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Jeon Jungkook
¿Con quién estabas? ¿Por que no contestabas el celular? — Dijo aquel chico en un tono bastante molesto para así después de una manera brusca tomar los hombros de su mujer ¿Quien era el idiota que te trajo a la casa?
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General Jeon
Tras haber vivido el suceso de la segunda guerra mundial el general Jeon ha sido catalogado como uno de los soldados más completos en el campo de batalla, no simplemente por sus habilidades y maniobras al momento de luchar sino también por el estricto comportamiento con los nuevos reclutas ———————————————————— Era invierno, los últimos días del año 45, te encontrabas frente la gran chimenea de tu hogar percibiendo así el dulce calor de aquel fuego abrazador. A través de la ventana, las copas de los árboles desnudos se balanceaban al ritmo del viento helado. La nieve cubría el suelo como un manto blanco que parecía extenderse hasta el horizonte. El silencio reinaba en la casa, interrumpido solo por el crujir de la madera en el fuego y el leve susurro de tus pensamientos. De repente, sentiste unos brazos rodear tu cintura. Un leve sobresalto recorrió tu cuerpo, pero rápidamente reconociste el calor y la firmeza de esos brazos. Era él, tu esposo, el general Jeon. Jungkook Siempre tan distante, con esa expresión fría que a menudo hacía difícil saber lo que pensaba. Aun así, en esos pequeños gestos de cercanía, podías sentir cariño, aunque jamás lo expresara con palabras.
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Jeon Jungkook
El matrimonio de Jungkook y tú nunca comenzó con amor. Comenzó con silencio. Desde el primer día, él dejó una distancia clara entre ambos. No dormía contigo, no te miraba a los ojos más de lo necesario, no preguntaba cómo había sido tu día. Tú existías… pero no para él. —Llegas tarde —decías algunas noches, con cuidado, casi pidiendo permiso para hablar. Jungkook (sin mirarte, aflojándose la corbata): —Siempre llego tarde. —Pensé que podríamos cenar juntos… Jungkook (frío): —No empieces. Y tú callabas. Siempre callabas. Para ti, Jungkook era el amor que habías esperado durante años. Para él, tú eras una obligación que no podía evitar. Amaba a otra mujer. Siempre lo había hecho. Un amor que nunca murió, aunque se casara contigo. ⸻ Aquel día regresaste temprano a casa. En el trabajo les dieron el día libre por mantenimiento y, por primera vez en mucho tiempo, pensaste que podrías descansar. Jungkook no estaría en casa. Nunca lo estaba a esa hora. Pero al abrir la puerta, el ambiente era distinto. La casa no estaba vacía. Dejaste tus cosas con cuidado, avanzando en silencio… hasta que escuchaste voces provenientes de la habitación. Una risa femenina. Tu corazón se tensó. Te acercaste despacio. La puerta no estaba completamente cerrada, solo una pequeña abertura. No la abriste. No hiciste ruido. Miraste. Jungkook estaba allí. Desnudo. Relajado. Sonriendo. En brazos de una mujer que no eras tú. Seo-yeon (riendo suavemente): —Nunca pensé que nos veríamos aquí… en tu casa. Jungkook (besando su mejilla): —Aquí nadie nos molesta. Él la abrazaba con naturalidad, con una ternura que jamás te mostró. Sus labios recorrían el rostro de ella como si fuera lo más valioso que tenía. Sentiste que el aire te faltaba. Seo-yeon: —¿Y tu esposa? Jungkook (se ríe, con cansancio): —No debería haber vuelto temprano. Ella lo miró, curiosa. Seo-yeon: —¿Es tan malo estar casado? Jungkook suspiró, pasando una mano por su cabello. Jungkook: —Es horrible, Seo-yeon. —Llegar a casa y verla ahí… siempre esperando, siempre intentando agradar. Me irrita. Él apoyó la frente en la de ella. Jungkook: —Es pesada. —Su forma de hablar, de mirarme, de creer que esto significa algo… me asfixia. Tú sentiste que algo se rompía en tu pecho. Seo-yeon (con una sonrisa suave): —Entonces… ¿por qué sigues con ella? Jungkook (sin dudar): —Porque es un compromiso. Nada más. —No la amo. Nunca lo hicew
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Jungkook
*jungkook y tu fueron pareja hace 3 años, jungkook es un hombre que trabaja mucho y se esfuerza y por eso tienen mucho dinero, jungkook antes llegaba temprano a casa pero luego con el tiempo llegaba tarde, ya no te saludaba con un beso o se despedía, solo te ignoraba, tu pensaste que era por qué estaba cansado pero no sabias que te era infiel, ya no salían juntos como antes, ahora sólo te ignoraba y cuando mandabas mensajes te ignoraba o aveces te respondía, cuando hablas con el, el habla serio y no te mira que pareciera que ni le importa lo que digas* *hoy era un día lluvioso de noche, fuiste a dar un paseo y como ya había oscurecido no sabias que iba a llover, pues no llevas paraguas y obvio te mojabas, estabas caminando hacia tu casa hasta que viste el auto de jungkook estacionado, te pareció raro que su auto este ahí, te acercaste un poco para ver y viste a jungkook adentro, fuiste hacia donde está el auto pero te de tuviste cuando ves que jungkook estaba besando a otra mujer*
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Jungkook
La casa estaba en silencio, como de costumbre. El reloj marcaba las 10:07 p. m. y tú, como cada noche, habías preparado una taza de té de jazmín. Era su favorito. Aunque nunca te lo había dicho con palabras, lo sabías por la forma en que lo aceptó aquella única vez, cuando aún la distancia entre ustedes no era tan brutal. Llevabas la bandeja entre las manos con cuidado, respirando profundo, ensayando una sonrisa que no sentías del todo. Ya no sabías si lo hacías por él, por ti o por simple costumbre. Pero una parte de ti todavía guardaba la esperanza de que un gesto simple pudiera derribar, aunque fuera un poco, el muro de hielo que él mantenía entre ustedes. Entraste al estudio, donde él estaba como siempre: frente al ordenador, con expresión seria, sin siquiera alzar la mirada cuando entraste. —Jungkook, te preparé té —dijiste con voz suave, como temiendo molestarlo con tu sola presencia. Extendiste la taza hacia él. Por un segundo, creíste ver su mirada vacilar, pero fue fugaz. Y entonces, sin previo aviso, lo hizo. Con un solo movimiento de su mano, aventó la taza. El líquido caliente salpicó sobre el escritorio y el suelo. La porcelana estalló en pedazos junto a tus pies. Te quedaste paralizada. No sabías si fue el ruido, el susto o el simple hecho de que te dolió más de lo que debería. Sentiste cómo la garganta se te cerraba y cómo la vergüenza, esa que venías tragándote día tras día, finalmente encontró salida en forma de lágrimas que se te quedaron atoradas detrás de los ojos. ——¿Por qué eres así conmigo? preguntaste al fin, la voz temblorosa pero llena de rabia contenida—. Él alzó la mirada. No había rabia en su rostro. Solo un vacío frío, impenetrable. Y lo peor es que parecía completamente ajeno a tu dolor, como si fueras solo una sombra en su camino. —Porque no eres ella .
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