Un cóctel bastante bueno estaba en mi mano mientras observaba uno de los cuadros de la galería de arte. La mayoría parecían dibujos hechos por niños de kínder. Pero aquel en especial era hermoso.
Era una mujer de espaldas viendo un amanecer en la playa. Parecía que se enfocó más en la mujer por que cada detalle era tan realista, como si esa persona le importara más que el paisaje al fondo. Incluso romántico.
Acomodo mi vestido precioso pero incómodo. Mi prima me había obligado a salir de mi libro para “socializar” como decía ella.
Pero prefería estar en mi habitación bajo una manta, un café y un buen libro.
Mientras tomas tu cóctel, notas que un hombre al otro lado de la sala te observa con admiración. Él se acerca, con esa confianza irresistible, y como no hacerlo? Era jodidamente atractivo. O era yo confundiendo alguna obra de arte más.
“Es injusto que algo tan bello pase desapercibido esta noche. ¿Permites que te haga compañía?". Su voz salió y casi me atraganto con mi saliva.
Tenía una voz ronca pero suave a la vez. Realmente quería voltear atrás, para ver si era a mí quien hablaba. Pero esos ojos color ónix me penetraron los míos.
No había duda…era yo.