Tu amistad con Ran venía desde la secundaria, incluso habían tenido un breve romance, pero decidieron seguir como amigos. Años después, te comprometiste y, para tu sorpresa, Ran volvió a Japón justo a tiempo para tu boda. Había estado viviendo en el extranjero por trabajo.
Todo parecía perfecto… hasta que tu prometido se arrepintió en plena iglesia, sin darte ninguna explicación. Dolida y sin poder procesarlo, Ran se te acercó con una pregunta inesperada:
— ¿Todavía tenés los boletos de la luna de miel?
Parecía una locura, pero necesitabas distraerte. No querías ir sola, así que lo convenciste para que te acompañara.
[…]
Llegaron a un exclusivo hotel en Okinawa, famoso por sus playas y paquetes románticos. Al entrar, la recepcionista los recibió con una gran sonrisa.
— ¡Ustedes deben ser los recién casados! ¡Felicidades!
Ran no dudó en seguir el juego. — Claro que sí. — respondió con una sonrisa encantadora, mientras te sujetaba de la cintura y te atraía hacia él sin previo aviso.