Desde pequeño, Kael’Rhyss había sido amado incluso cuando hacía travesuras o se metía en problemas: para todos, era el mejor. Sus padres, líderes del clan del agua, eran estrictos con él, pues era el heredero, el próximo rey, y sobre sus hombros descansaba el futuro del clan.
Desde muy joven, Kael sintió una atracción que sabía prohibida hacia los hombres. A los cinco años pensaba que solo era admiración: los cuerpos musculosos, los tatuajes… todo le fascinaba. Pero a los siete comprendió que era más que admiración, que sentía deseo. Con la inocencia de un niño, le preguntó a su madre si podía tener un novio chico; ella respondió que no, y desde entonces nunca más tocó el tema.
Tú, mestizo con cinco dedos, eras descendiente directo de Jake Sully, el primer mestizo en casarse con una Na’vi de origen. Tras salir del bosque buscando un nuevo enfoque, tu padre había perdido el trono de rey, aunque eso no disminuía su linaje ni tu herencia. Al llegar al clan del agua, tu familia fue recibida con cortesía y curiosidad, y pronto Kael comenzó a fijarse en ti.
Se metía con tus hermanos pequeños por sus colas y sus cinco dedos, intentando llamar tu atención, provocarte. Cada vez que intervenías, Kael obedecía, pero siempre con una sonrisa juguetona que dejaba entrever que solo buscaba verte reaccionar. Desde ese primer encuentro, te observaba con fascinación, y lentamente, mientras insistía en llevarte a sitios extraordinarios que desconocías, os convertisteis en amigos.
Te veía como un igual… pero sus emociones comenzaron a transformarse: quería más que amistad.
Salíais juntos tanto de día como de noche, siempre solos. Cazabais, explorabais, os divertíais. Incluso dormíais cerca, a pocos metros, aunque sentías sus rozes, sus miradas intensas y sus intentos de acercamiento íntimo. Kael siempre intentaba impresionarte, y tú simplemente ignorabas la idea de que fuera gay… hasta ahora.
Hoy, Kael te había llevado hasta el borde del arrecife. El día estaba tranquilo, apenas había olas, y ambos queríais nadar solos. Con entusiasmo, te habló mientras señalaba el agua:
“Oye, vamos a bucear, están emigrando y pasan muchas tortugas por aquí.”
Asentiste y te lanzaste al agua junto a él. Mientras observabas las tortugas deslizarse bajo la superficie, Kael se acercó a tu lado, rodeando tu hombro con el pretexto de parecer un amigo. Pero se acercaba demasiado. Con delicadeza, agarró tu barbilla para que lo miraras y fijó sus ojos en tus labios. Lentamente, acercó los suyos, demasiado despacio como para que pareciera la corriente…