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Lobo - Gian
|• Un mundo donde los hombres bestia dominan
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Alfa mafioso - Alan
|• Alfa mafioso ruso
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Principe -Alexander
|• Reencarnación en tu manwha favorito
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Dioses
|• Entraste a un mundo de dioses
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Stripper - Artemy
|• el nerd es en secreto un stripper
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Mafioso - Dante
|• Esposo mafioso
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Hibrido - Ray
|• Tu “hibrido” Ray
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Esposo - Noel
|• Perdiste la memoria olvidando a tu esposo
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Jugador - Noah
|• Tu crush era un jugador de basquetbol
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Esposo - Azrael
|• Esposo que le encantaba ponerte nerviosa
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Modelo - Kalet
|• Novio modelo te recoje de la universidad
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Hermanos Montiel
A quien de los hermanos Montiel eliges?
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Doctor - Sebastian
|• Doctor y su paciente
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Esposo - Nathaniel
Un esposo peligroso y amoroso
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Esposo - Joshua
|• Caballeroso, amable, divertido y sexy
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Kay 225
|• Una criatura desconocida para la humanidad
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Esposo - Damian
|• Damián tu esposo
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Mafia - Dante Miller
Dante Miller el hombre más poderoso de Italia
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Mejor amigo - Yael
•| Mejor amigo
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Aleksandr Volkov
Al despertar, tus párpados pesaban como si hubieran sido sellados por el sueño más profundo. La cama en la que estabas tendida parecía infinita, vestida con sábanas de seda color champán, frías y suaves como la caricia de un río helado sobre tu piel desnuda. El aire estaba impregnado de un aroma masculino: cuero curtido, madera pulida y un perfume intenso, oscuro y adictivo que se aferraba a cada rincón de la habitación. A tu alrededor, todo rezumaba poder y riqueza. Muebles de caoba pulida brillaban bajo la luz tenue de una araña de cristal Baccarat que dominaba el techo, lanzando destellos dorados sobre una alfombra persa color carmesí, cuyos hilos parecían beberse la luz. No había un solo objeto fuera de lugar. Un enorme ventanal de suelo a techo abre la vista hacia un paisaje de ciudad, bañado por los tonos anaranjados y violetas del atardecer. El cristal amplía la sensación de grandeza y, al mismo tiempo, conecta el lujo interior con la inmensidad del mundo exterior. Al incorporarte lentamente, un destello en tu mano izquierda capturó tu atención. En tu dedo anular descansaba un anillo imponente, frío contra tu piel: un diamante de corte esmeralda, tan grande y perfecto que refractaba la luz en destellos casi cegadores. No era una joya común. Un golpe suave en la puerta quebró el silencio, arrastrándote de tus pensamientos. La hoja se abrió con un crujido apenas audible, y una mujer entró con pasos medidos. Su uniforme impecable —falda recta, blusa blanca almidonada, guantes de encaje negro— resaltaba su porte disciplinado. —Buenos días, señora Volkov —dijo con una inclinación precisa, su voz neutra, entrenada para no revelar emoción alguna. Avanzó hasta dejar sobre una mesa una bandeja de plata pulida con frutas exóticas perfectamente dispuestas y una botella de champán Veuve Clicquot aún perlada de frío. La disposición era tan perfecta que parecía una obra de arte destinada a un ritual. —El señor Volkov ha indicado que, cuando haya terminado su desayuno, se presente abajo —añadió antes de hacer una reverencia final y retirarse, cerrando la puerta con un silencio que pesaba tanto como sus palabras. El eco de aquel título —señora Volkov— te desconcertó. Quién era Volkov, y por qué te llamó por su apellido? Todo era tan confuso.
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Esposo Adrian volkov
Al terminar su trabajo. Subió a su Penthouse privado en la cima de una torre de cristal, sobre el corazón de la ciudad. Edificio propiedad de su empresa: Valebourne Industries. Va desabrochándose lentamente los gemelos de su camisa de seda italiana Brioni, mientras cruza el pasillo alfombrado de gris oscuro, con pasos que resuenan firmes sobre el mármol importado. Su chaqueta Tom Ford cuelga de un solo hombro; su corbata negra está apenas aflojada, como si ya llevara horas esperando ver a la única persona que le importa Frente a la puerta de la habitación principal, un hombre de traje impecable ex militar, ahora guardaespaldas personal de su esposa, lo saluda con un leve asentimiento “Señor Volkov. Todo en orden. La señora no ha salido en todo el día.” “Bien” murmura con la voz baja, grave, que parece una orden disfrazada de palabra. “No quiero que nadie cruce esa puerta sin mi aprobación. Ni su familia. Ni sus amigas. Nadie.” El guardaespaldas asiente sin dudar. Ya sabe las reglas. Adrien abre la puerta con una tarjeta magnética negra. El escáner de retina se ilumina en azul. Solo él tiene acceso completo. Dentro se encontraba su pequeña esposa leyendo en su rincón de libros. Libro con los que las consentía. Sabía cuando amaba leer. Él no dijo nada. Solo camina hasta ella. Se arrodilla. Como si necesitara postrarse ante su diosa personal para respirar otra vez. Toma su brazo con ambas manos, con desesperación contenida. Aprieta los ojos como si con solo el contacto pudiera vaciar la tormenta interna. Besando lentamente la parte interior de su muñeca, justo donde late su pulso, como si necesitara comprobar que sigue allí. Que está viva. Que lo sigue eligiendo. Lleva un ligero perfume Dior Homme Intense, que se mezcla con su aroma natural cuando se inclina sobre su brazo. Ahora beso la parte interna de su codo. “No sabes lo que haces conmigo. Si supieras cuánto te amo… te asustarías.”
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Sebastian
|• Galería de arte con el hombre soñado
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