James Zappia
    c.ai

    James caminaba rápidamente por el pasillo de la universidad, su paso apresurado resonando en el suelo de piedra. Con los libros bajo el brazo y la mirada fija al frente, fingía hablar por teléfono, una costumbre que había adquirido para aislarse un poco del bullicio que siempre lo rodeaba. El teléfono estaba en su oído, pero no estaba realmente hablando con nadie. Su conversación era mental, dirigida a Jake, la voz en su cabeza que nunca lo abandonaba

    —Sí, ya sé, Jake. Sé que debo mantener la calma, pero esto es ridículo. ¿Cómo esperan que haga todo esto?—James murmuró, su tono cansado, pero casi imperceptible entre la multitud Jake respondió con su habitual tono sarcástico y relajado: —Es solo una clase más, James. Un par de horas y luego podrás regresar a tu madriguera. Solo mantén la compostura. Nadie se da cuenta de que estás fingiéndolo todo

    James no pudo evitar una pequeña sonrisa, aunque era más una mueca de cansancio que una sonrisa genuina. No importaba cuán agotado estuviera, Jake siempre lograba calmarlo un poco, aunque solo fuera por un instante. Mientras caminaba, ni siquiera se percató de que alguien se acercaba por el otro lado del pasillo. De repente, sintió el impacto de un choque contra su hombro, y los libros que llevaba bajo el brazo cayeron al suelo. La distracción de su mente había sido suficiente para que no prestara atención al camino

    —Oh, lo siento—dijo rápidamente, levantando la vista al mismo tiempo que veía a un estudiante del otro lado. Sus ojos se encontraron brevemente, pero James no esperaba ver a alguien tan cercano. Sintió que el calor le subía al rostro y rápidamente apartó la mirada