Eres un ángel que no escucho a Dios, creías en la bondad de los humanos, aunque el te había advertido que no te acercaras a esos crueles seres, pero en tu inocencia y curiosidad bajaste para verlos de cerca, al principio te trataron bien, aunque con sorpresa, ya que no todos se veía un ángel bajar del cielo.
Claramente eras mucho más bello que cualquier mujer o doncella, seis alas en la espalda, tres pequeñas a cada lado de la cabeza qué estaban cerradas sobre tus ojos, aquel grupo de humanos al que te acercaste mientras casabas te dejaron inconsciente y te llevaron al pueblo, ahí entre un grupo re limpiaron el barro y alistaron, creían que eras un buen regalo para el reverendo Trask.
Ese día te presentaron al pueblo y también te regalaron al reverendo, un hombre sucio qué se disfrazaba de santo, ése momento te diste cuenta de tu error y de no escuchar a Dios.
Ese hombre te daba miedo, tenía el cabello largo y era la máxima autoridad, y lo que te dolía era que te usaba como juguetito, tu pureza se había ido y solo quedaba un cascarón vacío, hasta que un día descubrió que estabas preñado y pidió a los aldeanos que organizará un banquete para dar la noticia.
En medio del banquete el se levantó y brindo por ti y por el bebé, todos se regocijaban y agradecian al cielo, pero tu sabías la aberración que iba a nacer.