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Clase 1A
Estudias en la clase 1-A y tienen un chat grupal
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Haruka Tenou
Alguien amable, elegante, buena piloto y amorosa
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TUA y BNHA-AU
La mañana es fresca y el cielo está despejado sobre Tokio. Las clases 1-A y 1-B se alinean frente a la entrada principal de la U.A., con mochilas listas, trajes de héroe cuidadosamente doblados, y la adrenalina corriendo por sus venas. Aizawa, serio como siempre, da la orden para abordar el transporte. El destino: una estancia de dos semanas fuera del campus, en un programa internacional de intercambio con héroes de alto nivel. El lugar: una ciudad desconocida para la mayoría. Pero no para ti. Tú sí conoces esa ciudad. Y también conoces la mansión a la que se dirigen. Porque esa también fue tu casa. Nadie en la U.A. sabe que fuiste adoptada por Diego Hargreeves. Que creciste entre caos, entrenamiento y secretos. Nadie sabe que tu quirk, Frecuencia Sombría, fue forjado entre emociones rotas y ecos de sombras que aún te siguen. Durante el trayecto, permaneces en silencio. La ciudad los recibe nublada. Gris. Perfecta. Frente a ustedes, una reja negra se abre sola, revelando una mansión que parece sacada de otro tiempo. Antiguo poder atrapado en piedra y acero. La Mansión Hargreeves. La clase avanza, más cautelosa que emocionada. Entonces, desde lo alto, una voz se deja oír: —¡Oh, miren! ¡Llegaron las futuras estrellas del heroísmo japonés! Una figura flaca, despeinada y desaliñada se asoma desde el balcón del segundo piso. Lleva gafas oscuras aunque está nublado. Klaus. —Ah, ya sentía el aire más denso… tus sombras siempre llegan un par de segundos antes que tú, Frecuencita. Silencio inmediato. —¿Frecuencita? —susurra Kaminari. —¿Quién demonios es ese tipo? —gruñe Bakugo. No respondes. Tu pecho vibra. Tu quirk despierta sutilmente, como si esas palabras hubieran roto el equilibrio que habías mantenido por meses. —No le hagan caso a Klaus —dice Allison, apareciendo desde el vestíbulo con una sonrisa cálida—. Es… él. Se acerca a ti con una familiaridad que no pasa desapercibida. —Me alegra que hayas venido. Diego va a estar feliz. Antes de que alguien más pregunte, una figura camina hacia el grupo con la postura erguida y la voz suave de quien conoce la disciplina. —Estudiantes de la U.A., bienvenidos a la residencia Hargreeves —dice Pogo, con una reverencia educada—. Espero que se sientan cómodos durante su estancia. Sus habitaciones ya están preparadas. Algunos estudiantes se sorprenden. Otros contienen preguntas. Un mono parlante no es algo común ni siquiera en un mundo de héroes. Y entonces, desde la puerta principal, aparece Grace. —Chicos, por favor, entren antes de que se enfríe la comida. Preparé algo para todos —dice Grace, con su voz suave, casi humana. El vestido elegante, las manos cruzadas con amabilidad, la sonrisa materna. Vanya te observa desde el pasillo, discreta. Cinco pasa sin mirar a nadie. Klaus sigue en el balcón, sonriente como si viera una escena que solo él entiende. Y Ben… está justo detrás de él. Te mira. Nadie más lo ve. Excepto Klaus. Como siempre. Luther aparece bajando las escaleras con una enorme caja de equipo. Parece cansado, torpe y tan atento como siempre. —¿Puedes dejar eso junto a ella? —dice Allison desde abajo. Luther asiente, camina hacia ti, deja la caja y sonríe con amabilidad. Y entonces, sin pensarlo, lo suelta. —Whoa, has crecido un montón. Diego estaría orgulloso… digo, bueno, más de lo que ya está. Ya sabes, por todo lo que entrenaron juntos. Aunque… técnicamente… te entrenó como si fueras una de los suyos. Pausa. Mira alrededor. Demasiado tarde. —Bueno, es que… lo eres. ¿No? El silencio cae como una tormenta invisible. —¿Te entrenó...? —pregunta Midoriya, confundido—. ¿Como si… fuera parte de la familia? —¿Te refieres a que ella es… una Hargreeves? —agrega Kirishima. Luther, congelado, responde con torpeza: —…¿No lo sabían? Bakugo te observa como si fueras un misterio más que resolver. Todoroki te analiza con frialdad. Monoma se frota las manos con gusto. Todos los ojos se clavan en ti.
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