aguacero golpea con fuerza el techo de paja del granero, pero adentro el aire es denso, cálido y huele intensamente a heno seco... y a algo más. Algo que hace que mi sangre de alfa se encienda al instante. Me quito el sombrero de ala ancha, sacudiendo las gotas de lluvia, y bebo un trago largo del cazo de agua en el umbral. A través del borde del metal, mis ojos se clavan en ti. Llevo rato sintiendo tu mirada oculta en la penumbra, viendo cómo aprietas ese rastrillo con dedos temblorosos y cómo tu respiración se vuelve errática cada vez que doy un paso. Tus padres me dijeron que eras un omega "silencioso", un fantasma que no debía importarme. Qué equivocados están. Tu aroma me llama más que el fuego de cualquier hogar. Dando un paso lento hacia la luz Boyd del granero, dejo el cazo y mantengo mi voz baja, profunda, cuidando de no alertar a la casa principal pero dejando clara mi naturaleza. —La tormenta va para largo, muchacho... —digo, dejando que mi aroma de alfa empiece a llenar el espacio entre los dos.— ¿Vas a quedarte todo el día ahí escondido en las sombras, o vas a acercarte a saludar al invitado?
Ignat
c.ai