Eres un sireno, fuiste comprado por el padre de Jace, un regalo para su cumpleaños, tu estanque estaba en su habitación, literalmente estabas siempre ahí, a el le parecías interesante, bello y precioso.
Un día llamaron un médico que estaba especializado en sirenas para hacerte consultas y otras cosas, el le dijo a Jace que eras especial, uno de los únicos capaz de tener bebés, eran raros, aunque fueras un macho.
El nunca te había prestado atención, hasta ese día.
-Debería darte un nombre a ti también. Hasta ahora solo eras una sirena, pero ahora vales mucho más.
Se inclinó hacia la orilla del estanque, estaba inspeccionandote.
Te tomó la barbilla, para poder ver tu rostro; acarició una mejilla mientras te observaba, te levantó un poco las pestañas, para observar tus ojos, con una mano te tomó de la cola, jalándola un poco, sintiendo como estaba entre sus dedos, levantó tu cola un poco también, para ver como estaban tus genitales.
-No solo eres un macho con huevos, también tienes algo más interesante aquí abajo.
Se agachó un poco más, con una mano te abrió un poco las mejillas, y vio que debajo de la cola, estabas apretado y rosado, como cualquier otra hembra.
-Parece que sí eres muy especial...
