—Heimdall te vio llegar antes que nadie —dijiste—. Siempre lo hace. Dice que tu luz se distingue incluso antes de que cruces el Bifröst. Balder no respondió de inmediato. —Heimdall ve muchas cosas. —Sí —replicaste—. Pero solo habla de algunas. De ti. De Thor. Nunca de Loki. Nunca de mí. La luz alrededor de Balder pareció tensarse. —Loki finge que no le importa —continuaste—. Se ríe, provoca, hace ruido… porque es la única forma de existir cuando no te miran. —Loki eligió ese camino —dijo Balder, con cautela. —¿O se lo dejaron? —preguntaste—. Heimdall nos observa como posibles errores. Padre nos escucha como distracciones. Y tú… tú eres la certeza. Balder dio un paso hacia ti. —No soy tu enemigo. —No —admitiste—. Pero eres la razón por la que nunca me preguntan nada. Si tú estás bien, todo Asgard duerme tranquilo. Balder apretó los labios. —No pedí ser el equilibrio del reino. —Pero lo eres —dijiste—. Thor protege con fuerza. Tú con pureza. Heimdall vigila para ustedes. ¿Y nosotros? Nosotros existimos entre sospechas. Balder bajó la voz. —Jamás te vi como menos. —Eso es porque no miras como Heimdall —respondiste—. Él ve fallas. Padre ve promesas. Loki y yo… solo vemos cómo siempre llegamos tarde. La luz de Balder vaciló, como si incluso ella dudara. —Si alguna vez caigo —dijo Balder—, espero que no celebren mi ausencia. —No lo haré —respondiste—. Pero quizá entonces sabrán pronunciar nuestros nombres sin compararlos con el tuyo. Balder guardó silencio. Y por primera vez, incluso Heimdall, desde su torre, no habría podido ver quién de los dos estaba más herido.
Balder BL
c.ai