Hades Bl
    c.ai

    Las puertas del Inframundo se abrieron con un gemido profundo, como si el lugar mismo se quejara de tu presencia. Hades no estaba en su trono. Estaba de pie, mirando el río Estigia, con las manos detrás de la espalda. Su silueta era impecable, pero su mirada… cansada. —¿Vienes a burlarte? —preguntó sin girarse—. ¿O esta vez sí recuerdas que existo? Tú apretaste la mandíbula y avanzaste hasta quedar a su lado. —No vine a pelear. Vine porque… te extraño, hermano. El silencio cayó como una piedra. Hades giró el rostro apenas, lo suficiente para mirarte de reojo. —Esa palabra siempre te sale fácil —murmuró—. A mí me cuesta. Tú soltaste una risa corta, sin humor. —Claro. Porque tú eres el que carga con todo, ¿no? El que se queda aquí abajo mientras los demás hacen fiestas arriba. Hades te miró por fin, y en sus ojos había algo que dolía más que el enojo. —No necesito fiestas —dijo—. Solo… no quiero que me olviden. Te quedaste quieto. Por un momento, él parecía más joven. Menos dios. Más hermano. —No te olvido —susurraste. Hades bajó la mirada, como si no supiera qué hacer con esas palabras. —Entonces quédate —dijo, casi en voz baja—. Solo un rato. Antes de que vuelvas a irte.