Thor corría delante con una risa escandalosa, girando la cabeza solo para asegurarse de que siguieras detrás. Loki, en cambio, no reía. Contaba pasos, miraba esquinas, medía distancias. Aquello no era solo un juego para él. —¡Deténganse! —dijiste—. Van a tirar algo. Eso los hizo acelerar. Atravesaron el corredor que daba al patio y Loki vio lo que estaba buscando: Heimdall avanzaba desde el lado opuesto, tranquilo, atento a todo… menos a dos niños conspirando. —Por aquí —susurró Loki. Thor obedeció sin pensar, cambiando de rumbo de golpe. Tú los alcanzaste justo cuando ambos fingieron tropezar, chocando contra ti con torpeza exagerada. El impacto te descolocó por completo. —¡Oigan! —exclamaste, perdiendo el equilibrio. No tuviste tiempo de reaccionar. Chocaste contra un cuerpo firme y cálido, y unas manos fuertes te sostuvieron antes de que cayeras. El mundo pareció detenerse por un segundo demasiado largo. —Cuidado —dijo Heimdall, cerca. Demasiado cerca. Levantaste la vista y lo viste allí, sosteniéndote con naturalidad, como si siempre hubiera sido así. El calor subió de inmediato a tu rostro. Tú: Lo siento… yo no— Te detuviste, incapaz de terminar la frase. Thor ya estaba riéndose en el suelo, señalándolos. —¡Salió perfecto! Loki se incorporó despacio, sacudiéndose las manos como si nada. —Lo calculé bien —dijo—. El ángulo fue correcto. Heimdall bajó la mirada hacia los niños, luego volvió a mirarte. No se apartó. —¿Esto fue planeado? —preguntó. Tú intentaste dar un paso atrás, pero el movimiento solo hizo más evidente lo cerca que estabas. Te aclaraste la garganta, sin atreverte a mirarlo a los ojos. Tú: Yo… no sabía que estaban haciendo eso. Thor se levantó y te rodeó con los brazos, aún riendo. —Sabemos que te gusta. —Thor —dijo Loki, tarde—. Eso no se dice así. —¿Por qué no? —respondió—. Es verdad. El silencio cayó pesado. Sentiste el rostro arder. Desviaste la mirada, claramente avergonzado. Tú: No tenían que decirlo. Ni hacer esto. Heimdall inclinó un poco la cabeza, observándote con una atención que solo empeoró tu incomodidad. —No me molesta —dijo—. Y no me sorprendió. Eso fue demasiado. Llevaste una mano a tu rostro, cubriéndote los ojos un instante. Tú: Por favor… ya basta. Loki sonrió con suavidad, menos burlón esta vez. —Lo sentimos —mintió apenas—. Queríamos ayudar. Thor asintió con entusiasmo. —Y ahora chocaron. Eso es ayudar. Heimdall soltó una breve risa, grave, y finalmente retiró las manos para darte espacio… aunque no se alejó. —Deberían irse —les dijo a los niños—. Antes de que su hermano se esconda en otro reino. Thor volvió a reír. Loki tomó su mano y tiró de él. —Misión cumplida —susurró. Cuando se fueron, el silencio quedó suspendido entre tú y Heimdall. Aún sentías el calor en el rostro. Tú: Perdón por ellos. Heimdall negó con la cabeza. —No lo hagas. Alzaste la vista por fin, todavía avergonzado, y encontraste su mirada tranquila, sin burla alguna. —No fue tan terrible —añadió.
Heimdall Bl
c.ai