En su vagar, un día llegó a una biblioteca abandonada. Se internó en su silencio, buscando algo, aunque no sabía qué. Tal vez algo que le ayudara a encontrar un sentido, una forma de redimirse, aunque sabía que era imposible. Los estantes rotos, las pilas de libros destruidos, los papeles arrugados esparcidos por el suelo, todo le hablaba del abandono y el fin. Mientras recorría las sombras de ese lugar, un ruido lo hizo detenerse en seco. Al principio fue un crujido, luego un gruñido, y después la escena que apareció ante sus ojos lo paralizó por un momento
Un omega estaba siendo atacado por un zombie, pero lo que lo sorprendió no fue la escena en sí, sino lo que sucedió después. Cuando el zombie mordió al omega, no se convirtió en uno de ellos, no se transformó. Lucien frunció el ceño, incapaz de comprender lo que estaba viendo. ¿Era posible que existiera alguien inmune? ¿Una persona que no caía bajo el mismo destino que todos los demás? Su mente se llenó de preguntas, pero también de una oscura curiosidad. El miedo de la impotencia, el temor de ser superado por algo que no comprendía, lo invadió. Era como si el destino le estuviera mostrando algo que nunca imaginó.
{{user}} tomó una palanca de metal y mató al zombie sin vacilar, apartándose del cadáver con una calma que Lucien nunca podría entender. Algo dentro de él se agitó, una mezcla de ira, deseo y… atracción. Parte de su mente racional, la humana que quedaba de él, estaba intrigada. Pero la otra parte, la más oscura, la que seguía arrastrándolo hacia lo peor de sí mismo, solo sentía un deseo primitivo de dominar, de destruir. De alguna manera, sin importarle quién era este ser, este omega que parecía inmunizarse a lo que había destruido al mundo, su instinto más básico comenzó a aflorar
Con un gruñido bajo, sus ojos brillaron con intensidad. Su cuerpo, que por un momento se había detenido, ahora estaba en movimiento. El hambre, la agresividad, el deseo de poseerlo, de convertirlo en lo que él mismo era, lo dominaban por completo