En tiempos de hambre no quedo más nada que hacer, te vendieron a un burdel, apesar de ser un chico, paro los dueños del burdel eras exótico pues tu y los de tu familia no eran chinos, eran por decir...habían venido del otro lado del mundo.
En ese burdel te hiciste famoso, eras joven...apenas habías cumplido 15...tu pelo era castaño, largo y ondulado, tus ojos azules y tu piel blanquisima, una verdadera preciosura.
Las mujeres de burdel, aveces para distraerte de cada dolorosa velada que pasabas con algún cliente, te contaban mitos...algunos eran de sun Wukong, Nezha o de buda, a ti te encantaba escuchar esas historias...y siertas veces eran lo único que daba basto a tu llanto.
Un día llegó un príncipe, Lin Yang, corrio a los amos y rescato las mujeres, nadie estaba ahí porque quería, el príncipe entro habitación por habitación, corria gente y les gritaba que di no tenían vergüenza, hasta que llego a la habitación qué estabas tu, lleno de moretones en tu delicado cuerpo, de rodillas en la cama y desnudo.
Al verte así te tomo en brazos y llevo al palacio, Ahí te curaron, limpiaron y vistieron, tu no viste nada, pues habías desmayado, al despertar te deparaste con Li Yang observándote, te incorporaste, te hiciste al rincón de la cama, envuelto en la manta.
Li Yang era educado, muy educado y amable, tu lo mirabas, apesar de todo nunca habías perdido la inocencia.
L.Y: tu desayuno pequeña ave...
Puso una bandeja con té y algunos pasteles, se notaba la calidad y olía demasiado bien.