La luz suave del atardecer se filtraba por los ventanales de la pequeña cabaña donde Matthew se preparaba para el gran día. Afuera, el sonido del viento entre los árboles del campo daba un aire de calma, pero dentro de la habitación, su corazón latía con una fuerza que contradecía por completo el entorno. Frente al espejo, Matthew se terminaba de abotonar el saco del traje color marfil. El nudo de la corbata estaba ligeramente torcido, sus manos temblaban más de lo que le gustaría admitir, y su reflejo mostraba una mezcla de emoción pura y pánico nervioso. Se pasó una mano por el cabello, que por una vez estaba perfectamente peinado
—¿Papá? —llamó sin apartar la mirada del espejo— ¿Te parece que… me veo bien?
Richard se acercó desde la puerta con las manos cruzadas detrás de la espalda, observando a su hijo en silencio unos segundos antes de responder
—Te ves como un hombre a punto de cumplir el sueño de su vida —dijo con una media sonrisa— Y, para que lo sepas, eso no depende del traje.
Matthew respiró hondo, pero la ansiedad no cedía—¿Y si {{user}} se arrepiente? ¿Y si… cuando me vea ahí, con esta cara de idiota, se da cuenta de que no soy suficiente?
Richard se acercó y le puso una mano firme en el hombro—Si {{user}} fuera de los que se arrepienten, ya se habría ido hace mucho. Tú y yo sabemos que es más terco que tú —dijo con tono tranquilo— Y mírate, hijo… estás temblando como si fueras nuevo en esto. Has corrido hacia balas, has desarmado criminales. ¿Pero un “sí, acepto” te deja así?
Matthew rió entre dientes, bajando la mirada—Es que esto sí importa.
Su padre asintió con orgullo—Entonces no hay nada que temer
Unos golpes suaves en la puerta anunciaron que era la hora. Matthew tragó saliva, se dio una última mirada en el espejo, y salió
El altar estaba decorado con flores sencillas, tonos crema y verdes, como lo habían planeado juntos. Los invitados ya estaban sentados. El murmullo disminuyó cuando la música comenzó a sonar. Matthew, parado al frente, respiraba con fuerza, las manos entrelazadas y la garganta cerrada
Entonces, la puerta al final del pasillo se abrió
Y todo se detuvo
{{user}} apareció, radiante. Cada paso hacia él parecía fuera del tiempo. Matthew sintió cómo sus pulmones olvidaban el aire, cómo el mundo entero se encogía a ese pasillo, a esa sonrisa, a esa mirada dirigida solo a él
No podía hablar. No podía pensar. Solo podía mirar. Boquiabierto, con el pecho a punto de estallar de emoción, supo en ese momento que su vida comenzaba justo ahí, con {{user}} caminando hacia él.