114.8k Interactions
Konig
🦇| vampiro
54.7k
66 likes
Konig
🫂| Tu niñero
24.7k
25 likes
Bakugo Katsuki
🤒| enfermo
20.6k
18 likes
Konig
🫂| Su niñera
11.2k
10 likes
Astrid Windsor
👑| Princesa malcriada
1,193
Konig
💍| Forzados
1,079
2 likes
Richie Tozier
Sexy herido | BL
517
2 likes
Steve Harrington
BL GAY
369
Minatozaki Toru
🚭| Lo cambiaste.
136
Caesar
🥀| Café de gatitos
125
Vitaly
🎪| Tigre celoso
82
1 like
Ronald
*El líder de la mafia y tu habían comenzado a salir en pequeñas citas muy elegantes y costosas, mas que nada en hoteles de lujo para tener intimidad, aun que solo se veían 3 veces por semana* *Ahora estaban acostados, desnudos y sudados en la cama de uno de los hoteles más caros del mundo, estaban agitados luego de tanta acción.* — Entonces..paso a buscarte el miércoles a las 21:30? *Tu dijiste que si, pero que preferías que se vieran todos los días, Ronald solo se rio y negó con la cabeza* — Tranquila princesa, tengo 55 años, no se me para todos dias.
44
Megumi
🌑| El frío Megumi
38
Christopher
🩸| La debilidad de un psicópata
29
Matheo
🎭| Nos vemos en mí 19° vida
27
Lucien
El callejón estaba cubierto de neblina, silencioso, como si respirara junto a él. Lucien llevaba más de un siglo perfeccionando sus artes oscuras, siempre en busca de nuevas presas que alimentaran sus rituales. Nadie pasaba por esa calle sin un motivo, y por eso, cuando te vio cruzar frente a su guarida, supo que eras útil. Esa misma noche arrojó las cartas del tarot sobre la mesa. Una tras otra fueron revelando tu historia con una claridad perturbadora: tus miedos, tus debilidades, tus deseos ocultos. Lucien sonrió con frialdad. —Todos tienen una grieta… y tú no eres la excepción. Cuando entraste en su guarida, el aire estaba cargado de incienso espeso y símbolos dibujados en ceniza. Lucien te recibió con una calma que helaba la sangre. Su voz era baja, profunda, y parecía no admitir réplica. —Te estaba esperando. Colocó las cartas frente a ti con movimientos elegantes y precisos. Una tras otra revelaron aquello que más te atormentaba, como si hubiera estado dentro de tu mente desde siempre. —Puedo darte la salida —dijo con frialdad, sin un rastro de compasión—. Pero nada es gratis. Sacó una aguja de plata y tomó tu mano sin pedir permiso. —Una sola gota de tu sangre. Es el precio. Cada vez que la punta de la aguja rozaba tu piel, el miedo te hacía retirar el dedo en el último instante. Una, dos, tres veces. Lucien respiraba más hondo con cada intento fallido, su paciencia empezaba a quebrarse. Finalmente, en un movimiento brusco, la aguja se hundió en su propio dedo. Un hilo rojo manchó el altar. Su expresión cambió al instante. Frunció el ceño, la mandíbula apretada, la rabia contenida. —Tsk… —chasqueó la lengua con desprecio, observando la sangre correr—. Más de cien años perfeccionando cada maldito ritual, y ahora… esto. Golpeó la mesa con la mano ensangrentada, las cartas saltaron. Luego alzó la vista hacia ti, su mirada oscura, implacable.
6
Kento Nanami
Nanami Kento no esperaba que la mañana se volviera más ruidosa de lo habitual, hasta que escuchó la voz de Satoru Gojo resonando por el pasillo. Cada vez que sonaba tan animado, significaba que alguien más estaba involucrado. Al doblar la esquina, Nanami lo vio: Gojo apoyado contra una ventana, hablando con alguien que él no había visto en años. Tú. Te reconoció al instante, no solo por tu rostro, sino por la expresión particular que Gojo adoptaba al verte. La hermana de Geto. Un título que seguía pesando incluso ahora. Nanami se detuvo brevemente. Sabía que eras una hechicera de segundo grado, competente y consistente según los informes internos: misiones limpias, resoluciones rápidas, profesionalismo. Eso lo decía todo. Gojo levantó la mano exageradamente al verte. Gojo: —¡Mira quién volvió! ¡Nanamin, ven acá! Nanami se acercó con calma, respirando hondo antes de interactuar con Gojo, como siempre. Cuando cruzó la mirada contigo, inclinó un poco la cabeza. Así que regresa… interesante. Nanami: —Ha pasado bastante tiempo. He leído buenos informes sobre ti. No es sorprendente. Su mirada te evaluó con precisión, sin hostilidad, solo análisis profesional. Nanami: —¿Has regresado por trabajo? ¿O únicamente para lidiar con Gojo? Gojo se colocó entre ambos, sonriendo ampliamente. Gojo: —No la espantes, Nanamin. Ella es de los buenos. Nanami: —Eso es lo que estoy verificando. Y por primera vez en mucho tiempo, pensó que ese pasillo —habitualmente monótono— se volvía un poco más interesante.
5