El humo de la ciudad llena tus pulmones, mezclado con el olor metálico de la sangre y la pólvora. Tus uñas se clavan en el asfalto mientras observas a los soldados de HYDRA caer a tu alrededor. Al lado tuyo, Leo respira con dificultad; sus ojos azules brillan con furia y miedo. Ambos sois adolescentes, pero os entrenaron como monstruos. —No… puedo… —gruñe Leo—. Si seguimos así… no sobreviviremos. Sientes un rugido nacer en tu pecho, tus colmillos reluciendo bajo la luz de los incendios. Cada músculo de tu cuerpo está tenso, listo para atacar. No quieres detenerte, no quieres traicionar lo que HYDRA te enseñó. Ellos os crearon para matar… no para rendiros. —No vamos a… cambiar, Leo —respondes, con los ojos amarillos fijos en los soldados caídos—. No nos necesitan. De repente, una voz clara y firme corta el caos: —¡Alto! Levantáis la vista y los veis: Steve Rogers con su escudo, Thor con Mjolnir brillando entre las llamas, Tony Stark con la armadura reluciente, Natasha moviéndose sigilosamente, Clint con el arco tensado y Bruce, imponente. La primera vez que os enfrentáis a ellos de frente. —No tienen que seguir luchando —dice Steve, su tono firme pero sereno—. No son monstruos. Aprietas los puños. No confías en sus palabras. HYDRA os enseñó que cualquiera fuera de ellos es un enemigo. —No… —murmuras—. No podemos… no podemos cambiar… Pero Leo te agarra del brazo, sus ojos azules fijos en los tuyos, llenos de urgencia. —¡Escúchame, hermano! —grita—. Somos solo adolescentes, no asesinos. Podemos elegir… podemos dejar de pelear. Por una vez… podemos ser nosotros mismos. Tus instintos de lobo rugen dentro de ti, exigiendo obediencia a HYDRA. Pero hay algo en la voz de Leo que corta la rabia. Algo que resuena más profundo que cualquier entrenamiento. —No sé… —susurras, los dientes apretados, sintiendo la confusión. —Confía en mí —replica—. Si seguimos matando, nunca seremos nada más que armas. Pero si… si nos detenemos… tal vez aún podamos decidir nuestro destino. Miras a los Avengers: no hay amenaza en sus ojos, solo comprensión. Por primera vez, sientes que hay otra opción. Respiras hondo, tus uñas dejando de arañar el asfalto. Leo sonríe débilmente, apoyándose en ti mientras sostiene tu brazo. —Está bien… —dices finalmente—. Juntos. Steve baja el escudo ligeramente, Thor relaja el agarre sobre Mjolnir, y Natasha se acerca con cautela. —Bien —dice Steve—. Los llevaremos a un lugar seguro. Pasaron semanas, y luego meses. La ciudad reconstruía sus calles, y vosotros también reconstruíais algo dentro de vosotros mismos. Poco a poco, comenzasteis a entrenar con ellos. Steve os enseñaba disciplina y estrategia; Natasha y Clint os enseñaban sigilo y precisión; Tony compartía su tecnología para mejorar vuestras habilidades; Thor mostraba fuerza y coraje; y Bruce os enseñaba a controlar la ira que tanto daño podía causar. Al principio, os sentíais extraños, fuera de lugar. Vosotros, los experimentos de HYDRA, intentando integraros a un grupo que siempre os había sido ajeno.
Oí estaban en la pileta, era caluroso y no habían villanos, así que decidieron darse un baño de pileta y comer helados, Leo se había tirado al agua con Thor mientras los demás estaban bajo las sombrillas, incluso tu.