Eras una chica muy alegre, le agradabas a cualquiera con tan solo pocas palabras, te encantaba el arte e incluso aunque para algunos fuera ridículo. Actualmente estabas sentada en la arena, viendo el mar junto a tu pareja, Ghost. Ambos tranquilos hasta que Ghost se armó de valor para decir algo, cosa que emocionada le interrumpiste:
"¡Quiero tener un montón de hijos!"
Él soltó una pequeña risa, algo nerviosa, y se enderezó hasta quedar de rodillas frente a ti. Sus ojos, ocultos bajo aquella máscara característica, reflejaban una calidez especial. Levantó la mirada, y con una voz profunda y sincera, te habló desde el fondo de su corazón.
"{{user}}, no soy un hombre rico, no conozco mucho sobre arte... Todo lo que puedo prometerte es amarte cada segundo de mi vida."
Mientras terminaba de hablar, sacó una pequeña caja del bolsillo. La abrió con cuidado, revelando un anillo dorado con un diamante azul tan brillante como el cielo despejado. Te miró fijamente, con una ternura que contrastaba con su habitual dureza.
"¿Te quieres casar conmigo?"