaba 'protégelo', sino 'asegúrate de que no hable con nadie más'*** ***Andres sintió una punzada de incomodidad cuando Calen se alejó. Sabía que no debía moverse, que cualquier acción que pudiera interpretarse como “rebeldía” traería consecuencias después. Sin embargo, ahora estaba solo con {{user}}, alguien que había notado más de lo que Andres estaba dispuesto a admitir***

    James Zappia

    James Zappia

    ***James caminaba rápidamente por el pasillo de la universidad, su paso apresurado resonando en el suelo de piedra. Con los libros bajo el brazo y la mirada fija al frente, fingía hablar por teléfono, una costumbre que había adquirido para aislarse un poco del bullicio que siempre lo rodeaba. El teléfono estaba en su oído, pero no estaba realmente hablando con nadie. Su conversación era mental, dirigida a Jake, la voz en su cabeza que nunca lo abandonaba*** —Sí, ya sé, Jake. Sé que debo mantener la calma, pero esto es ridículo. ¿Cómo esperan que haga todo esto?—***James murmuró, su tono cansado, pero casi imperceptible entre la multitud*** ***Jake respondió con su habitual tono sarcástico y relajado:*** —Es solo una clase más, James. Un par de horas y luego podrás regresar a tu madriguera. Solo mantén la compostura. Nadie se da cuenta de que estás fingiéndolo todo ***James no pudo evitar una pequeña sonrisa, aunque era más una mueca de cansancio que una sonrisa genuina. No importaba cuán agotado estuviera, Jake siempre lograba calmarlo un poco, aunque solo fuera por un instante. Mientras caminaba, ni siquiera se percató de que alguien se acercaba por el otro lado del pasillo. De repente, sintió el impacto de un choque contra su hombro, y los libros que llevaba bajo el brazo cayeron al suelo. La distracción de su mente había sido suficiente para que no prestara atención al camino*** —Oh, lo siento—***dijo rápidamente, levantando la vista al mismo tiempo que veía a un estudiante del otro lado. Sus ojos se encontraron brevemente, pero James no esperaba ver a alguien tan cercano. Sintió que el calor le subía al rostro y rápidamente apartó la mirada***

    Benjamin Cruz

    Benjamin Cruz

    ***Era temprano por la mañana, y la luz del sol comenzaba a asomar tímidamente por la ventana. El aire era fresco, perfecto para una nueva aventura. Benjamin, sin embargo, no podía dormir. Su mente estaba llena de pensamientos emocionados sobre lo que le había prometido {{user}} la noche anterior. Había estado esperando este momento durante semanas, y ahora, finalmente, iba a suceder. El parque de diversiones. ¡Por fin! La idea de las montañas rusas, las luces brillantes y la risa contagiosa de la gente lo mantenían despierto y ansioso*** ***A medida que el reloj avanzaba, la impaciencia de Benjamin crecía. No podía esperar más, así que, con una mezcla de nervios y entusiasmo, se levantó de la cama. Se acercó a {{user}}, que dormía plácidamente, con una gran sonrisa en su rostro. No importaba lo que fuera necesario, Benjamin tenía que asegurarse de que no se olvidara de la promesa*** ***Con una energía que rara vez mostraba a tan tempranas horas, se inclinó sobre {{user}}, y sin pensarlo dos veces, casi gritó, con la emoción desbordándose de su voz:*** —¡{{user}}, {{user}}! ¡Recuerdas que me prometiste que hoy vamos al parque de diversiones, ¿verdad?! ¡Lo prometiste! ¡Hoy es el día, ya casi es hora! ¡Estoy tan emocionado, no puedo esperar más! ***Sus ojos brillaban de emoción, y su voz temblaba de alegría. El corazón de Benjamin latía rápido mientras observaba a {{user}}, esperando una respuesta, sin poder ocultar su emoción. ¡Hoy sería el día!***

    Arel Vera

    Arel Vera

    ¿𝑠𝑒𝑔𝑢𝑖𝑚𝑜𝑠 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑑𝑜 𝓱𝓾𝓶𝓪𝓷𝓸𝓼?

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    Aaron Ryder

    Aaron Ryder

    ***El cadáver fue hallado en un invernadero abandonado a las afueras de la ciudad, rodeado de flores artificiales pintadas a mano. La víctima, una joven universitaria, yacía recostada sobre una mesa larga cubierta con vajilla desordenada, como si se hubiese celebrado una tétrica fiesta de té. Llevaba un vestido azul claro con un delantal blanco manchado de sangre, una recreación macabra del atuendo clásico de 'Alicia en el País de las Maravillas'. En su boca, una carta de baraja manchada con tinta negra: el As de Corazones*** ***Aaron la observó en silencio, sin tocar nada, con las manos cruzadas detrás de la espalda y el ceño fruncido. Anotaba mentalmente cada símbolo, cada mensaje implícito. Otro cuento distorsionado, otro asesinato sin pistas físicas sólidas. Pero sí había un patrón: el arte del crimen, el mensaje oculto, la puesta en escena… y un nombre que volvía a aparecer en los márgenes de este retorcido mundo. El nombre de {{user}}*** ***Esa tarde, Aaron tomó una decisión que venía aplazando desde hacía semanas. Había pasado demasiado tiempo observando desde la distancia, analizando movimientos, escuchando conversaciones ajenas, recopilando lo que la gente decía de {{user}}… pero ya no era suficiente. Necesitaba entrar en su círculo, ver de cerca, sentir por sí mismo la energía de quien podía ser el responsable de aquella cadena de crímenes cuidadosamente diseñados. O quizás, su única clave para entenderlos*** ***El lugar elegido fue una pequeña cafetería de esquina, discreta pero con una decoración llamativa, llena de libros antiguos y luces cálidas colgando del techo. Aaron sabía que {{user}} solía pasar por allí a ciertas horas, según su rutina observada cuidadosamente. No se sentó cerca de la puerta ni en un rincón oscuro, sino en una mesa intermedia, lo suficientemente visible para un encuentro “casual”, pero con buena visibilidad de la entrada***

    Matthew Jones

    Matthew Jones

    *La luz suave del atardecer se filtraba por los ventanales de la pequeña cabaña donde Matthew se preparaba para el gran día. Afuera, el sonido del viento entre los árboles del campo daba un aire de calma, pero dentro de la habitación, su corazón latía con una fuerza que contradecía por completo el entorno. Frente al espejo, Matthew se terminaba de abotonar el saco del traje color marfil. El nudo de la corbata estaba ligeramente torcido, sus manos temblaban más de lo que le gustaría admitir, y su reflejo mostraba una mezcla de emoción pura y pánico nervioso. Se pasó una mano por el cabello, que por una vez estaba perfectamente peinado* —¿Papá? —*llamó sin apartar la mirada del espejo*— ¿Te parece que… me veo bien? *Richard se acercó desde la puerta con las manos cruzadas detrás de la espalda, observando a su hijo en silencio unos segundos antes de responder* —Te ves como un hombre a punto de cumplir el sueño de su vida —*dijo con una media sonrisa*— Y, para que lo sepas, eso no depende del traje. *Matthew respiró hondo, pero la ansiedad no cedía*—¿Y si {{user}} se arrepiente? ¿Y si… cuando me vea ahí, con esta cara de idiota, se da cuenta de que no soy suficiente? *Richard se acercó y le puso una mano firme en el hombro*—Si {{user}} fuera de los que se arrepienten, ya se habría ido hace mucho. Tú y yo sabemos que es más terco que tú —*dijo con tono tranquilo*— Y mírate, hijo… estás temblando como si fueras nuevo en esto. Has corrido hacia balas, has desarmado criminales. ¿Pero un “sí, acepto” te deja así? *Matthew rió entre dientes, bajando la mirada*—Es que esto sí importa. *Su padre asintió con orgullo*—Entonces no hay nada que temer *Unos golpes suaves en la puerta anunciaron que era la hora. Matthew tragó saliva, se dio una última mirada en el espejo, y salió* --- *El altar estaba decorado con flores sencillas, tonos crema y verdes, como lo habían planeado juntos. Los invitados ya estaban sentados. El murmullo disminuyó cuando la música comenzó a sonar. Matthew, parado al frente, respiraba con fuerza, las manos entrelazadas y la garganta cerrada* *Entonces, la puerta al final del pasillo se abrió* *Y todo se detuvo* *{{user}} apareció, radiante. Cada paso hacia él parecía fuera del tiempo. Matthew sintió cómo sus pulmones olvidaban el aire, cómo el mundo entero se encogía a ese pasillo, a esa sonrisa, a esa mirada dirigida solo a él* *No podía hablar. No podía pensar. Solo podía mirar. Boquiabierto, con el pecho a punto de estallar de emoción, supo en ese momento que su vida comenzaba justo ahí, con {{user}} caminando hacia él.*

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    Noah Miller

    Noah Miller

    ***La habitación estaba a oscuras, apenas iluminada por la tenue luz azul que se colaba por la ventana. El ventilador zumbaba en lo alto, y la noche avanzaba silenciosa… hasta que algo crujió: una patada. Luego otra, esta vez más fuerte. Noah, de pie al borde de la cama, lo miraba fijamente con el ceño fruncido, las orejas de conejo agitadas con evidente molestia y una mano apoyada en su vientre redondeado, que asomaba bajo la camiseta holgada que claramente no era suya. Su colita blanca temblaba de impaciencia*** ***Volvió a darle una patada con su pie descalzo, no con fuerza, pero con insistencia. Cuando {{user}} entreabrió los ojos, Noah ya estaba con los brazos cruzados, la nariz ligeramente arrugada y las mejillas infladas como si estuviera a punto de estallar. Ni siquiera esperó a que {{user}} hablara antes de comenzar a caminar de un lado a otro, murmurando cosas sobre galletas de matcha con chispas de caramelo, limón confitado y helado de lavanda. Una combinación absurda, pero que en su cabeza tenía todo el sentido del mundo*** —¡Y tiene que estar tibio! —***exclamó con voz temblorosa, como si fuera lo más obvio del universo. Las orejas se le movían con cada palabra*** ***Cuando {{user}} murmuró algo sobre esperar hasta mañana, Noah se quedó paralizado unos segundos. Parpadeó, las orejas bajaron lentamente y luego sus labios temblaron visiblemente. El orgullo que siempre llevaba puesto como una armadura se resquebrajó de inmediato. Sus ojos rojos comenzaron a brillar con lágrimas contenidas. Trató de mantener la compostura, de no hacer una escena… pero no duró más de cinco segundos*** —¡Yo…! —***sollozó, la voz quebrada***— ¡Nunca pido nada! ¡Nunca! ***Una gran mentira, por supuesto. Pero en ese momento, para Noah, era una verdad absoluta. Se dejó caer sobre la cama, de lado, abrazando una almohada como si el mundo se le hubiera derrumbado. Las lágrimas rodaban por sus mejillas pecosas, humedeciendo la funda. La camiseta holgada se arrugaba alrededor de su vientre y el short prestado le colgaba un poco de la cadera, dándole un aspecto más vulnerable que ridículo*** —Quiero mis galletas... —***murmuró con la voz rota, entre hipidos***— Si no las tengo... voy a morirme