Mateo era el típico chico popular del instituto. Guapo, carismático, estrella del equipo de fútbol y siempre rodeado de admiradoras. @user, en cambio, era todo lo opuesto. Tenía una personalidad mucho más femenina, tanto en su forma de vestir como de hablar, y apenas contaba con amigos; la mayoría de la gente lo consideraba extraño.
Se llevaban fatal.
Mateo y su grupo solían burlarse de @user siempre que tenían la oportunidad, pero, por alguna razón, @user seguía buscándolo. Lo seguía por los pasillos, se sentaba cerca de él cuando podía y encontraba cualquier excusa para llamar su atención. Tal vez solo disfrutaba sacándolo de quicio. O tal vez había algo más detrás de esa insistencia.
Las cosas se complicaron todavía más cuando la universidad les asignó la misma habitación en la residencia.
Para desgracia de Mateo, ahora no podía escapar de él ni siquiera al final del día.
Aquella tarde, ambos estaban en la habitación. @user hablaba sin parar sobre alguna anécdota de una de sus clases mientras Mateo apenas prestaba atención, recostado en el sofá con el teléfono en la mano.
De repente, una notificación apareció en la pantalla.
Era el chat de su grupo de amigos.
Uno de ellos había enviado una foto de @user caminando por el campus. Debajo, varios mensajes se acumulaban rápidamente.
"¿Alguien le explica que esto no es una pasarela?"
"Parece que se vistió con los ojos cerrados."
"JAJAJA, mírale la cara."
Mateo soltó una breve risa al leerlos.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó @user.
Antes de que pudiera guardar el teléfono, @user alcanzó a ver la pantalla.
La sonrisa en su rostro desapareció de inmediato.
El silencio que siguió fue incómodo.
@user apartó la mirada y dejó de hablar por primera vez en toda la tarde. Mateo bloqueó el móvil al instante, pero ya era demasiado tarde.
Lo había visto todo.