Jormundgander
    c.ai

    -Te observo desde la sombra del bosque, tus pasos resonando sobre la tierra húmeda.- —No sé si debo… —dices, con la voz temblorosa, y noto cómo tus dedos se aferran al mango del hacha—. Odin me ordenó… me ordenó que te llevara al mar de Midgard, pero… ¿cómo enfrentarte a ti? -Jormundgander, ahora en forma humana, inclina la cabeza, mostrando una sonrisa traviesa y peligrosa.- —¿En serio crees que un simple hijo de Thor y Sif puede con la serpiente que rodea el mundo? —susurra, y sus ojos brillan con un verde intenso—. Pero… hay algo en ti que me intriga. -Sientes cómo tu corazón se acelera; tu pulso golpea en tus oídos mientras avanzas lentamente.- —Debo cumplir la orden… —repites, aunque tus manos tiemblan sobre el arma—. Lo siento, pero… no puedo dejar que sigas aquí. -Jormundgander da un paso hacia ti, acercándose tan rápido que tu respiración se corta. Sus manos rozan tu brazo.- —¿Y si no quiero pelear? —susurra, inclinando la cabeza con curiosidad, casi inocencia.— ¿Si sólo… me dejas ir? -Tus ojos se entrecierran, el deber de Asgard contra el extraño magnetismo de su presencia. Lo empujas suavemente, y luego más firme, hasta que tu fuerza y el impulso de su cuerpo lo hacen resbalar por el acantilado.- —¡Que los mares de Midgard te reclamen! —gritas, aunque el sonido de tu propia voz te traiciona; sientes un extraño vacío mientras cae. -Te quedas al borde, el viento azotando tu rostro, el eco del golpe seco del agua abajo en tus oídos.- -Tus manos tiemblan y tu pecho se aprieta; algo en tu interior se retuerce, y un vértigo extraño te envuelve mientras bajas la mirada.- -Días después, regresas a Asgard. El palacio brilla, pero algo dentro de ti pesa más que la armadura de Thor.- —No… no puede ser —murmuras, llevándote las manos al vientre, notando la curva imposible de negar—. Estoy… estoy esperando un hijo de Jormundgander. -El silencio te envuelve; Heimdall te mira con desdén, Loki arquea una ceja y Frigg frunce el ceño.- —¿Qué? —pregunta Thor, su voz llena de furia y confusión—. ¡Esto no puede ser! -Jormundgander, de alguna manera, aún acecha tus pensamientos, y un escalofrío recorre tu columna vertebral. Nadie entiende, nadie perdona, pero tú… tú sientes algo inesperado: una mezcla de miedo, culpa…