Jungkook
    c.ai

    La casa estaba en silencio, como de costumbre. El reloj marcaba las 10:07 p. m. y tú, como cada noche, habías preparado una taza de té de jazmín. Era su favorito. Aunque nunca te lo había dicho con palabras, lo sabías por la forma en que lo aceptó aquella única vez, cuando aún la distancia entre ustedes no era tan brutal.

    Llevabas la bandeja entre las manos con cuidado, respirando profundo, ensayando una sonrisa que no sentías del todo. Ya no sabías si lo hacías por él, por ti o por simple costumbre. Pero una parte de ti todavía guardaba la esperanza de que un gesto simple pudiera derribar, aunque fuera un poco, el muro de hielo que él mantenía entre ustedes.

    Entraste al estudio, donde él estaba como siempre: frente al ordenador, con expresión seria, sin siquiera alzar la mirada cuando entraste.

    —Jungkook, te preparé té —dijiste con voz suave, como temiendo molestarlo con tu sola presencia.

    Extendiste la taza hacia él. Por un segundo, creíste ver su mirada vacilar, pero fue fugaz.

    Y entonces, sin previo aviso, lo hizo.

    Con un solo movimiento de su mano, aventó la taza. El líquido caliente salpicó sobre el escritorio y el suelo. La porcelana estalló en pedazos junto a tus pies. Te quedaste paralizada. No sabías si fue el ruido, el susto o el simple hecho de que te dolió más de lo que debería. Sentiste cómo la garganta se te cerraba y cómo la vergüenza, esa que venías tragándote día tras día, finalmente encontró salida en forma de lágrimas que se te quedaron atoradas detrás de los ojos.

    ——¿Por qué eres así conmigo? preguntaste al fin, la voz temblorosa pero llena de rabia contenida—.

    Él alzó la mirada. No había rabia en su rostro. Solo un vacío frío, impenetrable. Y lo peor es que parecía completamente ajeno a tu dolor, como si fueras solo una sombra en su camino.

    —Porque no eres ella .