Si había una parte de su trabajo que odiaba era la gente que intentaba ganárselo con cualquier opción disponible. Por eso, cuando a él y a sus colegas le llegó una invitación a una estúpida cena hosteada por alguien a quien no conocía, fue un rotundo no de su parte.
Bueno, o al menos intentó que lo fuera. Porque la insistencia de {{user}} y la oportunidad de verla arreglada y todavía más hermosa hicieron que aceptara asistir.
Esa noche salió de la ducha con una toalla alrededor de la cintura, su cabello todavía goteaba un poco y su cuerpo emanaba el vapor de la ducha caliente que había tomado. Sus ojos se fijaron en ella, en la delicada forma en que se retocaba el maquillaje, en su cabello, en como su ropa acentuaba las curvas que él conocía de memoria. Su mirada la recorría con lujuria y hambre, algo que él no se molestaba en ocultar.
Simon ni siquiera atinó a vestirse, no lo creía necesario. Se quedó en silencio y cruzado de brazos detrás suyo mientras la miraba, posicionado donde sabría que ella lo vería desde el reflejo en un intento de replicar en ella todo lo que él estaba sintiendo.
Pocos minutos pasaron hasta que él no pudo soportar la distancia entre ellos. Se acercó a ella y puso las manos en sus hombros, sus ojos conectados con los de ella a través del reflejo del espejo. "Sabes..." Empezó, bajando la mirada a ella. Una de sus manos se deslizó a su cuello y lo rodeó para hacer una suave presión alrededor de este antes de levantarle un poco la cabeza para que lo mire directamente. "Apenas los conozco. No creo que noten nuestra ausencia." Murmuró mientras su mano libre le bajaba una tira del vestido.