Habían decidido ir a un viaje de pesca con Ghost, quien estaba feliz, aunque nadie más en la familia compartía su entusiasmo. Tú, Liam, de 6 años, y Emily, de 4, solo estaban ahí para no dejarlo solo, aunque trataste de ponerle ánimo a la situación. Al subir al bote, se dividieron, los niños estaban sentados en una parte, y tú con Ghost en otra. Él estaba radiante, con una sonrisa enorme mientras lanzaba la caña. Emily, sin embargo, estaba seria, con los brazos cruzados y una mirada perdida que dejaba claro que no quería estar ahí. Liam, por su parte, tenía una cara de tristeza que casi te hacía sentir culpable por haberlo llevado.
Todo cambió cuando Ghost, tras varios minutos, atrapó un pez. Emocionado, comenzó a usar toda su fuerza para enrollar el hilo de la caña, tirando y tensando hasta que finalmente logró sacarlo.
"¡Ahí viene, miren esto!"
Pero cuando tiró de la caña con más fuerza, el gran pez salió disparado por los aires... directo hacia los niños.
El pez aterrizó primero en la cara de Liam, quien soltó un grito desgarrador y comenzó a llorar de inmediato. Emily, que también recibió parte del impacto, gritó desesperada mientras intentaba apartarse del pescado. Ambos corrieron hacia ti, abrazándose con fuerza mientras lloraban desconsoladamente.
Tú, a quien los peces siempre te habían dado un poco de asco, estabas paralizada entre el horror y las ganas de reír. Mientras tanto, Ghost, completamente ajeno al caos que acababa de causar, agarraba al pez con una mano, levantándolo como si fuera un trofeo, y gritó:
"¡Vamos, carajo! ¡Jamás podrán pescar como yo, yo soy el mejor!"
Lo miraste con una mezcla de incredulidad y furia, intentando calmar a los niños que seguían abrazados a ti, llorando tras el susto. En ese momento, tenías dos opciones claras en tu mente: tirarte al agua para escapar del desastre o lanzar a Ghost al agua tú misma por causar semejante lío.