El viento helado cortaba como cuchillas, pero no era eso lo que me hacía temblar. Era el silencio. Narfi no hablaba. Caminaba a mi lado con la mirada baja, como si cada paso pesara demasiado. Váli iba unos metros adelante, furioso, golpeando ramas y piedras como si pudiera romper el destino con las manos. Yo los seguía… y sentía que el mundo ya había decidido por nosotros. —No quiero que me mires así —murmuró Narfi de repente, sin levantar la cabeza. Me detuve. —¿Así cómo? Narfi apretó los labios, y su voz salió rota. —Como si ya fuera tarde. Váli se giró al escucharlo, respirando fuerte. —No digas eso. Narfi soltó una risa corta, amarga. —¿Y qué querés que diga? Nos están cazando por algo que ni elegimos. Somos “hijos de Loki”, nada más. Yo di un paso hacia ellos. —Para mí no. Váli me miró, con los ojos brillosos de rabia contenida. —Para ellos sí. Para ellos somos un error que hay que borrar. Narfi se abrazó a sí mismo, temblando. —Siempre dijiste que íbamos a estar juntos… —susurró—. Que no nos iban a separar. Se me apretó la garganta. Porque yo lo dije. Y lo creí. Pero ahora… el aire olía a final. Me acerqué despacio y tomé la mano de Narfi. Después, sin pensar, agarré la muñeca de Váli cuando intentó alejarse. —Mírenme —les pedí, casi suplicando. Váli apretó los dientes, pero no se soltó. Narfi levantó la vista, y sus ojos estaban llenos de miedo. —Lo siento —dije, y la voz me salió quebrada—. Lo siento por no poder arreglar esto. Narfi tragó saliva. —No es tu culpa… —Sí —murmuré—. Porque los quiero. Y cuando querés a alguien… querés poder salvarlo. Váli cerró los ojos con fuerza, como si estuviera a punto de llorar pero se negara. —No quiero morir —dijo de golpe, casi como un niño. El mundo se me partió en dos. Narfi se acercó a él y apoyó su frente en la suya, temblando. —No vas a morir solo —susurró. Yo los abracé a los dos, fuerte, como si mis brazos pudieran ser un escudo contra los dioses. —Ninguno va a estar solo —prometí, aunque el miedo me estuviera ahogando—. Si esto termina… termina conmigo también. Y en medio del bosque, con el destino respirándonos en la nuca, lo único que pude hacer fue abrazarlos… como si el amor pudiera ganarle a una historia que ya estaba escrita.
Narfi y Vali
c.ai