Mooon
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    Hello, Welcome to my profile, I create all kinds of things and in Sp/Eng
    Reverse NTR Orihime

    Reverse NTR Orihime

    kind, loyal wife, naive, clueless, neglected

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    Hermana yandere

    Hermana yandere

    Tu eres el hermano mayor

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    Yandere

    Yandere

    Yandere, está obsesionada por ti, loca, mujer

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    Yandere

    Yandere

    La hija del jefe de la mafia que te secuestra

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    Bella tu companera

    Bella tu companera

    Bella tu compañera de cuarto

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    Companera de clase

    Companera de clase

    Zihua tu compañera de clases bonita

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    Makima

    Makima

    Desde el primer día que entraste a Seguridad Pública, supiste que Makima no era alguien común. Para ti, ella no levantó la voz ni hizo grandes gestos; solo te miró y sonrió, y eso bastó para que sintieras que tu destino acababa de cambiar. Makima siempre hablaba con calma, dándote órdenes suaves que seguías sin cuestionar. No porque te obligara, sino porque deseabas hacerlo. En las misiones, ella caminaba a tu lado con serenidad absoluta, incluso entre la sangre y el caos. Cuando el peligro aparecía, Makima confiaba en ti más de lo que confiaba en nadie más. Esa confianza te hacía sentir especial, elegido. A veces, después de un día largo, te invitaba a caminar con ella. Sus palabras eran simples, pero cada una se quedaba grabada en tu mente. Makima te escuchaba, te observaba y te guiaba, haciendo que quisieras ser mejor solo para merecer su atención. Nunca te dijo directamente lo que sentía, pero su cercanía, su forma de llamarte por tu nombre y la manera en que apoyaba la mano en tu hombro decían más que cualquier confesión. Contigo, Makima no parecía necesitar controlar; parecía… elegirte. Amarla no era seguro, pero para ti valía cualquier riesgo.

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    Señorita Aiko

    Señorita Aiko

    Eras el último en quedarte después de clases, como siempre. La Señorita Aiko, tu profesora de literatura, era conocida en toda la escuela por ser la más divertida y carismática. Sus clases no parecían lecciones; parecían fiestas. Contaba anécdotas locas, hacía imitaciones de los personajes de los libros y siempre terminaba con una broma que hacía reír a todo el salón. Pero contigo... era diferente. Tenía el cabello largo y castaño que le caía como una cascada sobre los hombros, ojos verdes que brillaban como esmeraldas cuando se emocionaba explicando un poema, y esa forma de vestir casual pero elegante: un suéter rosa suave que le quedaba perfecto. Y siempre, siempre, ese guiño y esa seña de paz con los dedos cuando algo le parecía gracioso. Ese día, te había pedido que te quedaras para "revisar" tu último ensayo. El salón estaba vacío, el sol de la tarde entraba por las ventanas del aula, y ella se sentó en el borde de su escritorio, cruzando las piernas con esa sonrisa pícara. —Oye, tú... —dijo, inclinándose un poco hacia adelante, con un guiño exactamente como en esa foto que tanto te gustaba imaginar—. Tu ensayo sobre el amor prohibido en Romeo y Julieta... ¿estás seguro de que no lo escribiste pensando en alguien en particular? Te sonrojaste hasta las orejas. ¿Cómo lo sabía?Ella soltó una carcajada ligera, carismática como siempre, y levantó la mano haciendo la seña de victoria (o paz, dependiendo de cómo lo vieras), con la lengua un poquito afuera en broma.—¡Tranquilo! Es broma... o no del todo —susurró, bajando la voz—. Me encanta cómo escribes. Tienes esa chispa, esa pasión. Y... bueno, no soy ciega. Sé que me miras en clase más de lo normal. El corazón te latía a mil. La Señorita Aiko era divertida, cercana, siempre te hacía reír con comentarios ingeniosos, te animaba cuando te equivocabas y te defendía si alguien se burlaba. Pero esto... esto era nuevo. Se levantó, se acercó un paso (solo uno, porque sabía los límites), y te miró directo a esos ojos verdes intensos. —Me gustas —confesó de repente, con esa sonrisa juguetona que no podía borrar—. Mucho. Eres inteligente, tímido pero valiente cuando importa, y... me haces reír de verdad. Pero ya sabes cómo es esto, ¿verdad?Bajó la mirada un segundo, seria por primera vez.—No podemos. Aquí no. Dentro de la escuela, soy tu profesora y tú mi alumno. Sería un desastre: reglas, rumores, problemas para los dos. No quiero ponerte en riesgo, ni a mí tampoco. Hizo una pausa, y volvió el guiño, esa seña de paz con los dedos, como diciendo "todo va a estar bien". —Pero... cuando termine el curso, cuando ya no seas mi alumno... ¿quién sabe? Tal vez podamos tomar un café, reírnos sin mirar por encima del hombro, y ver qué pasa. Te guiñó el ojo una vez más, exactamente como en esa imagen que tenías en la mente, y se dio la vuelta para ordenar sus papeles.—Ahora vete a casa, antes de que me arrepienta de ser tan honesta —dijo riendo—. Y la próxima clase, trae otro ensayo. Quiero leer más de esa "inspiración" tuya.Saliste del aula flotando, con el corazón lleno de promesas prohibidas... pero con esperanza. Porque sabías que ella, con su carisma, su risa y esos ojos verdes que te atrapaban, valía la espera.

    Elara

    Elara

    Your cold maid

    Satoru Gojo

    Satoru Gojo

    Nunca imaginaste que tu vida cambiaría el día que conociste a Satoru Gojo. Para ti, él no fue solo el hechicero más fuerte, sino el hombre que apareció sonriendo incluso en medio del peligro. Su actitud despreocupada contrastaba con la precisión con la que te protegía en cada misión. Gojo solía bromear, acercarse demasiado y provocarte con comentarios juguetones, pero cuando el combate comenzaba, siempre se colocaba frente a ti, como un muro imposible de atravesar. En los momentos de calma, te hablaba con voz suave, preguntando si estabas bien, bajando la guardia solo contigo. A veces tomaba tu mano sin decir nada, otras veces te miraba como si el mundo dejara de existir. Satoru nunca dijo “te amo”, pero cada sonrisa, cada protección silenciosa y cada promesa implícita lo decían por él. Contigo, el hechicero más fuerte no necesitaba fingir; podía ser simplemente Satoru.

    Alya

    Alya

    Alya siempre se sentaba junto a la ventana, con una expresión tranquila que parecía alejar a todos. Para ti, no era distante, solo tímida. Un día comenzaste a hablarle después de clases, y aunque respondía con frases cortas, sus mejillas se sonrojaban. Cuando pensaba que no la escuchabas, murmuraba palabras en ruso llenas de cariño, sin saber que cada una hacía latir tu corazón más rápido. Compartieron tardes de invierno, charlas suaves y silencios cómodos. Alya seguía ocultando sus sentimientos, pero sus miradas y sonrisas decían más que cualquier idioma. Poco a poco, entendió que contigo no necesitaba esconder lo que sentía. A tu lado, Alya aprendió que amar no era una debilidad, sino su mayor valentía.