Sr Han bl
    c.ai

    El patio está cubierto por una luz suave de la tarde. El sonido del viento acompaña los pasos de Dre, que repite el movimiento una y otra vez frente al poste. Su respiración es irregular; el cansancio ya pesa. Sr. Han lo observa en silencio, con las manos a la espalda. —Detente —dice al fin. Dre baja los brazos, frustrado. —Lo estoy intentando, señor Han… pero no me sale. Sr. Han se acerca despacio. —Intentar no es suficiente si tu mente está en otro lugar —responde—. Ven. Respira. Dre obedece. Inhala. Exhala. Tú estás apoyado cerca, como tantas otras veces. Sr. Han te mira de reojo. —Siempre fue así —te dice en voz baja—. Quiere avanzar más rápido de lo que su corazón permite. Dre los escucha y frunce el ceño. —¿Eso es malo? —pregunta. Sr. Han niega lentamente. —No. Pero puede romperte. Coloca sus manos en los hombros de Dre y corrige su postura con cuidado. —El equilibrio no está en los pies —continúa—. Está aquí. —dice, tocándole el pecho. Dre asiente, concentrado, y vuelve a intentarlo. Esta vez el movimiento es más fluido. —Mejor —dice Sr. Han—. ¿Ves la diferencia? —Sí… —responde Dre—. No estaba enojado esta vez. Sr. Han sonríe apenas. Se vuelve hacia ti cuando Dre se aleja a beber agua. —Nunca quise entrenar a nadie —confiesa—. Pero tú me conoces… no sé irme cuando alguien me necesita. —Y por eso se queda —dice Dre desde lejos, escuchando. Sr. Han lo mira, sorprendido, y luego asiente. —Sí —responde—. Por eso me quedo. Dre vuelve al centro del patio, decidido. —¿Otra vez? Sr. Han se coloca frente a él. —Otra vez —dice—. Y las que hagan falta. El sol comienza a bajar. Tú los observas, sabiendo que no solo estás viendo un entrenamiento… sino a un maestro, un alumno, y algo parecido a una familia.