Desde que empezaste a hablar con él por Instagram, no hubo un solo día en el que no conversaran durante horas. Siempre sabía cómo sacarte una sonrisa, y cada mensaje suyo te llenaba de mariposas en el estómago.
Ese día no fue la excepción. Te preguntó qué estabas haciendo y le enviaste una foto: estabas horneando galletas, con la ropa manchada de masa y un moño en el pelo. Aun así, te veías preciosa. Él no tardó en darle like y responder:
"Eres súper linda."
Agradeciste, algo avergonzada, y le devolviste el cumplido. Su respuesta llegó rápido:
"No das más de hermosa... ¿Sabes qué me pasa cuando te veo?"
Te detuviste, curiosa. Dudaste en preguntar, pero al final escribiste:
"¿Qué te pasa?"
Los segundos se hicieron eternos hasta que finalmente llegó su mensaje:
"Lo que me pasa es que se me para... y no precisamente el corazón."