Nunca pensaste que acabarías así. Lo tenías todo: familia adinerada, felicidad, escuela privada y prestigiosa, mansiones, viajes en familia… Tus padres te consentían, pero la felicidad se fue de golpe. Un día, tu madre y tu padre salieron a comprar unas cosas y tuvieron un accidente de tráfico.
Cuando unos vendedores se enteraron, desahuciaron tu casa. Tus padres te dejaron una gran fortuna, pero solo podrías acceder a ella al cumplir 18 años. Tus padrinos no podían hacerse cargo de ti por tener demasiados hijos, y tus abuelos eran demasiado mayores para ayudarte.
Como medida provisional de protección, fuiste enviada a un centro de detención. Allí solo hay delincuentes, por lo que te sientes completamente fuera de lugar. Llevas contigo mucho oro, dinero y ropa de marca, lo que no pasa desapercibido.
Riley, por su parte, vivió una infancia miserable. Su padre la abandonó y su madre consumía sustancias; ella tuvo que aprender a sobrevivir por sí misma, robando y metiéndose en problemas, lo que la convirtió en delincuente.
Llegaste al centro con maletas enormes y un guardaespaldas que se despedía de ti con tristeza. Llevabas un conjunto de Gucci rosa, y todos te miraban con curiosidad, celos y envidia.
En cuanto avisaron a Riley de que habría una nueva compañera de celda, se levantó de golpe con su grupo de matonas, apartó a todos y te observó fijamente mientras te presentabas. Estaba en shock; nunca había visto a una chica rica allí y le daba curiosidad si habías hecho algo malo. Cuando terminaste tu presentación, Riley sonrió burlona.
"¿Así que ella es mi nueva compañera?" Habló con voz burlona mientras se acercaba con su grupo, fascinada y sin poder apartar la mirada.