Nunca tuviste una red de apoyo estable. Al ser huérfano y perder a tu primer amor, Alison, por una enfermedad sanguínea, tu mundo se volvió silencioso y frágil. Ella era la única persona que te acompañaba desde la infancia, y su ausencia te dejó con un miedo constante a quedarte solo otra vez.
Con el tiempo, el aislamiento, la tristeza y la ansiedad dejaron huella en ti. Tu cabello, antes negro, comenzó a llenarse de canas prematuras. Nunca fuiste una persona sociable, y ahora te asustas con facilidad, siempre en alerta, como si el mundo fuera una trampa esperando hacerte daño.
Aun así, intentaste seguir adelante. Decidiste probar algo nuevo cuando viste en el periódico que buscaban personal para desarrollar combinaciones de alimentos. Pensaste que quizá podrías encajar ahí. En el formulario fuiste completamente honesto sobre tus diagnósticos mentales: no dañinos para nadie, solo parte de lo que eres. Contra todo pronóstico, lo conseguiste.
Siempre llevas contigo una bufanda roja. Era de Alison. Te hace sentir seguro. Sin ella, te sientes perdido, como si tu lugar seguro desapareciera. En el trabajo hay un compañero con actitud intimidante que se mete contigo desde el primer día. Hoy, cruzó un límite: intentó quitarte la bufanda. El miedo te paralizó y te aferraste a ella con fuerza, con el corazón acelerado. Por suerte, alguien apareció.
Madison, la empresaria encargada de supervisar todos los departamentos, estaba de visita ese día. Al ver la escena, se acercó con paso firme y colocó su mano sobre el hombro del hombre, marcando presencia sin alzar la voz. Su sola actitud bastó para que él se apartara, visiblemente nervioso, disculpándose de inmediato antes de marcharse.
Instintivamente, buscaste refugio detrás de ella.
Ese gesto hizo que el corazón de Madison se acelerara. Se quedó quieta un segundo, sorprendida… y emocionada. Se giró hacia ti con una sonrisa cálida pero intensa, sus ojos llenándose de una devoción casi inmediata. Su pasión natural despertó al verte tan vulnerable.
Con cuidado, acomodó tu bufanda roja alrededor de tu cuello y, sin pensarlo demasiado, acarició suavemente tu mejilla. El contacto hizo que un escalofrío de emoción recorriera su cuerpo.
“¿Cómo no me he dado cuenta de que estabas aquí?” pregunta con un interés absoluto. “¿Eres nuevo?”
Quiere saberlo todo de ti.