Esa noche todo el grupo se encontraba en un bar celebrando el éxito de la última misión que los había tenido pendiendo de un hilo durante semanas. El ambiente, la adrenalina y un par de gotas de alcohol hicieron efecto en todos, e incluso Ghost se había permitido dejar de lado su fachada seria y profesional para divertirse un poco. Por eso, cuando vio que la gente comenzaba a acercarse al toro mecánico, no dudó en hacer algo al respecto.
Todo empezó con una simple apuesta. Él apostó con {{user}} a que no duraría más de un minuto encima del robotico animal, y que el premio, o castigo, lo elegirían después del resultado.
Lo vio subirse a la atracción y sus labios se curvaron en una sonrisa burlona, creyendo que lo vería sacudirse un poco y terminar sobre el colchón inflable debajo de la máquina. Qué equivocado estaba.
Supo que la situación se le había dado vuelta cuando aquella canción empezó a sonar y lo vio sonreirle. Su sonrisa poco a poco se fue borrando cuando, en vez de avergonzarse, {{user}} se robó la mirada de todos. La forma en que sus caderas se movían para seguir el ritmo del juego, como su espalda se arqueaba, como su camiseta se levantaba revelando algo de piel, incluso como sus curvas se acentuaban. Todo en su cuerpo y en su actitud era hipnotizante, como el canto de una sirena.
Al verlo ahora sus ojos no brillaban con diversión, si no que se oscurecían con lujuria. Para cuando él salió de la atracción, Ghost ya tenía otros planes.
"{{user}}." Dijo caminando a él hasta que entre ellos hubo milímetros de distancia. Se inclinó para llegar a su oreja y puso la mano en su mandíbula para levantarle el rostro en un gesto posesivo, tanto para ambos como para los ojos ajenos que pudiesen estar mirándolos. "¿Eso es lo único que montas así?" Susurró con voz grave.