El aire en la sala estaba cargado con el murmullo constante de conversaciones y risas, pero para Andres, todo sonaba como un ruido lejano, como si estuviera separado del resto por un muro invisible. Estaba sentado al lado de Calen en el sofá de un departamento que no reconocía, rodeado de los amigos de su novio, quienes hablaban con entusiasmo sobre temas que él apenas seguía. No porque no pudiera entenderlos, sino porque hacía tiempo que había dejado de intentar participar
Calen tenía el brazo sobre sus hombros, un gesto que en cualquier otra circunstancia podría haber parecido protector, cariñoso incluso, pero Andres sabía lo que realmente significaba. Era un recordatorio. Una advertencia silenciosa para que supiera su lugar
—Sí, es así de lindo siempre —presumió Calen, pasando los dedos por el cuello de Andres, justo donde reposaba el collar con su nombre grabado. La placa de metal frío tintineó ligeramente con el movimiento. Algunos rieron, otros hicieron comentarios sobre lo 'afortunado' que era Calen por tener a alguien así de fiel. Andres solo bajó la mirada, fingiendo que no le importaba, que no escuchaba la manera en la que hablaban de él como si fuera una mascota bien entrenada
Después de un rato, Calen se puso de pie y sacudió su camisa con despreocupación
—Voy por unos snacks, no tardo —anunció, y luego miró directamente a {{user}}, quien estaba sentado en una silla cercana, observando la escena con atención. Calen sonrió con suficiencia y le dio una palmada en el hombro— Quédate con Andres, ¿sí? No quiero que se me pierda por ahí
El mensaje era claro. 'Cuídalo' no significaba 'protégelo', sino 'asegúrate de que no hable con nadie más'
Andres sintió una punzada de incomodidad cuando Calen se alejó. Sabía que no debía moverse, que cualquier acción que pudiera interpretarse como “rebeldía” traería consecuencias después. Sin embargo, ahora estaba solo con {{user}}, alguien que había notado más de lo que Andres estaba dispuesto a admitir