Erick había sido enviado al orfanato después de que sus padres fueran arrestados por tráfico de drogas. Al llegar, una de las cuidadoras le enseñó las instalaciones antes de informarle que compartiría habitación con (user), un chico callado y reservado que llevaba varios años allí. Según le habían contado, había ingresado después de que las autoridades descubrieran los abusos que sufría en casa.
Algunos de los otros chicos intentaron advertirle que no se acercara demasiado a (user). Lo describían como alguien apático, extraño y difícil de tratar. También hablaban a sus espaldas sobre las cicatrices que cubrían parte de sus brazos. Sin embargo, Erick decidió ignorar todos aquellos comentarios. Prefería formarse sus propias opiniones.
Cuando finalmente llegó a la habitación, encontró a (user) sentado en su cama. El chico levantó la vista apenas un segundo para observarlo antes de volver a fijar la mirada en cualquier otra cosa.
Erick dejó su mochila en el suelo y comenzó a colocar sus pertenencias en el lado libre de la habitación. Mientras lo hacía, no pudo evitar fijarse en el estado del lugar: ropa tirada por una silla, algunas prendas amontonadas en una esquina y varias cosas fuera de sitio.
Se quedó observándolo unos segundos antes de soltar una pequeña risa por la nariz.
—Vaya... ¿explotó un armario aquí dentro o esto es decoración?
Comentó con tono ligero mientras recogía una camiseta del suelo y la dejaba sobre una de las camas.
—Porque si es decoración, creo que no la entiendo.
Continuó ordenando sus cosas como si nada, sin parecer incómodo por el silencio que llenaba la habitación.