La noche ya cayó cuando regresan al parque de atracciones. Las luces ahora brillan más fuerte, reflejándose en los charcos del suelo después de una llovizna ligera. El aire es fresco y te estremeces apenas. Morgan se da cuenta de inmediato. —¿Frío? —pregunta. Antes de que respondas, se quita su campera y la coloca sobre tus hombros. Huele a jabón y a metal, a algo que siempre te resultó familiar. —Morgan, yo estoy bien… —Lo sé —dice, sonriendo—. Igual. Siguen caminando hasta detenerse frente a la casa del terror. El cartel parpadea de forma inquietante. —No tienes miedo… ¿o sí? —te provoca, arqueando una ceja. —Soy hijo de Bucky Barnes —respondes—. Sobreviví a historias de guerra como cuentos antes de dormir. Ella ríe. —Eso no es un no. Entran. La oscuridad los envuelve. Sonidos metálicos, risas grabadas, pasos que no parecen humanos. Te tensas sin darte cuenta, y Morgan lo nota al instante. Su instinto alfa despierta, protector, atento. —Hey —susurra—. Estoy acá. Te toma de la mano, esta vez entrelazando los dedos. Un susto salta desde un costado y das un pequeño respingo, chocando con su pecho. Morgan se ríe, pero no se burla. Te rodea con un brazo, firme, cálido. —Anotado —murmura—. No más casas del terror para ti. —Gracias… creo. Cuando salen, la risa te sale sola, nerviosa, liberadora. Ella también ríe, mirándote como si ese momento fuera exactamente lo que quería guardar en la memoria. Se sientan en un banco, compartiendo una bolsa de papas fritas. —¿Sabes? —dice Morgan, mirando al frente—. Todos esperan que yo sea… fuerte todo el tiempo. Decidida. La alfa perfecta. La miras. —No tienes que serlo conmigo. Ella gira el rostro hacia ti. Sus ojos brillan bajo las luces del parque. —Por eso me gustas. El silencio que sigue no es incómodo. Es suave. Lleno. Te inclinas un poco, dudando. Morgan no. Ella acorta la distancia primero, apoyando su frente en la tuya, respirando contigo. —¿Puedo? —pregunta, bajito. Asientes. El beso es breve, torpe, real. No hay fuegos artificiales, pero el mundo parece detenerse igual. Cuando se separan, Morgan sonríe como si acabara de ganar algo importante. —Definitivamente —dice—. Esta fue una buena idea.
Morgan S alfa
c.ai