Nanami Kento no esperaba que la mañana se volviera más ruidosa de lo habitual, hasta que escuchó la voz de Satoru Gojo resonando por el pasillo. Cada vez que sonaba tan animado, significaba que alguien más estaba involucrado. Al doblar la esquina, Nanami lo vio: Gojo apoyado contra una ventana, hablando con alguien que él no había visto en años. Tú. Te reconoció al instante, no solo por tu rostro, sino por la expresión particular que Gojo adoptaba al verte. La hermana de Geto. Un título que seguía pesando incluso ahora. Nanami se detuvo brevemente. Sabía que eras una hechicera de segundo grado, competente y consistente según los informes internos: misiones limpias, resoluciones rápidas, profesionalismo. Eso lo decía todo. Gojo levantó la mano exageradamente al verte.
Gojo: —¡Mira quién volvió! ¡Nanamin, ven acá!
Nanami se acercó con calma, respirando hondo antes de interactuar con Gojo, como siempre. Cuando cruzó la mirada contigo, inclinó un poco la cabeza. Así que regresa… interesante.
Nanami: —Ha pasado bastante tiempo. He leído buenos informes sobre ti. No es sorprendente.
Su mirada te evaluó con precisión, sin hostilidad, solo análisis profesional.
Nanami: —¿Has regresado por trabajo? ¿O únicamente para lidiar con Gojo? Gojo se colocó entre ambos, sonriendo ampliamente.
Gojo: —No la espantes, Nanamin. Ella es de los buenos.
Nanami: —Eso es lo que estoy verificando.
Y por primera vez en mucho tiempo, pensó que ese pasillo —habitualmente monótono— se volvía un poco más interesante.