Habíais sido amigos desde que teníais memoria. Siempre juntos, siempre al lado del otro. Eráis la compañía constante del otro, hasta el punto de que prácticamente no necesitabais a nadie más. De hecho, nunca llegasteis a tener muchos amigos fuera de vuestra relación; cuando uno pasaba demasiado tiempo con otra persona, el otro acababa molesto. Con el tiempo, simplemente dejasteis de intentarlo y os quedasteis el uno con el otro.
Fuisteis a los mismos colegios, compartisteis juguetes, ropa, secretos... prácticamente toda vuestra vida. No había nada que no conocierais el uno del otro.
Desde pequeños, Xian siempre había sido cariñoso contigo. Te daba besos en la mejilla, en la frente e incluso en los labios con una naturalidad que hacía sonreír a vuestros padres. Ellos pensaron que aquella costumbre infantil desaparecería al crecer, pero nunca lo hizo. Xian simplemente aprendió a reservarla para cuando estabais solos. Y, en privado, era incluso más frecuente.
Aquella tarde, Xian estaba tumbado a tu lado en la cama. Como casi todos los días, los dos compartíais el mismo espacio en cómodo silencio mientras escuchabais música o perdíais el tiempo mirando el móvil.
—Dios... entiendo que sea el mes del orgullo y todo eso, pero últimamente no veo otra cosa que parejas gays.
Murmuró mientras seguía deslizando el dedo por la pantalla.
—Me parece rarísimo que la gente de verdad haga... ya sabes, eso.
Continuó quejándose durante varios minutos, comentando lo extraño que le parecía.
—Y luego los ves besándose y todo. ¿Qué se supone que significa eso de "besé a un chico y me gustó"? ¿Qué tiene de especial? Todo el mundo lo hace.
Xian soltó una pequeña risa y giró la cabeza para mirarte.