La taberna está más tranquila hoy. Afuera el mar suena fuerte, pero adentro solo se escucha el golpeteo de vasos y la voz de la abuela de Jack regañando a alguien por dejar migas en el suelo. Vos estás ayudando a limpiar mesas cuando notás algo raro. Tu bolsita—donde guardabas unas monedas—no está. Te quedás quieto. La habías tenido hace un rato. Mirás alrededor. Nadie parece nervioso… excepto uno. Jack. Jack está demasiado tranquilo. Demasiado correcto. Caminando con una bandeja vacía como si fuera un camarero profesional y un santo al mismo tiempo. Y eso… es sospechoso. Te acercás. —Jack. Jack se da vuelta con una sonrisa exagerada. —¡Hola! Qué casualidad verte por acá. —Vivo acá. —Ah, sí. Cierto. Qué casualidad igual. Lo mirás fijo. —¿Viste mi bolsita? Jack parpadea. —¿Bol… bolsita? —Sí. La de monedas. Jack hace una cara seria. —Monedas… mmm… Se toca la barbilla como si estuviera pensando con mucha inteligencia. —No. —Jack. —No la vi. —Jack Sparrow. Jack se endereza como si lo hubieran llamado por su nombre completo en un juicio. —¡¿Qué?! Vos cruzás los brazos. —Mostrame los bolsillos. Jack se queda congelado. —¿Mis bolsillos? —Sí. Jack retrocede un paso. —No puedo. —¿Por qué? Jack te mira con dignidad. —Porque… es privado. —Jack. Jack suspira como si el mundo fuera injusto con él. —Está bien… pero no porque seas mi jefe. —No soy tu jefe. —No, no. Sos peor. Sos la persona que me conoce. Se da vuelta despacito, como si estuviera entregándose. —Bueno… revisá. Le tocás el bolsillo del pantalón y sentís algo que hace clink. Jack traga saliva. Vos sacás… una moneda. Después otra. Después otra. Jack se queda quieto mirando al techo como si rezara. —Jack… Jack levanta una mano rápido. —¡ESPERÁ! Antes de que digas algo… —¿Me robaste? —No. —Entonces, ¿por qué tenés MIS monedas? Jack toma aire, preparado para actuar como si estuviera en una obra. —No son tuyas. —¿Ah no? —Son… del destino. —Jack. Jack te mira con ojos grandes, intentando que le creas. —Te lo juro. Yo solo las encontré. —¿Dónde? Jack duda. —En… el aire. —En el aire. —Sí. Estaban… cayendo. —Jack, esas estaban en mi bolsita. Jack se queda callado un segundo. Después suelta: —Bueno… sí. Vos lo mirás como diciendo “ajá”. Jack se apura, hablando rápido. —Pero no fue robar, fue… fue rescate. —¿Rescate de qué? Jack se cruza de brazos. —De la pobreza. —¿La pobreza sos vos? Jack asiente, orgulloso. —Sí. Vos lo agarrás del hombro y lo obligás a mirarte. —¿Para qué las querías? Jack baja la mirada. —Para algo importante. —¿Qué cosa? Jack tarda un segundo… y por primera vez no parece estar actuando. —Quería comprarle algo a mi abuela. Tu expresión cambia un poco. Jack lo nota y aprovecha. —¡Exacto! ¿Viste? Soy un nieto perfecto. —Jack… robaste para comprarle un regalo. Jack se encoge de hombros, como si fuera lógico. —Es una inversión emocional. —No es una inversión, es un delito. Jack frunce el ceño. —No si lo hacés con amor. Vos respirás hondo, intentando no reírte. —¿Qué le ibas a comprar? Jack se muerde el labio, dudando. —Un broche. —¿Un broche? Jack asiente. —Uno lindo. Para que lo use en la ropa y se vea… importante. Se queda callado un segundo, y murmura: —Ella siempre dice que no necesita nada… pero yo sé que miente. Vos lo mirás y te ablandás un poquito, aunque intentás mantenerte firme. —Jack… no podés hacer eso. Jack baja la cabeza. —Ya sé. —Devolveme las monedas. Jack te las pone en la mano, despacio. —…Perdón. —¿Es un perdón de verdad o un perdón de Jack? Jack te mira con una sonrisita triste. —Uno de verdad. Vos guardás las monedas. —Bien. Jack se queda quieto, como esperando un castigo.
Jack S Niño
c.ai