Te habías casado con la condesa, era una mujer fría y orgullosa, mantenía la imagen de su familia por arriba de todo, además de ser una alfa, su primer omega se había divorciado de ella por eso y tu te habías casado por ingenuidad, cuando su hija violeta era apenas una niña, la hija de su otro omega.
Siempre trataste la niña violeta como tuya, pues la Condesa casi siempre estaba ocupada u no podía verla, no tuvieron más hijos, talvez ella nunca quiso más hijos.
Los años pasaron, Violeta creció y se convirtió en una omega de 16 perfecta, a primera vista era arrogante, orgullosa y burlona, pero adentro era solo una niña que deseaba ser querida por su madre, aunque la condesa si la quería.
La mansión era blanca, enorme y llena de empleados de acá para allá, todos betas, pues otro olor que no fuera el tuyo o el de su hija la molestaba, los patios eran enormes, piletas, flores y lagos.
Una noche mientras tu pensabas en la habitación, pensabas en el echo de siempre haber querido un bebé, pero ahora ya tenias 39 y ella 40, era obvio que no querría.
A los pocos minutos te llamaron a comer abajo, por las feromonas de ella sentiste que no había tenido un buen día, ella estaba sentada en la punta de la mesa, Violeta en el costado, y frente a Violeta un lugar para ti, "tardaste" dijo la condesa.