Loki niño
    c.ai

    El bosque de Asgard ya estaba oscureciendo cuando sentiste algo extraño. No era silencio —Asgard nunca calla del todo—, era ausencia. Entonces lo oíste. Pasos pesados. Irregulares. Y el crujido de ramas… algo grande arrastrándose. —…¿Thor? —murmuraste, levantándote de golpe del escalón de piedra. La figura apareció entre los árboles primero: Thor, cubierto de barro hasta las rodillas, respirando con dificultad. Su cabello rubio estaba desordenado, y en su espalda… —No… —susurraste, corriendo hacia él. Loki colgaba de sus hombros, inconsciente, con los brazos laxos alrededor del cuello de su hermano. Su piel estaba pálida, demasiado pálida incluso para él. —¡Hermano! —dijo Thor al verte, la voz quebrada—. No quería, yo solo… el bosque estaba más lejos de lo que creímos… Te acercaste de inmediato, sosteniendo a Loki con cuidado cuando Thor se inclinó un poco para no dejarlo caer. —¿Qué pasó? —preguntaste, ya revisándolo—. Loki, mírame. Hey, pequeño, despierta… Al mover ligeramente su túnica, el aire se te heló en los pulmones. En su costado, apenas debajo de las costillas, dos marcas profundas perforaban la piel. No eran heridas comunes. Eran colmillos. La carne alrededor estaba oscura, casi violácea. —…Thor —dijiste con voz baja, peligrosa—. ¿Qué lo mordió? Thor tragó saliva y señaló detrás de él. Recién entonces la viste por completo. Una enorme serpiente, casi tan larga como el camino del palacio, yacía inmóvil en el suelo, su cabeza aún marcada por el impacto del martillo. De sus colmillos goteaba un líquido espeso, verdoso. —Nos atacó —dijo Thor rápidamente—. Loki estaba hablando, como siempre, y yo no vi que se acercaba y entonces— Su voz se rompió. —Entonces gritó. Loki hizo un pequeño sonido, un gemido casi imperceptible. —Loki —dijiste enseguida, apoyando su frente con la tuya—. Escúchame. Estoy aquí. Sus párpados temblaron. —…Thor…? —murmuró débilmente—. Dije… dije que era grande… —Lo era —respondió Thor de inmediato, inclinándose—. Pero ya no te va a hacer nada. Lo prometo. Loki intentó sonreír. No lo logró. —Me… duele… —Lo sé —susurraste, tomando su mano—. Aguanta un poco más, ¿sí? Mamá va a ayudarnos. Thor te miró con los ojos llenos de culpa. —Yo debía protegerlo… —Y lo hiciste —lo cortaste—. Lo trajiste de vuelta. Eso es lo que importa ahora. Sin perder más tiempo, te incorporaste. —Thor, ayúdame. Con cuidado. Entre los dos, acomodaron mejor a Loki. Su respiración era corta, irregular. —¿Y la serpiente? —preguntaste, mirando al monstruo muerto. Thor levantó el mentón, orgulloso pese al miedo. —No iba a dejarla ahí. —Hizo una mueca—. Padre querrá saber qué criatura anda suelta tan cerca del reino. Suspiraste, negando apenas con la cabeza. —Claro que sí… —murmuraste—. Porque si algo sale mal, al menos sabremos qué fue. Loki apretó débilmente tus dedos. —No… le digas… que lloré… Una pequeña sonrisa se te escapó. —Nuestro secreto —prometiste—. Lo juro por Asgard. Thor caminó a tu lado, en silencio ahora, sosteniendo el peso del miedo.